María Torres Lacomba

María Torres Lacomba

Profesionales

María Torres impulsa el Documento Marco para hacer real la especialidad en fisioterapia pélvica: "La necesidad asistencial sí es una realidad"

La presidenta de AEF-SAMU advierte de las desigualdades en el acceso a estos tratamientos y defiende la creación de unidades especializadas para mejorar la atención y la calidad de vida de los pacientes

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María Torres Lacomba, catedrática de Fisioterapia de la Universidad de Alcalá y presidenta de la Asociación Española de Fisioterapeutas en Salud de la Mujer y Salud Pélvica (AEF-SAMU), ha sido reconocida en 2026 con un premio de 'World Physiotherapy Europe Region' por su trayectoria y contribución al desarrollo de la profesión. Con una amplia experiencia clínica, docente e investigadora, defiende la necesidad de avanzar hacia el reconocimiento oficial de la especialidad y garantizar una atención especializada, equitativa y basada en la evidencia científica.

En esta entrevista a Redacción Médica, Lacomba aborda las principales carencias asistenciales en el ámbito de la salud de la mujer y la salud pélvica, así como los retos para integrar esta fisioterapia en el Sistema Nacional de Salud:

El documento parte de un análisis de las desigualdades y brechas asistenciales en salud de la mujer y salud pélvica en España. ¿Cuáles son, a su juicio, las principales carencias actuales del SNS en este ámbito y qué impacto tienen en la práctica clínica diaria?

La principal carencia es la ausencia de una integración estructurada, homogénea y equitativa de la Fisioterapia en Salud de la Mujer y Salud Pélvica en el Sistema Nacional de Salud. Contamos con profesionales altamente cualificados y con experiencias asistenciales de gran valor, pero el acceso a estos servicios sigue siendo desigual y, en muchos casos, depende del territorio, del centro sanitario o de los recursos económicos de cada persona.

Esta situación tiene consecuencias directas sobre la salud y la calidad de vida de la población. Problemas como la incontinencia urinaria, el dolor pélvico persistente, las disfunciones sexuales o las secuelas de determinados tratamientos oncológicos no siempre reciben una atención fisioterapéutica especializada, temprana y continuada.

Es importante aclarar que la Fisioterapia en Salud de la Mujer no se limita al abordaje de las disfunciones del suelo pélvico. Comprende también la atención a problemas de salud que afectan de manera específica o diferencial a las mujeres a lo largo de su ciclo vital, incluyendo determinadas enfermedades cardiovasculares, procesos oncológicos, enfermedades autoinmunes, alteraciones musculoesqueléticas y situaciones de dolor persistente, entre otros. Incorporar el enfoque de sexo y género permite reconocer estas necesidades y ofrecer intervenciones fisioterapéuticas más individualizadas, adecuadas y basadas en la evidencia científica.

A ello se añade una cuestión especialmente preocupante: la normalización de determinados problemas de salud, particularmente entre las mujeres. No podemos seguir aceptando que las pérdidas de orina después del parto, el dolor durante las relaciones sexuales o las limitaciones funcionales asociadas a determinadas etapas de la vida se consideren consecuencias inevitables que simplemente hay que asumir.

Estas necesidades no las identificamos únicamente desde la práctica clínica o la investigación. En el Documento Marco hemos incorporado las voces de pacientes, asociaciones y profesionales sanitarios que describen las dificultades de acceso, los retrasos en la atención y el impacto que estas situaciones tienen en su vida cotidiana. Sus testimonios nos recuerdan que detrás de cada disfunción hay personas cuya autonomía, bienestar y calidad de vida pueden verse profundamente afectados. Escuchar esas experiencias es imprescindible para identificar las prioridades asistenciales y orientar las respuestas del sistema sanitario.

Desde AEF-SAMU defendemos que la atención fisioterapéutica especializada debe integrarse en los distintos niveles asistenciales, con criterios de calidad, continuidad y equidad.

La especialización no responde únicamente a una reivindicación profesional; responde, fundamentalmente, a una necesidad asistencial que el sistema sanitario todavía no está atendiendo de manera suficiente.

