Fijan ocho recomendaciones para racionalizar su prescripción



26 feb. 2015 14:25H
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Redacción. Madrid
Los radiólogos han vuelto a incidir en la necesidad de racionar la prescripción de pruebas emisoras de radiaciones nocivas para el organismo en especial en los niños, caso de las radiografías o de la tomografía axial computerizada (TAC).  Para ello han fijado ocho recomendaciones en caminadas a optimizar los protocolos preexistentes en esta materia, y que, de hecho, fueron presentados hace poco por diversas sociedades científicas al Ministerio de Sanidad, entre ellas la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram).

Gloria Gómez Mardones.

En este contexto, más de 150 expertos, entre especialistas en Radiodiagnóstico, Radiofísica y pediatras, se reúnen entre el 26 y el 28 de febrero en Madrid para debatir los aspectos diferenciales de la Radiología en niños, así como para analizar las implicaciones que la nueva legislación europea sobre protección radiológica va a tener en la Radiología Pediátrica (Directiva 2013/59/Euratom).

De acuerdo con ésta, los Estados miembros disponen de plazo hasta el 6 de febrero de 2018 para trasponerla a su legislación nacional. La normativa comunitaria considera la exposición médica de los niños como una práctica especial, lo cual implica que se deben utilizar equipos adecuados, así como prestar especial atención a los programas de garantía de calidad y verificación de las dosis de radiación que reciben, especialmente en pruebas médicas de diagnóstico que impliquen altas dosis como la Tomografía Computarizada (TC) o la radiología intervencionista.

Para Gloria Gómez, responsable de Asuntos Profesionales de la Seram, “partimos de la base de que el paciente pediátrico es diferente al adulto, y por tanto, las pruebas de imagen médica deben adaptarse al niño; con la misma prueba un niño puede recibir hasta cuatro veces más radiación que un adulto si no se utiliza la técnica apropiada”.

En este sentido, Gómez ha recordado que los niños son diferentes a los adultos, pues son más pequeños y están en constante crecimiento, sus órganos son más radiosensibles y tienen mayor esperanza de vida: “Esto supone –ha continuado Mardones– que a lo largo de su vida ‘van a estar sometidos a un mayor número de exposiciones, por lo que se debe asegurar siempre que cualquier prueba está justificada y tenga mayor beneficio que el riesgo asociado”.

La responsable de Seram, que es, además, jefa del Servicio de Radiología del Hospital Infantil Niño Jesús, considera que “debe obtenerse la imagen diagnostica con la dosis de radiación tan baja como sea posible, y se deben asimismo buscar, siempre que se pueda, otras alternativas o pruebas sustitutivas que no radien, como pueden ser la ecografía o la resonancia magnética”.

Las características del paciente pediátrico hacen que el riesgo de una prueba médica como un TAC o un procedimiento intervencionista, sea diferente al de un adulto. Para Gómez, “la valoración del riesgo a una exposición a la radiación no puede ser la misma para una persona de 70 años que para un niño de siete, que tiene más esperanza de vida, va a estar expuesto más veces a lo largo de su vida y tiene más riesgo de desarrollar un cáncer radioinducido que un adulto”.

Los expertos consideran que resulta de máxima importancia que los protocolos técnicos utilizados se ajusten al tamaño y características del paciente, y, en el caso de los niños, esto requiere una atención especial, ya que su constitución física varía mucho según el rango de edad considerado como edad pediátrica, pues no es lo mismo un recién nacido que un adolescente de 15 años, que a veces, puede asemejarse más a un adulto.

Establecimiento de dosis de referencia e información a los pacientes

En los últimos años, la introducción de nuevas tecnologías, con un cada vez mayor potencial diagnóstico, y de nuevos procedimientos con radiaciones ionizantes ha hecho que se haya producido un incremento muy significativo de la dosis que recibe la población por exposiciones médicas. Desde diferentes organismos e instituciones se ha alertado sobre este hecho y se han solicitado medidas para mejorar los procesos de justificación y optimización en las exposiciones médicas, haciendo hincapié en los procedimientos de diagnóstico por imagen, y muy especialmente en procedimientos con TAC.

Aunque, en general, los médicos prescriptores ya están muy sensibilizados con los riesgos asociados a las pruebas médicas que emiten radiación ionizante, la nueva legislación europea fija criterios más estrictos en cuestiones como el establecimiento de las dosis de referencia para cada prueba, la justificación de las mismas y la información que hay que proporcionar a los pacientes.

Al respecto de las dosis de referencia, María Luisa España, jefe de Servicio de Radiofísica y Protección Radiológica de La Princesa de Madrid y ex presidenta de SEPR (Sociedad Española de Protección Radiológica), ha advertido de que “obtener una imagen apta para el diagnóstico con una dosis tan baja como razonablemente sea posible en base al principio Alara (As Low As Reasonably Achievable –del inglés, “tan bajo como sea razonablemente posible”), implica que no hay límite de dosis para el paciente, ya que cada paciente por sus características puede recibir una dosis de radiación diferente en un mismo procedimiento.

Sin embargo, sí que existen niveles de dosis de referencia para cada exploración, que, sin ser límites, ofrecen una orientación sobre los valores dosimétricos habituales para una imagen diagnóstica”.

Por su parte, Gómez ha recordado que “aunque los fabricantes de equipos han mejorado las herramientas de optimización de dosis en sus equipos y los médicos están cada vez mejor formados en protección radiológica, en el campo de la Pediatría aún hay mucho trabajo por hacer porque los hábitos de trabajo se adquieren en la mayoría de los centros con pacientes adultos.

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