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La diástasis abdominal es una de las consecuencias más frecuentes del embarazo y, al mismo tiempo, una de las menos conocidas. Consiste en la separación anómala de los músculos rectos del abdomen, los de la línea media, que muchas mujeres conservan tras dar a luz y que, más allá de lo visible, puede repercutir en la espalda, en el suelo pélvico y también en el estado de ánimo.

Durante años se consideró una simple cuestión estética, pero hoy, cirujanos y fisioterapeutas coinciden en que es un problema de salud con un componente emocional que conviene atender. "Verse cada día en el espejo ese abdomen abombado afecta a su estado psicológico", detalla el cirujano Guillermo Pou Santonja, director de cirugía de la Agrupación Española de Diástasis Abdominal (AEDA) en Valencia, a Redacción Médica.

Esta condición médica se produce cuando el vientre se distiende para dejar crecer al útero y, tras el parto, esa musculatura no vuelve del todo a su sitio. "Siempre queda cierto grado de separación", explica Pou Santonja. No siempre implica una hernia ni los músculos llegan a romperse, pero esa distancia basta para que el abdomen pierda funcionalidad y aparezcan "dolores de espalda, hinchazón e incontinencia urinaria". De hecho, se calcula que "dos tercios de las mujeres sufren problemas asociados a la diástasis después de una gestación", cuenta el cirujano.

La diástasis abdominal en la salud de la mujer

Durante años, esta patología no ha sido tomada en serio como el problema de salud que es, ya que "antiguamente se decía que la diástasis no hacía falta tratarla porque era un tema estético". No obstante, esto ha quedado atrás, pues tratar la pared abdominal mejora aspectos muy concretos y medibles. "El abdomen funciona mejor, se hace mejor la digestión, se evitan dolores de espalda, hay mejor continencia y mejor actividad sexual", detalla el especialista.

Gran parte de este mérito también es de los fisioterapeutas, los cuales lo empezaron y "al que los cirujanos de pared nos hemos ido sumando". Cabe destacar que estos factores afectan de forma directa a la salud mental y emocional de quien lo padece, y son de hecho uno de los aspectos que más se tratan en consulta. Tanto es así que existen muchas pacientes "muy afectadas en casi todos los aspectos" de su vida cotidiana.

"La elección es probablemente el momento clave de todo el tratamiento"

Uno muy común es la actividad física, ya que es algo que hace mucha gente y "verse limitada tras el embarazo influye muchísimo", señala el director de cirugía de AEDA. A ello se suma esa realidad corporal que pasa factura cada mañana frente al espejo. Sin embargo, toda esta situación tiene una estrecha relación con el momento fisiológico y vital que conlleva el posparto. Tanto es así que, tras el parto, "hay una labilidad y una alteración hormonal" que dificulta la recuperación anímica, y ahí el cuerpo se convierte en un frente más.

Pero no solo eso, pues la vida sexual y de pareja también se ve afectada. A las disfunciones de suelo pélvico que deja el embarazo se añade la dificultad de movimiento del propio abdomen, y el resultado, describe el especialista, es que "la relación de pareja se complica". No es un daño aislado, sino un eslabón más en una cadena que va minando la confianza: el cuerpo que no responde como antes, el ejercicio que se abandona, la vida social que se recorta. Tratar la diástasis, insiste, mejora esa esfera que durante años quedó fuera de la conversación clínica.

Es por ello que es fundamental acompañar a la paciente y "apoyarla desde el punto de vista funcional y estético, logrando que se recupere mucho mejor, que se vea mejor y que recupere actividades que había dejado por el embarazo", destaca Pou Santonja. Esa mejoría, sostiene, repercute de forma positiva en todas sus relaciones.

Mujer con diástasis / Imagen de Envato

Cuándo la fisioterapia basta y cuándo hace falta el quirófano

Con todo ello se puede pensar que la cirugía es la única solución para tratar la diástasis abdominal, pero según Pou Santoja es todo lo contrario, ya que debe ser considerada el último escalón. "Operar por operar es una mala táctica", afirma. Por eso, salvo excepciones, el tratamiento arranca siempre por la fisioterapia, y el dato lo respalda. "Cerca del 60% de las que vienen con expectativas de cirugía no la van a necesitar tras empezar con fisioterapia", explica el experto.

La operación se reserva para los casos que asocian una hernia de línea media, en los que la rehabilitación difícilmente basta. Incluso entonces, la fisioterapia previa es clave para que la paciente "llegue a la cirugía en las mejores condiciones posibles". En los casos en los que la operación es necesaria, conviene saber en qué consiste. El objetivo es reparar la pared abdominal: cerrar la hernia y volver a aproximar los músculos rectos separados por la diástasis para devolver al abdomen su función. La técnica no es única, sino que se decide caso por caso.

"El concepto de vergüenza a la hora de tratar estos temas se está perdiendo"

"La elección es probablemente el momento clave de todo el tratamiento" porque no todas las técnicas son iguales para todas las pacientes. "Muchas vienen con expectativas de cirugía mínimamente invasiva, laparoscópica o endoscópica, y realmente no está indicada en este tipo de paciente", advierte el cirujano. La vía depende de la anatomía y del tipo de hernia, y no es lo mismo una pequeña hernia umbilical que una gran hernia o la de una cicatriz de cesárea.

Además, Pou Santonja reivindica un abordaje integral: por un lado, se trata la pared —hernia y diástasis— y, por otro, el contorno corporal mediante cirugía plástica, liposucción o lipoescultura cuando procede, para que el resultado global sea mejor. Por su parte, el postoperatorio es más llevadero de lo que se puede pensar. "Las pacientes suelen estar una noche ingresadas, unas 24 horas, y a los 10 o 12 días se retiran los drenajes y los puntos. Salen del quirófano con una faja especial, y a partir de las tres semanas empiezan a hacer ejercicio controlado con el fisioterapeuta", detalla el especialista.

Ese arranque temprano de la rehabilitación no solo acelera la recuperación física, sino que tiene también un efecto anímico que enlaza con lo emocional. La paciente, explica el cirujano, "comprueba que puede hacer ejercicio que antes no podía", y ese pequeño triunfo refuerza su confianza en plena etapa de posparto.

El final de la vergüenza

Si algo ha cambiado, sostiene el cirujano, es que las pacientes ya no callan. Hace unos años acudían "seis meses o un año después del parto, en situaciones muy complicadas". Hoy, gracias a la información disponible, a la divulgación y a las redes sociales, hay más conciencia de que cuidar la pared abdominal repercute en el día a día. "El concepto de vergüenza a la hora de tratar estos temas se está perdiendo", celebra.

Ese cambio de mentalidad es, para él, la mejor noticia. "Ya no se asume que una mujer tenga que quedarse con el abdomen o el pecho mal después de un embarazo", afirma. Al contrario: defiende que debe poder recuperar su cuerpo lo máximo posible, y que para eso están los profesionales, cada uno en su terreno. Porque, tras el parto, viene a decir, recuperar el abdomen no es un lujo estético: es una parte más de recuperar la vida.