Primero de una serie de análisis de sistemas de salud europeos realizados por Tino Martí Aguasca, economista de la salud

Tino Martí Aguasca
Montaje fotográfico: Lucía Sancho.


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Este es el primero de una serie de análisis realizados por Tino Martí Aguasca, economista de la salud y secretario técnico del Comité de Evaluación, Innovación, Reforma Operativa y Sostenibilidad del Sistema de Salud (Cairos) de Catalunya, en el marco de la iniciativa 'Reformar para preservar: Sistema Nacional de Salud', promovida por el Comité Editorial de Redacción Médica

Se puede consultar aquí el posicionamiento del Comité Editorial como preámbulo a esta serie de análisis de sistemas sanitarios europeos



Alemania: un sistema sanitario tensionado por sus propios éxitos


El sistema sanitario alemán ha sido durante décadas una de las grandes referencias europeas. Su combinación de aseguramiento universal, fuerte autonomía profesional, elevada capacidad hospitalaria y libertad de elección ha permitido construir un modelo bien valorado por la ciudadanía y con excelentes resultados clínicos en numerosas áreas. Sin embargo, precisamente algunas de las fortalezas históricas del sistema se han convertido hoy en factores de tensión estructural.

Alemania afronta actualmente una de las reformas sanitarias más ambiciosas de las últimas décadas. El detonante inmediato ha sido financiero. El pasado mes de abril, el Canciller Friedrich Merz anunció un proyecto de ley para reducir el gasto sanitario. Actualmente, el sistema de seguro de salud obligatorio (Statutory Health Insurance), que cubre aproximadamente al 90% de la población, proyecta un déficit de más de 15.300 millones de euros para 2027 y podría alcanzar los 40.400 millones antes de 2030 si no se introducen cambios de calado.

Pero la reforma va mucho más allá de una simple operación de contención del gasto. En realidad, Alemania está intentando resolver la contradicción de preservar un sistema universal, altamente accesible y tecnológicamente avanzado en un contexto de envejecimiento poblacional, aumento de enfermedades crónicas, escasez de profesionales y creciente presión presupuestaria. Es decir, responder a cómo reformar sin erosionar el contrato social sanitario.

Cuando la abundancia se convierte en problema


La reforma alemana parte del diagnóstico que el sistema sanitario está sobredimensionado en algunas áreas, fragmentado en otras y financieramente tensionado en casi todas. Durante años, Alemania ha mantenido una de las mayores capacidades hospitalarias de Europa, tanto en número de hospitales como en camas por habitante (7,6 frente a 2,9 por mil habitantes en España). Este modelo ha sido históricamente interpretado como una garantía de acceso y resiliencia. Sin embargo, la evolución epidemiológica y tecnológica ha cambiado profundamente las necesidades asistenciales.

Hoy buena parte de la actividad hospitalaria podría realizarse en régimen ambulatorio, de proximidad o integrada con la atención primaria. Sin embargo, el sistema de compra basado en grupos relacionados por el diagnóstico (GRD) ha favorecido durante años el incremento de actividad hospitalaria, generando sobrecapacidad, duplicidades y variabilidad en calidad.

El envejecimiento poblacional añade una presión adicional. Alemania tiene una de las poblaciones más envejecidas de Europa y un crecimiento sostenido de pacientes con multimorbilidad y necesidades de atención continuas. El sistema, diseñado para episodios agudos y altamente especializados, encuentra dificultades para responder de manera eficiente a la cronicidad compleja. A ello se suma una creciente escasez de profesionales sanitarios, especialmente en áreas rurales y determinadas especialidades médicas y de enfermería. La combinación entre presión asistencial y envejecimiento de la fuerza laboral está tensionando la sostenibilidad organizativa del sistema.

Existe así una preocupación política creciente sobre la viabilidad financiera del modelo. El aumento de costes farmacéuticos, tecnológicos y salariales, junto con un crecimiento económico más moderado, ha disparado las contribuciones al seguro sanitario y generado alarma sobre la sostenibilidad futura. En consecuencia, la acción gubernamental se plantea como una reforma del modelo de sostenibilidad del Estado social alemán.

Garantizar la sostenibilidad financiera del sistema


El principal objetivo de la reforma es contener el crecimiento del gasto y estabilizar las contribuciones al seguro sanitario obligatorio. El Ejecutivo busca evitar que el aumento continuado de cotizaciones erosione la competitividad económica y reduzca el apoyo social al sistema público. Para ello, la reforma combina medidas de eficiencia organizativa, cambios en cobertura y mayores contribuciones directas de los asegurados.

La reforma incorpora también medidas claramente orientadas a contener el gasto. Entre ellas destacan el aumento de copagos farmacéuticos, las limitaciones en determinadas coberturas familiares, la congelación o contención de precios de productos sanitarios, y el incremento de contribuciones al seguro sanitario. Estas medidas han generado una intensa controversia política y social, especialmente porque trasladan parte del esfuerzo financiero directamente a ciudadanos y pacientes.

Transformar la red hospitalaria


El núcleo político y simbólico de la reforma alemana es la transformación hospitalaria iniciada en 2025. La reforma pretende reducir la dependencia de la lógica de volumen asociada a los GRDs y avanzar hacia un modelo centrado en calidad, planificación territorial y diferenciación funcional entre hospitales. En la práctica, esto implica una reducción progresiva del número de hospitales, hasta un 25% menos según el exministro de salud Lauterbach, y una concentración de determinadas actividades en centros con mayor volumen y experiencia. Además de ahorrar costes, se persigue mejorar resultados clínicos mediante centralización y especialización.

