Jonathan, con sus 194 años de lozanía molecular.

Jonathan, con sus 194 años de lozanía molecular. Xben911 - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0,

Longevidad

Jonathan, la tortuga de 194 años que podría ayudar a “diagnosticar” la longevidad

La clave estaría en actuar sobre procesos específicos para preservar la salud durante más tiempo en lugar de tratar de conservar un estado molecular "juvenil" en todo el genoma.

Publicada

Hace dos años Hao-Tian Wang, de la Academia China de Ciencias, publicó un estudio científico en el que mostraba cómo un grupo de personas especialmente longevas tenían menor metilación en la activación de diferentes genes.

Con ese punto de partida, Benjamin Vaisvil, un bioinformático especializado en genética molecular que trabaja en la compañía Igenbio, ha realizado un análisis similar tomando como referencia al ser vivo más longevo de nuestro planeta: Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra que acaba de cumplir 194 años sobre la faz de la tierra, cual Vieja Morla.

Lo interesante de este análisis es que su hallazgo interespecie -y posiblemente interclase- adelanta la posibilidad de identificar un patrón diagnóstico de la longevidad.

Vaisvil y su equipo compararon la entropía de metilación de cinco tortugas: una de 5 años, otra de 12 años, dos especímenes adultos con una edad estimada de 91 y Jonathan, con sus 194 años. Y de acuerdo con sus resultados, Jonathan es el beneficiario de una excepcionalmente baja entropía en su metiloma mitocondrial. Es cierto que la entropía de metilación no mide por sí sola el envejecimiento. Y también es cierto que la entropía baja no siempre implica que un gen se exprese mejor. Pero en el caso de nuestra tortuga, el 90,9% de las regiones estaban hipometiladas.

Las limitaciones del estudio, reconocidas por los autores (una muestra tan pequeña con una correlación tan elevada podría no ser reproducible al incrementar la n), impiden afirmar que la entropía es un predictor preciso de la longevidad individual, pero es una señal prometedora.

Siguiendo la pista a la entropía

Los autores examinaron los promotores de los genes (una región del ADN que participa en el proceso por el que se produce ARN a partir de la información genética) e identificaron 272 promotores con entropía baja en Jonathan y las dos tortugas más jóvenes, pero mucho mayor en las dos tortugas adultas. Estos genes actuaban sobre la organización y funcionamiento de las mitocondrias, la cadena de transporte de electrones y la fosforilación oxidativa, el procesamiento del ARN, la traducción de proteínas y la reparación del genoma y mantenimiento de los telómeros.

Entre esos casi 300 genes, 11 de ellos coincidían con genes incluidos en Open Gene, la base de datos que agrupa genes humanos asociados con la longevidad. Y de ellos, 6 estaban relacionados con las mitocondrias.

La hipótesis de Vaisvil es que una regulación más estable de estos genes ayudaría a mantener una producción energética eficiente durante periodos prolongados. ¿Esto significa que las mitocondrias de Jonathan son excepcionalmente eficientes? El estudio no puede ir tan lejos, porque, aunque identifica patrones epigenéticos y genes candidatos, no mide de manera directa la respiración mitocondrial, la producción de ATP o las especies reactivas de oxígeno en sus células.

El artículo sostiene que, en términos de metabolismo del ARN, una célula envejecida funciona mejor si conserva la capacidad de producir de manera fiable el ARN y las proteínas que necesita, pero el estudio no realizó secuenciación del ARN de Jonathan, de modo que no se ha comprobado directamente si estos genes se expresan con mayor estabilidad.

Vaisvil propone un modelo de envejecimiento que conecta varios mecanismos conocidos de la longevidad, pero la relación exacta entre la reparación del ADN, la restauración de la metilación y la expresión de los genes y la longevidad de nuestra tortuga aún deberán ser comprobadas experimentalmente.

Entonces, ¿qué tiene de interés? Asumiendo que sus resultados son una fuente de hipótesis para futuros trabajos, el patrón de menor entropía de Jonathan apunta a un salto entre dos cuestiones: en lugar de preguntarnos cómo evitar el envejecimiento, podemos empezar a considerar qué funciones moleculares deben ser conservadas para que un organismo mantenga su salud durante más tiempo. Es decir, en lugar de tratar de conservar un estado molecular “juvenil” en todo el genoma, podría bastar con identificar los procesos específicos cuya preservación sea clave.

Y en este sentido, Jonathan constituye un caso excepcional para explorar esa posibilidad, sin olvidar que para confirmar el mecanismo requerirá muestras mucho mayores, mediciones funcionales y experimentos que permitan distinguir la correlación de la causalidad.

Además, también abre una vía muy interesante para investigar si la entropía de determinados promotores mejora la capacidad de predecir fragilidad, enfermedad o mortalidad más allá de la edad cronológica.