Uno de los objetivos clave es el reconocimiento oficial de la especialidad. ¿Qué implicaciones reales tendría para los fisioterapeutas que ya trabajan en este campo y para los que quieran formarse en él?

El reconocimiento oficial supondría un avance importante en la definición, acreditación y desarrollo de competencias clínicas avanzadas en Fisioterapia en Salud de la Mujer y Salud Pélvica.

Actualmente existen fisioterapeutas con una amplia trayectoria asistencial, docente e investigadora en este ámbito, que han adquirido competencias altamente especializadas mediante formación de posgrado, experiencia clínica y actualización científica continuada. Sin embargo, todavía no existe un título oficial de especialista que permita reconocer esas competencias dentro de un marco común.

Para estos profesionales, sería fundamental establecer mecanismos de reconocimiento de la experiencia y la formación previamente adquiridas, con criterios rigurosos, transparentes y equitativos. No tendría sentido desarrollar una especialidad sin considerar la trayectoria de quienes han contribuido durante décadas a construir este campo de conocimiento.

Para las nuevas generaciones, el reconocimiento permitiría disponer de itinerarios formativos definidos, competencias clínicas claramente establecidas y estándares homogéneos de calidad.

Además, facilitaría una mejor identificación de los perfiles profesionales necesarios para organizar los servicios sanitarios y desarrollar puestos asistenciales acordes con la complejidad de la atención.

Pero conviene recordar que el objetivo último de una especialidad sanitaria no es reconocer lo que sabe un profesional, sino garantizar que la población recibe una atención segura, eficaz y prestada por profesionales con las competencias necesarias.

Desde el punto de vista normativo y político, ¿en qué punto real se encuentra la creación de la especialidad en Fisioterapia en Salud de la Mujer y Salud Pélvica y qué margen a corto o medio plazo existe actualmente para que se materialice?

Nos encontramos en una fase de fundamentación y desarrollo de la propuesta de especialización. Desde AEF-SAMU hemos realizado un importante trabajo científico y técnico que ha culminado en la publicación, en septiembre de 2025, del Documento Marco para la Especialización en Fisioterapia en Salud de la Mujer y Salud Pélvica.

Este documento constituye una propuesta integral que identifica las necesidades asistenciales, delimita el ámbito competencial, desarrolla los fundamentos científicos, plantea itinerarios formativos y propone un modelo de organización e implementación de la atención especializada. Una de sus principales fortalezas es que incorpora, además de la evidencia científica y la experiencia profesional, las aportaciones de pacientes, asociaciones y profesionales de diferentes ámbitos sanitarios. Hemos querido que no sea únicamente un documento elaborado desde la profesión, sino una propuesta construida también desde las necesidades y experiencias de quienes reciben la atención y de quienes participan en ella.

Además, el Documento Marco cuenta con un importante respaldo institucional, tanto nacional como internacional. Entre las entidades que han expresado su aval y apoyo se encuentran la Asociación Española de Fisioterapeutas (AEF), el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CGCFE), la Conferencia Nacional de Decanos y Decanas de Facultades de Fisioterapia de España (CNDFF), la International Organization of Physiotherapists in Pelvic and Women’s Health (IOPPWH) y World Physiotherapy. Este respaldo, que reúne a organizaciones profesionales, académicas y científicas de referencia, refuerza la solidez y relevancia de la propuesta y pone de manifiesto la importancia de avanzar hacia una atención fisioterapéutica especializada que responda a las necesidades de la población.

Desde el punto de vista normativo, la Ley 44/2003, de ordenación de las profesiones sanitarias, y el Real Decreto 589/2022 establecen el marco general para la creación de títulos oficiales de especialista en Ciencias de la Salud. No obstante, disponer de ese marco jurídico y de una propuesta técnicamente fundamentada no significa que la especialidad esté ya reconocida ni que su creación sea automática.

Es necesario avanzar en los procedimientos institucionales correspondientes, acreditar las necesidades del sistema sanitario y alcanzar los consensos necesarios entre las administraciones y los agentes implicados.

Por responsabilidad, no considero adecuado establecer plazos que todavía no podemos garantizar. Lo importante es que estamos contribuyendo a construir una base científica, competencial y asistencial sobre la que pueda sustentarse ese reconocimiento.