El cambio más relevante es la transición desde el modelo de compra basado en GRDs hacia un sistema mixto donde adquieren mayor peso los llamados “leistungsgruppen” o grupos funcionales de servicios. Este nuevo enfoque pretende financiar parcialmente la disponibilidad y capacidad estructural de determinados servicios, reduciendo la presión por generar actividad para sostener financieramente a los hospitales.

En paralelo, se introduce una mayor planificación territorial y diferenciación funcional. No todos los hospitales mantendrán la misma cartera de servicios ni el mismo nivel de complejidad. Esto supone un cambio cultural profundo en un país donde la autonomía hospitalaria y la descentralización han sido históricamente muy fuertes. La concentración de actividad compleja debería permitir mejores resultados clínicos y mayor eficiencia operativa. Así, Alemania busca aproximarse parcialmente a modelos más regionalizados y planificados, similares a los observados en países nórdicos.

Fortalecer la atención primaria y la coordinación asistencial


Otro eje reformador es el refuerzo de la atención primaria y la gestión de enfermedades crónicas. Alemania ha mantenido históricamente un sistema muy orientado al hospital y con menor capacidad de gatekeeping que otros países europeos. La reforma intenta ahora potenciar el papel de los médicos de familia y mejorar la coordinación longitudinal de pacientes complejos. La introducción de pagos capitativos o tarifas planas para determinadas patologías crónicas apunta precisamente a incentivar el seguimiento continuado y reducir las hospitalizaciones evitables.

Uno de los elementos más relevantes es el llamado “entbudgetierung” de los médicos de familia que introduce la eliminación de determinados límites de actividad reembolsable para mejorar la accesibilidad y reducir los tiempos de espera. Además, se están introduciendo pagos específicos para el manejo longitudinal de enfermedades crónicas, buscando desplazar parte del centro de gravedad asistencial desde el hospital hacia la comunidad. En el fondo, Alemania está intentando transitar desde un sistema centrado en episodios agudos hacia otro más adaptado a la cronicidad y al envejecimiento.

Digitalización y reducción burocrática


La reforma mantiene también una apuesta importante por la digitalización. Alemania, históricamente más lenta que otros países europeos en salud digital, busca acelerar herramientas interoperables, historia clínica electrónica y automatización administrativa.

Se entiende la digitalización como una estrategia explícita de productividad del sistema, liberando tiempo clínico y reduciendo costes de gestión. Aunque esta dimensión recibe menos atención mediática que la reforma hospitalaria, probablemente será una de las claves reales de sostenibilidad a medio plazo.

Riesgos y desafíos de implementación


Como ocurre en la mayoría de las reformas sanitarias profundas, los riesgos de implementación son enormes. La reconversión hospitalaria genera inevitablemente oposición política local, especialmente en áreas rurales. En Alemania, los hospitales son también actores económicos y sociales relevantes. Su transformación puede interpretarse como pérdida de servicios, empleo e identidad territorial. Además, muchos profesionales perciben la reforma como una estrategia de austeridad más que como una mejora asistencial.

La concentración hospitalaria puede mejorar calidad, pero también aumentar distancias geográficas y sensación de pérdida de acceso, generando inequidad territorial. El equilibrio entre especialización y proximidad será uno de los principales desafíos políticos de la reforma.

El incremento de copagos y contribuciones puede erosionar el apoyo ciudadano al sistema público. Alemania afronta aquí la tensión clásica de introducir corresponsabilidad financiera sin debilitar legitimidad social.

La gobernanza sanitaria alemana es extremadamente compleja, con múltiples actores federales, regionales y corporativos. Coordinar una reforma de esta magnitud en un sistema tan descentralizado exigirá una enorme capacidad política y técnica.

Lecciones para el Sistema Nacional de Salud


La experiencia alemana ofrece varias lecciones especialmente relevantes para España.

1. Incluso los sistemas sanitarios más robustos necesitan transformaciones profundas cuando cambian las condiciones demográficas, epidemiológicas y económicas.

2. La sostenibilidad no puede abordarse únicamente desde el incremento presupuestario. Alemania está intentando actuar simultáneamente sobre organización, incentivos, estructura hospitalaria y productividad.

3. La planificación territorial es crucial. La reforma alemana asume explícitamente que no todos los hospitales pueden hacer de todo. Este debate sigue siendo particularmente difícil en España.

4. La reforma sanitaria contemporánea ya no puede centrarse únicamente en hospitales. El verdadero campo de transformación está en la atención primaria, la cronicidad, la integración y la digitalización.

5. Alemania muestra que reformar sistemas sanitarios maduros implica inevitablemente gestionar tensiones sociales, resistencias profesionales y conflictos territoriales. La cuestión no es si habrá conflicto, sino si existe suficiente liderazgo político y legitimidad institucional para sostener el cambio.

Y probablemente ahí reside la principal enseñanza para el Sistema Nacional de Salud español. Las reformas sanitarias profundas se construyen con evidencia técnica pero también requieren narrativa pública, capacidad de gobernanza y una visión clara de qué se quiere preservar.
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