Javier, futuro médico de Familia y deportista.
Javier, el MIR que afronta guardias de 24 horas con diabetes: "Es difícil mantener el autocuidado"
Las guardias, la falta de sueño y los horarios irregulares han puesto a prueba su control de la glucemia, aunque ha encontrado en el deporte uno de sus grandes aliados para convivir con la enfermedad
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A las cinco de la mañana, mientras sus compañeros recuperan el sueño después de horas de guardia, Javier tiene que levantarse de la cama. No ha salido a atender a ningún paciente, sino a buscar algo que le permita remontar una hipoglucemia. "Es una de las paradojas de mi trabajo", asegura a Redacción Médica. Mientras cuida de la salud de los demás, su propio cuerpo le recuerda que él también necesita atención.
Javier fue diagnosticado con diabetes tipo 1 a los 13 años. Ahora, más de una década después, es médico residente de cuarto año en Medicina de Familia. La residencia le ha obligado a enfrentarse a una de las mayores dificultades de convivir con una enfermedad crónica. "Es difícil mantener el autocuidado cuando los horarios, el descanso y las rutinas desaparecen", explica. Sin embargo, afirma haber encontrado ese equilibrio.
También el deporte ha influido en ello. Desde joven ha practicado tenis, corre maratones y, hace poco, se ha pasado a la bicicleta de carretera. "No solo me ayuda emocionalmente; con la diabetes, a nivel de regular la glucemia, es una locura", asegura el sanitario, que ahora divulga en redes sociales sobre salud, diabetes y deporte, con el objetivo de mostrar que el diagnóstico no tiene por qué marcar los límites de una vida normal.
Cuando el médico es paciente
El futuro médico de Familia todavía recuerda la primera vez que escuchó la palabra diabetes. Acababa de aterrizar en la adolescencia cuando, tras varios días con una sed y unas ganas de orinar fuera de lo habitual, las pruebas confirmaron el diagnóstico. "Recuerdo que estaba un poco perdido, porque tampoco sabía muy bien qué era", reconoce. Javier relata cómo el acompañamiento del equipo de Endocrinología y, especialmente, de una enfermera que le ayudó a entender la enfermedad y a adaptar su alimentación fueron clave durante aquellas primeras semanas.
Más de una década después, el médico asegura cómo aquella experiencia como paciente "dejó una huella" en su forma de ejercer la Medicina. "Durante la carrera, tener diabetes me ayudó a complementar lo que aprendía en los libros, al final lo vivía cada día", explica. Pero fue durante la residencia cuando comenzó a ser más consciente de las consecuencias a largo plazo. En la consulta de Atención Primaria se ha encontrado con pacientes con retinopatía, enfermedad renal y otras complicaciones. "Ahora veo un poco lo que puede pasar cuando seas mayor y eso me ayuda a ser más consciente de que tengo que tener un buen control", ejemplifica.
Aprender desde cero a convivir con una enfermedad crónica tras recibir un diagnóstico ha cambiado también su relación con los pacientes. "Hasta que no estás en el momento, no sabes realmente cómo ponerte en el lugar", afirma. Por eso, cuando tiene que explicar una enfermedad o un tratamiento, intenta recordar cómo se sintió él cuando todo era nuevo: "Aunque para ti sea una tontería porque lo ves todos los días en consulta, para esa persona es su enfermedad y no sabe nada de ella". Una experiencia que, más allá de enseñarle a controlar su propia glucemia, ha reafirmado la importancia de "cuidar a quien tienes delante" cuando te enfundas la bata blanca.
"Ahora veo un poco lo que puede pasar cuando seas mayor y eso me ayuda a ser más consciente de que tengo que tener un buen control"
Guardias de 24 horas contra el reloj de la glucosa
Las guardias de 24 horas, especialmente durante el último año de MIR, han supuesto uno de los mayores retos para el médico, que ha visto como toda su rutina da, cada semana, un vuelco. "Lo que más noto es la falta de sueño, la desregulación de horarios y, sobre todo, la desregulación a la hora de comer", explica Javier, quien subraya cómo a veces es difícil mantener la diabetes bajo control.
Asimismo, explica cómo "el ritmo frenético cuando hay alguna urgencia" le obligan a dejar en segundo plano su propio autocuidado. "Muchas veces te dejas hasta el móvil en la mochila, no sabes ni en qué momento lo vas a mirar y, de repente, estás en 250 y ni te has enterado", relata. Las hipoglucemias son, para él, la complicación que más preocupa durante una guardia. "Alguna vez me ha tocado salir en medio de estar durmiendo a una máquina del hospital para comprarme algo", detalla. No obstante, agradece que, en su caso, su cuerpo le avise mientras duerme, aunque también asegura no verse trabajando en el futuro en Urgencias.
"Te acostumbras a un estilo de vida que no es muy bueno", admite el sanitario. La falta de una rutina estable es, precisamente, uno de los aspectos que más le cuesta compatibilizar con la diabetes. "Con la enfermedad, lo que mejor te viene es levantarte todos los días a la misma hora, comer más o menos lo mismo y hacer más o menos el mismo deporte". Encadenar una buena semana de descanso y hábitos saludables puede quedar en nada después de una guardia, explica, obligándole a empezar de nuevo. "De repente coges una buena semana que encadenas buen sueño, buen descanso y buenos hábitos y luego llega un doblete y dices: 'Joder, es que ya se me ha desregulado todo'", añade.
"Muchas veces te dejas hasta el móvil en la mochila, no sabes ni en qué momento lo vas a mirar y, de repente, estás en 250 y ni te has enterado"
Pero, sin duda, una de las pasiones que, según relata este médico, más le ha ayudado durante la carrera y la residencia es el deporte. Ya desde pequeño, la vida de Javier giraba en torno a la natación y el fútbol, aunque posteriormente encontró en el tenis su verdadera afición. Tras el diagnóstico, que le dejó un año sin poder practicarlo, retomó la actividad física hasta convertirse "en una pieza fundamental" de su rutina. "El deporte ha tenido un papel fundamental, no solo por el control de la glucemia, que es una cosa brutal, sino también por el bienestar emocional que me genera", explica.
Javier lleva casi toda la vida practicando deporte.
Con los años, llegó el running, las maratones y, más recientemente, una sorprendente afición por la bicicleta en carretera, con rutas que pueden prolongarse hasta las seis horas. Según comenta, esta actividad tiene además un efecto positivo sobre sus necesidades de insulina. "Cuando estoy entrenando bien, he llegado a bajar la insulina lenta hasta en diez unidades", asegura. Un impacto que, según reconoce, todavía le sorprende.
"Todo ese entrenamiento mental que haces con el deporte te ayuda también mucho en tu vida profesional", añade. Más allá de la glucemia, Javier encuentra en el deporte la herramienta ideal para afrontar las exigencias de la residencia. La disciplina y el esfuerzo de preparar una maratón, asegura, le han servido para "gestionar momentos de cansancio extremo" durante las guardias.
Al especialista también le ha servido para vivir una vida, que, según subraya, "es totalmente normal aunque haya una enfermedad crónica de por medio". "Me acuerdo de que antes a lo mejor mi abuela me decía lo mítico: 'Vale, pues ahora nada, cero azúcar, cero tal'", señala. Javier afirma que "la sociedad está ahora más informada" y entiende mejor que la diabetes no implica renunciar. Su objetivo, como hasta ahora, es seguir adaptando su vida a la diabetes sin dejar que sea ella quien decida cómo vivirla.