La especialidad todavía no es una realidad normativa, pero la necesidad asistencial que la justifica sí es una realidad. Y esa necesidad debe formar parte del debate sobre el futuro de nuestro sistema sanitario.

El documento plantea dos vías de acceso a la especialización (académica y profesional). ¿Cómo se garantizará que ambas mantengan estándares homogéneos de calidad y competencia clínica?

La premisa esencial es que todas las personas que obtengan el reconocimiento oficial de especialista acrediten las competencias profesionales exigidas, independientemente de su trayectoria formativa y profesional.

El Documento Marco contempla la formación sanitaria especializada y el reconocimiento de la trayectoria de los profesionales que ya desarrollan su actividad en este ámbito. El objetivo es avanzar hacia un sistema reglado que garantice estándares homogéneos de calidad, sin dejar de reconocer la experiencia clínica, docente e investigadora acumulada durante décadas.

Pero también considero imprescindible destacar el papel de los másteres universitarios especializados en Salud de la Mujer y Salud Pélvica. No hablamos de una posibilidad futura, sino de una vía de formación avanzada que ya existe, está consolidada y lleva años contribuyendo a la capacitación de fisioterapeutas en este ámbito. Los másteres universitarios oficiales, sometidos a procedimientos de verificación y garantía de calidad académica, ofrecen una formación estructurada que integra conocimientos científicos, razonamiento clínico, práctica especializada e investigación. Constituyen, por tanto, una alternativa formativa rigurosa y de gran valor, cuya contribución debe ser reconocida y tenida en cuenta en el desarrollo futuro de la especialización.

Por su parte, el reconocimiento de la trayectoria profesional deberá sustentarse en criterios objetivos y transparentes que permitan acreditar la formación, la experiencia asistencial y las competencias clínicas adquiridas.

En cualquier caso, es importante distinguir entre la formación universitaria avanzada, que ya es una realidad, y el reconocimiento oficial de una especialidad sanitaria, que requiere su correspondiente desarrollo normativo. Ambos ámbitos pueden contribuir al desarrollo de la Fisioterapia en Salud de la Mujer y Salud Pélvica, aunque sus titulaciones y efectos jurídicos sean diferentes.

El verdadero reto es construir un modelo de especialización que garantice competencias clínicas homogéneas y sepa aprovechar tanto la experiencia profesional acumulada como la formación universitaria de calidad que ya existe, poniendo siempre en el centro la seguridad y la calidad de la atención a las personas.

Se propone la creación de Unidades de Salud de la Mujer y Salud Pélvica con estándares específicos de acreditación. ¿Qué papel debería asumir el fisioterapeuta dentro de estos equipos multidisciplinares y cómo se articula la coordinación con ginecología, urología, matronas o salud mental?

El fisioterapeuta especializado debe integrarse en estos equipos como un profesional sanitario con competencias propias y autonomía en su ámbito de actuación, participando en la promoción de la salud, la prevención, la valoración, el diagnóstico fisioterapéutico, el tratamiento y el seguimiento.

Su intervención no debe limitarse a las disfunciones ya establecidas ni a situaciones en las que otras opciones terapéuticas han fracasado. Debe incorporarse desde las primeras fases de la atención, incluyendo la prevención y el acompañamiento durante las distintas etapas del ciclo vital de las mujeres, especialmente en el embarazo, la preparación al parto, el posparto, la transición menopáusica y el envejecimiento.

Además, estas unidades deben dar respuesta a las necesidades fisioterapéuticas relacionadas con problemas de salud específicos o que afectan de manera diferencial a las mujeres, más allá de las disfunciones del suelo pélvico. Esto exige integrar el enfoque de sexo y género y establecer una coordinación efectiva con los servicios implicados en su atención, desde la prevención hasta la recuperación funcional.

La organización debe basarse en modelos interdisciplinares, con circuitos de derivación definidos, protocolos compartidos y comunicación fluida entre Ginecología, Urología, obstetricia, matronas, Medicina de Familia, Enfermería, Psicología y otras especialidades. Esta coordinación es especialmente relevante en situaciones complejas, como la endometriosis, el dolor pélvico persistente, las disfunciones sexuales o las secuelas de los tratamientos oncológicos.

