Rafael Matesanz

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Opinión

Es que cuando uno sirve...

Rafael Matesanz Acedos es nefrólogo, y fundador y exdirector de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT).

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Aunque a los jóvenes no les suene de nada, en los años setenta y ochenta del pasado siglo hubo un trío musical catalán, La Trinca, centrado en la crítica social y política en clave de humor. Su obra inicial, como la de tantos otros vinculados a la Nova Cançó, se produjo en catalán, combinado después con el castellano, lo que les llevó a sus momentos de mayor éxito en toda España, ya que sus letras había que entenderlas plenamente para apreciarlas. Una de las más conocidas fue una canción a ritmo de pasodoble dedicada a “Manolo” Fraga Iribarne (recupérenla, merece la pena) en la que hacían una sátira inmisericorde de este singular político, sobre todo por lo que se refiere a su trayectoria de ordeno y mando y a su omnipresencia en sus tiempos de ministro, protagonizando las más diversas actividades. Resumía la canción: “…ES QUE CUANDO UNO SIRVE, ES QUE SIRVE PARA TODO”.

Efectivamente, en nuestra política proliferan quienes, pese a ocupar cargos de la máxima responsabilidad, como están convencidos no solamente de que sirven para todo, sino que todo lo pueden hacer a la vez, combinan la actividad por las que cobran del erario público con otras que, como es lógico, implican tiempo y esfuerzo, inevitablemente detraídos de su trabajo principal. El resultado, previsible casi siempre, es que todas las actividades, tanto la “oficial” como los hobbies, las acaban haciendo de manera deficiente. Por mucho que se empeñen y salvo honrosas excepciones, cada uno da para lo que da.

Hay puestos con una gran tradición de este perfil multitarea y uno de ellos es sin duda el Ministerio de Sanidad. Su inquilina actual, Mónica García, no ha sido la primera ni probablemente será la última que ha entrado en esta dinámica, pero es el ejemplo que tenemos más a mano. Cualquiera que siga los medios de comunicación o las redes sociales puede comprobar que la ministra lleva ya un tiempo ocupándose monográficamente de comentar el problema de la vivienda, al tiempo que se dedica a su futura candidatura a la Comunidad de Madrid y en los ratos libres a cómo va a quedar la cambiante y menguante coalición de izquierdas que ya nadie sabe muy bien cómo se llama ni quién la dirige, aunque en los últimos días se rumorea que bien podría ser ella. Afortunadamente, lo de su presunta candidatura a presidir la OMS ha quedado en nada desde que el gobierno tuvo un minuto de sensatez y nominó a María Neira en su lugar. Un hobby menos.

Entre sus antecesores proliferan los ejemplos de ministros a tiempo parcial, casi todos con proyecto de destino en su comunidad de origen, a instancias de su partido. El prototipo estaba destinado a ser Salvador Illa, de quien, según cuentan, llegó con la idea e instrucciones de dedicar al ministerio un par de días a la semana y el resto a los “asuntos catalanes”, que es a lo que venía. El Covid deshizo los planes, como es bien sabido. De la misma forma, Carolina Darias estuvo atenta en todo momento a la alcaldía de Las Palmas y los últimos ministros del Partido Popular, Dolors Montserrat y Alfonso Alonso, por referirnos solo a los casos más recientes, igualmente a Cataluña y País Vasco como sus comunidades de referencia. Pocos se libran, si acaso alguno por lo poco que estuvo en el cargo.

La moda de los ministros “part time”, consecuencia de la pérdida de poder y peso político de Sanidad tras las transferencias, es también un reflejo del escaso aprecio de los sucesivos presidentes del gobierno por esta cartera-trampolín, relegada al apartado de “varios” de la que se tiene asumido que no da votos, aunque sí los pueda quitar y en cantidades masivas cuando surge una crisis de salud pública.

Solo quien desconoce la sanidad española puede minusvalorar el papel que nuestro ordenamiento atribuye al Ministerio de Sanidad, aunque no tenga atribuciones de gestión directa salvo en el territorio INGESA. Ni tampoco el hecho de que el titular de la cartera debería abordar los asuntos sanitarios liderando y coordinando comunidades, profesionales y en general los múltiples agentes involucrados en el sector, sin recurrir al antiguo ordeno y mando de los tiempos del INSALUD, que ya no está a su alcance, sino al consenso y la negociación continua. La forma de actuar de la ONT es un buen ejemplo de lo que debería hacerse extensivo a numerosos otros aspectos de nuestra sanidad, y la “negociación” del estatuto marco, su perfecta antítesis.

Pero para eso hace falta conocer el sector, sobre todo teniendo en cuenta que la vida media en el Paseo del Prado en las últimas tres décadas no llega a los dos años con lo que el tiempo para aprender no es mucho, y sobre todo bajar a la arena sanitaria y dedicarle a la sanidad el tiempo y el esfuerzo que merece y necesita.

No debería ser mucho pedir que un ministro se dedicara a su ministerio mientras le paguen por ello, pero me temo que también esto ha pasado de moda con los nuevos tiempos y ya solo esté en la mente y en el recuerdo de los que peinamos canas.