Guadalupe Fontán.
La investigación en salud con enfoque social: La salud no empieza en el hospital
María Guadalupe Fontán Vinagre es coordinadora del Instituto Español de Investigación Enfermera
Cuando pensamos en investigación sanitaria, la primera imagen que nos suele venir a la cabeza es la de un laboratorio equipado con microscopios de última generación o ensayos clínicos para probar fármacos innovadores. Sin embargo, existe otra dimensión de la investigación científica, crucial e insustituible, que no se mide en tubos de ensayo, sino en las condiciones reales de vida de las personas: la investigación en salud con enfoque social.
Si imaginamos la salud como una balanza, los platillos no se equilibran solo con fármacos y diagnósticos clínicos. En el otro extremo pesan los cuidados, el lugar donde se vive, el trabajo que se tiene, el nivel de educación y el origen social. La Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud de la OMS lo formuló hace casi dos décadas con una claridad meridiana «las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen» determinan, en gran medida, su estado de salud. Las profesiones sanitarias, como disciplinas que acompañan al ser humano en cada uno de esos momentos vitales, se encuentran en una posición privilegiada para investigar esa balanza y, sobre todo, para contribuir a reequilibrarla. No se trata de una aspiración idílica, es una responsabilidad científica y social respaldada por una evidencia cada vez más sólida.
La consulta es un espacio de encuentro en el que el profesional sanitario capta señales que ningún análisis de sangre refleja, como el paciente que no puede comprar los medicamentos prescritos, la familia que vive en una vivienda sin calefacción o el trabajador migrante que no acude al centro de salud por miedo o por falta de información. Esta capacidad de «leer el cuerpo en su contexto» convierte a los profesionales de la salud en agentes singulares y necesarios de la investigación social.
Enfermería conforma el mayor colectivo de profesionales de la salud en el mundo y representamos, en la mayoría de las ocasiones, el primer contacto de la población con el sistema sanitario. No obstante, abordar la complejidad de las crisis climáticas, sociales y comunitarias exige derribar los muros disciplinares y abordar una brecha metodológica y ética preocupante. Describir la enfermedad sin analizar el contexto socioeconómico en el que habita el paciente resulta científicamente insuficiente.
Para que la capacidad transformadora de las investigaciones trascienda a la práctica clínica y se traduzca en un impacto efectivo a nivel legislativo e institucional, es necesario apoyar activamente a los investigadores de las diferentes disciplinas, facilitándoles acceso a la gobernanza, espacios de representación directiva y canales que reconozcan su valor estratégico y el desarrollo de la carrera investigadora. Impulsar y potenciar su capacidad de influencia, no solo rompe techos de cristal en la administración sanitaria, sino que asegura que el diseño de las políticas de salud combine el rigor técnico con la experiencia directa de quienes lideran la gestión de los cuidados.
Una de las alianzas científicas y operativas más prometedoras es la unión entre los profesionales sanitarios y trabajo social. Mientras la visión sanitaria aporta la perspectiva del impacto clínico y la fisiopatología, el trabajo social profundiza en la vulnerabilidad estructural y los recursos comunitarios. Estas investigaciones demuestran que el 100% de los programas reportan mejoras significativas en los indicadores de salud física y mental de las personas.
En un momento histórico marcado por la emergencia climática, los desafíos geopolíticos y la sobreinformación, la comunidad científica tiene la responsabilidad de combatir la desinformación en salud y los bulos climáticos. Esto requiere que la comunidad científica ocupe espacios de liderazgo en comunicación pública, diseñemos programas de educación ambiental e impulsemos la alfabetización en salud desde la consulta hasta las aulas y los medios de comunicación.
La investigación en España ha madurado notablemente en la última década, y algunos de sus trabajos más relevantes abordan precisamente la intersección entre la salud y los determinantes sociales con resultados que confirman que el nivel educativo, la clase social y el origen étnico condicionan la capacidad del paciente para buscar, comprender y usar información sanitaria. Estos hallazgos tienen aplicación directa en la práctica clínica comunitaria, no basta con informar, hay que investigar qué barreras existen y diseñar intervenciones específicas para superarlas.
Por todo ello, resulta imprescindible que las políticas sanitarias y sociales incorporen evaluaciones de impacto en la salud pública. Del mismo modo, la integración de la ética ambiental en los códigos deontológicos refuerza la sostenibilidad y la protección del medio ambiente como dimensiones esenciales del ejercicio profesional cotidiano.
Las profesiones sanitarias deben posicionarse como promotoras clave de la salud planetaria, integrando perspectivas ecológicas, sociales y comunitarias en su práctica e investigación. Para consolidar este modelo, necesitamos un mayor respaldo institucional, más financiación específica para la investigación con impacto social y la creación de espacios interdisciplinares donde la voz de los profesionales sanitarios sea escuchada con el protagonismo científico que le corresponde.