Por otra parte, la salud pélvica también comprende la atención a hombres y población infantil, con necesidades específicas, como las disfunciones urinarias y sexuales tras tratamientos prostáticos, la enuresis o el estreñimiento funcional. Por tanto, la organización asistencial debe contemplar estas poblaciones y facilitar su acceso a profesionales con las competencias necesarias.

El Documento Marco recoge, además, las aportaciones de profesionales de distintas disciplinas sanitarias, que subrayan la importancia de mejorar la coordinación asistencial, reconocer las competencias especializadas y facilitar el acceso a estas intervenciones. No se trata de crear estructuras aisladas, sino de fortalecer la capacidad de respuesta del sistema sanitario.

La interdisciplinariedad no consiste simplemente en reunir profesionales de distintas disciplinas, sino en organizar una atención coordinada y continuada, en la que cada profesional aporte sus competencias y las decisiones se adopten en función de las necesidades de cada persona.

Desde el punto de vista de otros profesionales sanitarios, ¿qué aporta la integración estructurada de la fisioterapia especializada antes de recurrir a tratamientos farmacológicos o quirúrgicos?

Aporta una alternativa terapéutica conservadora, fundamentada en la evidencia científica, que puede resultar eficaz como intervención inicial o como parte de un abordaje combinado, dependiendo del problema de salud.

Disponemos de evidencia sólida sobre la eficacia de la rehabilitación de la musculatura del suelo pélvico en determinadas disfunciones, especialmente en la incontinencia urinaria de esfuerzo. Pero la evidencia va mucho más allá. El ejercicio terapéutico individualizado y supervisado, junto con otras intervenciones fisioterapéuticas, ha demostrado beneficios en el abordaje de numerosos problemas de salud, entre ellos la fibromialgia, determinadas alteraciones musculoesqueléticas, la prevención de la pérdida de masa ósea y la mejora de la capacidad funcional y cardiovascular. La Fisioterapia también desempeña un papel relevante en la prevención y el tratamiento de complicaciones asociadas al cáncer de mama, como el linfedema, así como en determinadas disfunciones anorrectales y prolapsos de órganos pélvicos. A ello se suma su contribución en el ámbito de la salud mental, donde el ejercicio terapéutico puede ayudar a mejorar los síntomas de depresión y ansiedad, la funcionalidad y la calidad de vida. Todo ello exige considerar las diferencias de sexo y género, individualizar las intervenciones y trabajar de manera coordinada con los demás profesionales sanitarios.

Su integración estructurada permite identificar precozmente problemas funcionales, mejorar los circuitos de derivación y ofrecer intervenciones individualizadas antes de que determinadas alteraciones se cronifiquen o aumenten su repercusión sobre la calidad de vida.

Esto no significa que la fisioterapia deba sustituir a los tratamientos farmacológicos o quirúrgicos cuando estén indicados. Significa que las diferentes opciones terapéuticas deben utilizarse de manera racional, coordinada y basada en la evidencia, evitando tanto intervenciones innecesarias como retrasos en tratamientos que puedan resultar imprescindibles.

Desde la perspectiva del sistema sanitario, una adecuada integración de la fisioterapia especializada también podría contribuir a optimizar los recursos disponibles, aunque sus efectos sobre los costes deben demostrarse mediante evaluaciones económicas rigurosas.

No se trata de elegir entre fisioterapia, tratamiento farmacológico o Cirugía, sino de garantizar que cada persona reciba la intervención más adecuada, en el momento oportuno y con la participación de los profesionales que realmente necesita.

El plan de implementación contempla un cronograma a cinco años con evaluación intermedia y final. ¿Cuáles serán los indicadores clave para medir si la especialidad está mejorando la equidad, la calidad asistencial y la sostenibilidad del sistema?

La evaluación debe constituir una parte esencial de cualquier proceso de implementación. No basta con crear una especialidad o desarrollar nuevas estructuras asistenciales; es necesario comprobar que estas medidas se traducen en mejores resultados en salud y en una atención más equitativa y eficiente.

