Uso de la Inteligencia Artificial en salus. (Imagen de Europa Press)
La inteligencia artificial ha llegado para quedarse, también en los sistemas sanitarios. Un análisis reciente de la
Organización Mundial de la Salud (OMS) ha revelado que el 85 por ciento de los Estados de la Unión Europea ya cuenta con estrategias nacionales en este ámbito. Sin embargo, la
falta de financiación específica y la
limitada formación del personal sanitario amenazan con ralentizar su implantación real.
En el caso de España, la OMS la sitúa en una fase de desarrollo activo. Destaca su
proactividad estratégica y su madurez operativa. Entre sus fortalezas se encuentran el desarrollo de una estrategia específica de IA en salud, la asignación de financiación dedicada y el uso ya consolidado de chatbots y automatización administrativa, además de su liderazgo en guías éticas y
protección de datos. En el lado contrario, el diagnóstico asistido por IA se mantiene mayoritariamente en fase piloto y su ‘hub’ de datos, la plataforma diseñada para armonizar la información, solo integra cuatro de las catorce fuentes clave. Asimismo, preocupa el posible desplazamiento laboral y, al igual que el resto de la Unión Europea, España presenta déficits en la formación universitaria en IA y en la mitigación del i
mpacto ambiental de esta tecnología.
España, a la vanguardia de la Inteligencia Artificial en Europa
En el ámbito europeo, España destaca tanto por su compromiso con la construcción de
marcos estratégicos como en su implementación técnica. Así, España forma parte del reducido grupo de Estados que trabaja en una estrategia nacional específica de IA para el sector sanitario y se posiciona entre los más avanzados en gobernanza de datos, con normas para el intercambio transfronterizo y la colaboración público-privada en investigación. Por otra parte, lidera el desarrollo de
guías en ética desde el diseño, evaluación algorítmica e impacto en derechos fundamentales.
Destaca también su apuesta por la inversión, con financiación específica para el desarrollo y evaluación de estas herramientas, y la incorporación de
nuevos perfiles profesionales especializados en ciencia de datos e IA. Esto le sitúa en una posición avanzada con respecto al resto de la Unión Europea, donde preocupa el tema financiero: aunque el 59 por ciento de los Estados ha identificado áreas prioritarias para la aplicación de la IA en salud, solo el 37 por ciento de los países de la región ha asignado fondos específicos para su desarrollo y evaluación.
No obstante, el camino por la integración total de la IA en el SNS aún es largo. España aún no ha completado una transformación de la cultura tecnológica, en parte por la incertidumbre legal y la calidad de los datos. En este punto, la OMS insta a reforzar la
transparencia y la explicabilidad para generar confianza en el sistema.
¿Cuáles son los retos de España en materia de IA?
Así, España afronta varios retos en la implantación de la inteligencia artificial en e
l ámbito sanitario. Aunque trabaja activamente en su desarrollo, todavía está en proceso de finalizar su
estrategia específica para salud, por lo que actualmente se apoya en marcos transversales generales.
Uno de los principales desafíos es la
formación del personal sanitario. España presenta, al igual que la media europea, un déficit en capacitación en IA, con formación en servicio limitada y escasa integración en la etapa universitaria. En el ámbito asistencial, el informe señala una implantación desigual: la IA está ya establecida en tareas administrativas, pero su uso en aplicaciones clínicas críticas, como el diagnóstico asistido en Radiología o Dermatología, está todavía en etapas muy iniciales.
El documento también destaca la preocupación por el impacto en el empleo, al situar el posible desplazamiento laboral como una barrera de “i
mportancia mayor”, en línea con otros países del sur de Europa. En materia de datos, aunque España dispone de un hub nacional, este solo integra cuatro de las catorce fuentes recomendadas, lo que refleja una infraestructura aún fragmentada. Además, el impacto ambiental de la IA no es actualmente una prioridad en las políticas sanitarias, tal y como ocurre en e
l resto de los Estados europeos.
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