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Medicina

El abordaje integral de la enfermedad psoriásica: la evidencia clínica empuja a tratar la piel y la articulación como una única patología

Los resultados presentados por UCB del ensayo clínico BE BOLD evidencian la necesidad de un abordaje unificado entre reumatología y dermatología

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La enfermedad psoriásica, tradicionalmente abordada de forma compartimentada en las consultas de dermatología y reumatología, afronta un cambio de paradigma asistencial fundamentado en los últimos datos clínicos. Los resultados del ensayo comparativo BE BOLD, presentados en el congreso europeo de reumatología EULAR 2026, apuntalan la necesidad de tratar las manifestaciones cutáneas y articulares de manera conjunta. Frente a los antiguos enfoques parciales, dos especialistas españoles analizan cómo la nueva evidencia científica está redefiniendo el estándar de tratamiento hacia un control holístico de la enfermedad.

El estudio clínico BE BOLD comparó de manera directa —lo que en investigación se conoce como ensayo head-to-head— la eficacia de dos tratamientos biológicos en 553 adultos con artritis psoriásica activa. En concreto, se comparó la eficacia y seguridad de bimekizumab, un inhibidor dual de las interleucinas 17A y 17F, frente a risankizumab, un inhibidor de la interleucina 23.

Rubén Queiro, reumatólogo del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y consultor senior del servicio de Reumatología del hospital Universitario Central de Asturias, otorga un peso específico a esta metodología. "Lo novedoso del estudio BE BOLD es que proporciona la primera comparación directa entre bimekizumab (un inhibidor de la IL17A y la IL17F) y risabkizumab (un inhibidor de la IL23)", explica el especialista, quien señala que en la consulta diaria "lo que está sobre la mesa ya no es únicamente si un tratamiento funciona frente a placebo, sino cómo se comportan estas alternativas terapéuticas entre sí".

Desde la especialidad de Dermatología, Anna López Ferrer, dermatóloga adjunta del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y coordinadora del Grupo Español de Psoriasis de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), apoya este modelo de evaluación: "Refleja mejor la realidad clínica: la psoriasis y la artritis psoriásica no son enfermedades independientes, sino manifestaciones de una misma enfermedad inflamatoria sistémica".

La respuesta articular precoz

El criterio principal de evaluación del estudio fue la consecución de la respuesta ACR50 en la semana 16 de tratamiento. Según los resultados, el 49,1% de los pacientes tratados con bimekizumab alcanzó este nivel de respuesta, en comparación con el 38,4% del grupo tratado con risankizumab, una diferencia estadísticamente significativa. Para los especialistas, la exigencia de este indicador es clave. "Alcanzar un ACR50 significa conseguir una mejoría clínicamente relevante, de al menos el 50%, tanto en los recuentos de articulaciones dolorosas e inflamadas, así como en varios dominios globales de la enfermedad", detalla Queiro. El reumatólogo subraya que esto representa "una mejoría sustancial global de la enfermedad, no simplemente un cambio estadísticamente significativo".

La investigación también arrojó diferencias a nivel descriptivo en la velocidad de respuesta. A las cuatro semanas de iniciar el tratamiento, el 19,9% de los pacientes con el inhibidor dual bimekizumab alcanzó el índice ACR50, frente al 7,2% del comparador activo risankizumab, una diferencia nominalmente significativa. Queiro califica este dato como "una señal de rapidez de acción muy potente" que repercute directamente sobre el paciente, permitiendo "avanzar antes hacia los objetivos que nos hemos marcado desde el principio".

Nuevos objetivos en la afección cutánea

La afectación de la piel, inherente a la enfermedad psoriásica, fue evaluada como objetivo exploratorio mediante la respuesta PASI100 (mejoría del 100% del índice PASI), que certifica el aclaramiento completo de las lesiones cutáneas. En la semana 16, el 53,4% de los pacientes con bimekizumab y el 46,6% con risankizumab lograron una piel sin rastro de placas de psoriasis, observándose una diferencia numérica que no alcanzó significación estadística. López enmarca estas cifras en la evolución de su especialidad. "Hace algunos años, conseguir una mejoría del 75% se consideraba un resultado excelente; actualmente, gracias a la elevada eficacia de los nuevos tratamientos, PASI90 y, especialmente, PASI100 se han convertido en objetivos realistas", contextualiza. La dermatóloga es categórica sobre la exigencia médica actual: "Ya no debemos conformarnos con que el paciente esté 'mejor' si persisten lesiones relevantes, síntomas o una repercusión importante sobre su vida".

El impacto de eliminar completamente la psoriasis no es baladí. López detalla que "el aclaramiento completo puede reducir el prurito, el dolor y la descamación, las dificultades para dormir y la necesidad de utilizar tratamientos tópicos complementarios". Psicológicamente, también supone un punto de inflexión, ya que "disminuye la visibilidad y el estigma de la enfermedad y puede mejorar las relaciones sociales, la sexualidad, la autoestima y el rendimiento laboral".

La explicación inmunológica

Los resultados de este ensayo clínico pivotan sobre las diferencias en el mecanismo de acción entre ambos fármacos. "IL-23 favorece la expansión y persistencia de poblaciones celulares productoras de IL-17, mientras que IL-17A e IL-17F son citocinas efectoras que actúan directamente sobre tejidos como la piel, la entesis y la articulación", explica López.

Por su parte, Queiro añade que existen "fuentes celulares de IL-17 independientes del control de IL-23". En consecuencia, "la inhibición directa y dual de IL-17A e IL-17F con bimekizumab podría bloquear un espectro más amplio de esa señal inflamatoria, lo que podría contribuir a explicar la mayor respuesta articular observada frente a risankizumab", desarrolla el especialista.

Hacia un modelo organizativo multidisciplinar

El manejo futuro de la enfermedad psoriásica pasa por consolidar una visión integral de los pacientes. Para que esta perspectiva se traslade a la práctica real, los protocolos de colaboración médica resultan indispensables. "Separar rígidamente la piel de la articulación puede conducir a objetivos terapéuticos fragmentados y a tratamiento parcial del paciente", advierte López. Para evitar la progresión silenciosa del daño musculoesquelético, la dermatóloga insiste en "preguntar activamente por dolor e inflamación articular, rigidez matutina, dedos hinchados" desde el primer contacto en consulta.

Queiro aboga por adaptar el tratamiento a los dominios predominantes de cada caso. "Cuando coexisten una afectación musculoesquelética y cutánea relevantes, disponer de un tratamiento capaz de proporcionar un control rápido y consistente de ambas tiene un valor especial pues permite aspirar a un control más integral", afirma. A nivel hospitalario, defiende el papel de espacios colaborativos: "La consulta conjunta Reuma-Derma permite una visión realmente integral de la enfermedad psoriásica", apunta, destacando que en cuadros médicos complejos este sistema "aporta un valor indudable".

El horizonte a corto plazo, concuerdan ambos clínicos, pasa por no aceptar resultados parciales. "El concepto de enfermedad psoriásica integral será una realidad cuando dejemos de tratar órganos aislados y evaluemos de forma coordinada a la persona en toda su complejidad", reflexiona López. En última instancia, la ciencia empuja hacia una mayor especificidad, como señala Queiro: el reto es "avanzar hacia una verdadera medicina personalizada" para "poder seleccionar, mediante biomarcadores fiables, el tratamiento más adecuado para cada paciente".

Este artículo cuenta con la colaboración de UCB.