En primer lugar, debemos evaluar el acceso a la atención especializada: disponibilidad de profesionales, distribución territorial de los servicios, tiempos de espera y posibles desigualdades relacionadas con el sexo, el género, la edad, el entorno rural o urbano y la situación socioeconómica.

En segundo lugar, resulta imprescindible medir los resultados clínicos mediante instrumentos validados que permitan valorar la evolución de los síntomas, la funcionalidad, la calidad de vida y la participación en las actividades de la vida diaria. También debemos incorporar las medidas de resultados y experiencias comunicadas directamente por las personas atendidas, porque su perspectiva es fundamental para valorar la calidad asistencial.

Otros indicadores relevantes son la seguridad de las intervenciones, la adecuación de los tratamientos a la evidencia científica, la coordinación entre profesionales y niveles asistenciales y el grado de satisfacción de pacientes y profesionales.

Finalmente, debemos estudiar la utilización de recursos sanitarios, las necesidades de tratamientos adicionales y la relación entre los costes y los resultados obtenidos.

El Documento Marco propone una planificación a cinco años, con evaluación intermedia y final, que deberá concretarse y adaptarse a las decisiones institucionales y a los recursos disponibles.

El verdadero éxito de una especialidad no se medirá únicamente por el número de profesionales acreditados o de unidades creadas, sino por su capacidad para mejorar la salud, reducir desigualdades y aportar valor al sistema sanitario.

Finalmente, el documento insiste en la perspectiva de género y en un enfoque centrado en la persona. En términos prácticos, ¿cómo se traduce esto en la consulta y qué cambios culturales cree que exige dentro del sistema sanitario?

Incorporar el enfoque de sexo y género significa reconocer que la salud está condicionada tanto por factores biológicos relacionados con el sexo como por factores sociales, culturales y estructurales vinculados al género. Estos factores pueden influir en la aparición de enfermedades, su presentación clínica, el acceso a los servicios sanitarios, las decisiones terapéuticas y los resultados en salud.

Y aquí me gustaría destacar una cuestión fundamental: el enfoque de sexo y género no debe limitarse a la salud de la mujer ni a una especialidad concreta. Debe incorporarse de manera transversal a todo el sistema sanitario, desde la prevención y la promoción de la salud hasta el diagnóstico, el tratamiento, la recuperación funcional y el seguimiento.

En la práctica clínica, esto implica reconocer que mujeres y hombres pueden presentar diferencias en la manifestación de determinadas enfermedades, en sus necesidades asistenciales y en las oportunidades de recibir una atención adecuada. También exige identificar los sesgos que pueden condicionar las decisiones clínicas y evitar que determinados síntomas se minimicen o normalicen por razones relacionadas con el sexo o el género.

En el ámbito de la salud de la mujer encontramos ejemplos especialmente significativos. Durante demasiado tiempo, las pérdidas de orina, el dolor menstrual incapacitante o determinadas disfunciones sexuales se han considerado consecuencias inevitables de la maternidad, el envejecimiento o determinadas etapas de la vida. Sin embargo, esta reflexión debe extenderse a otros ámbitos, como las enfermedades cardiovasculares, los procesos oncológicos, el dolor persistente o la fisioterapia neurológica, donde las diferencias de sexo y género también pueden tener importantes implicaciones asistenciales.

La atención centrada en la persona exige, además, escuchar sus experiencias, comprender sus circunstancias, respetar sus preferencias y favorecer su participación en las decisiones clínicas. Precisamente por ello, en el Documento Marco hemos querido incorporar las voces de pacientes, asociaciones y profesionales sanitarios: porque una atención verdaderamente centrada en las personas no puede construirse sin contar con ellas.

El cambio que necesitamos es, por tanto, clínico, formativo, investigador y organizativo. Debemos integrar el análisis de sexo y género en la generación de evidencia científica, la formación de los profesionales, los protocolos asistenciales y la evaluación de resultados en salud.

La perspectiva de sexo y género no es un complemento ni una cuestión exclusiva de la salud de la mujer. Es una dimensión imprescindible de la calidad asistencial y de la equidad, que debe impregnar todo el sistema sanitario.