Ángel, fisioterapeuta y médico.

Ángel, fisioterapeuta y médico.

MIR

Del suspenso a futuro MIR: "Hay que normalizar ver a médicos gitanos"

La promesa de su abuela llevó a Ángel a estudiar Fisioterapia, después Medicina y ahora preparar el MIR

Eva Cezón Balaguer
Publicada

Hubo un tiempo en el que Ángel estaba convencido de que no servía para estudiar. Suspendió tres veces primero de Bachillerato, dejó de ir a clase y pasó años enlazando trabajos precarios mientras veía la universidad como un lugar reservado para unos pocos. Hoy, sin embargo, es fisioterapeuta, acaba de terminar Medicina y está preparándose el MIR. Si tuviera que explicar cómo llegó hasta aquí, no hablaría de notas ni de expedientes, sino de una promesa y de su abuela, la mujer que nunca aprendió a leer ni a escribir y que le enseñó el valor de la educación. "Estudia, que te ganes un cacho de pan con el sudor de tu frente", recuerda lo que le decía a Redacción Médica. Hoy, esa promesa sigue acompañándole más cerca que nunca.

De suspender Bachillerato a estudiar Fisioterapia

La adolescencia de Ángel estuvo marcada por numerosos altibajos. Hasta la ESO, sus notas habían sido excelentes, pero con 14 años su vida dio un vuelco por completo. Un conflicto familiar le obligó a dejar su casa y marcharse a vivir con su abuela en Las Cuevas, un barrio humilde de Pinos Puente (Granada).

"Empecé a dejar de ir al instituto, le mentía a mi abuela y suspendí tres veces primero de Bachillerato. Perdí la autoestima y dejé de creer en mí", relata el fisioterapeuta y ahora médico. Hoy, con más experiencia por delante, reconoce que ese adolescente solo estaba tratando de sobrevivir.

Camarero, reponedor, azafato o vendedor de entradas en una piscina. Ángel fue sumando empleos precarios a un currículo marcado por la necesidad de trabajar en todo lo que salía. Pero su abuela, que nunca había aprendido a leer ni a escribir, conocía el valor de la educación como una vía para abrirse camino. "Lo que ella quería decirme era que me ganara la vida de forma honrada, para poder dormir tranquilo y sentirme orgulloso de quién era", explica Ángel.

A sus 27 años, Ángel le tomó la palabra y decidió hacer "lo que siempre había querido": un grado en Fisioterapia. La decisión le acabaría dando amigos maravillosos, un trabajo del que se siente profundamente orgulloso y la estabilidad económica para plantearse su futuro en Medicina. 

"Lo que ella quería decirme era que me ganara la vida de forma honrada, para poder dormir tranquilo y sentirme orgulloso de quién era" 

El fisioterapeuta que se graduó en Medicina 

Pero, sin duda, una de las etapas más exigentes para Ángel llegó cuando dio el salto a la universidad. "Durante estos seis años prácticamente no he tenido vacaciones", cuenta el médico, que cuando llegaba la época de exámenes utilizaba los días de vacaciones para poder estudiar.

Ángel compaginó su profesión como fisioterapeuta con la carrera de Medicinahasta el quinto curso. "En sexto tuve que reducir mi jornada para poder compatibilizarla con las prácticas hospitalarias", añade. Todavía recuerda aquellos momentos en los que el cansancio y las dudas amenazaban con hacerle flaquear. Pero él alzaba la vista hacia una pequeña taza que tenía sobre el escritorio. Allí, yacía plasmada una fotografía de él junto a su abuela

"Cada vez que la miro recuerdo la promesa que le hice el día de su 90 cumpleaños: terminar Medicina en seis años", asegura. Ella ya tenía entonces signos de demencia y probablemente nunca llegó a ser consciente de aquellas palabras. Ángel sí: para él, aquella promesa se convertiría en el motor durante la carrera. 

Ángel junto a un retrato de su madre y su abuela.

Ángel junto a un retrato de su madre y su abuela.

El médico gitano que lleva sus raíces con orgullo 

Pero si de algo también está orgulloso Ángel, es de su origen gitano. Una identidad que lleva consigo cada día y que forma parte de su historia. "Yo llevo la bandera gitana en la muñeca todos los días porque estoy orgulloso de mis raíces", asegura. Para él, la mejor forma de romper estereotipos es que cada vez haya más gitanos preparados, estudiando, investigando y trabajando en hospitales.

Durante su formación universitaria, Ángel asegura que nunca se sintió discriminado ni tuvo que demostrar más que sus compañeros por su origen. "Siempre he recibido un trato de respeto por parte de profesores, compañeros y pacientes", explica. Aun así, recuerda un comentario sobre una paciente gitana durante una sesión clínica que consideró inapropiado. 

Ahora, como médico, Ángel espera que historias como la suya ayuden a cambiar esa percepción. "Ojalá dentro de unos años deje de llamar la atención ver a un médico gitano", afirma.

"Ojalá dentro de unos años deje de llamar la atención ver a un médico gitano" 

Ángel prepara el MIR mientras trabaja como fisioterapeuta 

Actualmente, Ángel afronta un nuevo reto académico: prepararse el examen MIR. Lo hace con la ilusión y la confianza de alguien que ha demostrado ser capaz de superar etapas difíciles, aunque reocnoce que le está costando mantener una rutina tan estricta.

Como hizo durante la carrera, continúa compaginando los estudios con su trabajo como fisioterapeuta, que asegura ser mucho más que su punto de partida. "La Fisioterapia es mi base profesional. Me ha dado amigos maravillosos, un trabajo increíble del que me siento profundamente orgulloso y la estabilidad económica que me permitió seguir estudiando Medicina", explica.

Aunque le atraen especialidades como Traumatología, Anestesiología o Psiquiatría, no ha tomado una decisión definitiva. "Mi objetivo ahora es hacer el mejor MIR posible para tener opciones de elegir", apunta. Además, tiene claro que quiere seguir vinculado a la universidad y continuar su formación con un doctorado: "Recibí hace unos días el premio accésit por mi Trabajo de Fin de Grado y eso me ha dado el empujón que necesitaba para apostar por ese camino y querer dedicarme también a la investigación", detalla emocionado. 

"Mi objetivo ahora es hacer el mejor MIR posible para tener opciones de elegir" 

Mirando atrás, Ángel no ve en aquel adolescente a alguien que fracasó, sino alguien que, aunque todavía no sabía quién quería llegar a ser, sí tenía claro quién no quería ser. "Le daría un abrazo y le diría que estoy muy orgulloso de él", asegura. Ahora, convertido en médico y preparando el MIR, quiere cerrar la entrevista con una idea para quienes aún no creen en sí mismos: "Si puedes soñarlo, puedes lograrlo".