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Sentirse agotado todo el día, notar que el pelo se cae más, que cuesta concentrarse o que uno no se recupera igual de los entrenamientos, y aun así escuchar en la consulta que "la analítica está perfecta" es una situación más frecuente de lo que parece. Sin embargo, no hay que pasarla por alto, ya que detrás puede esconderse un problema que los análisis de rutina no siempre detectan: la falta de hierro. El error, explica la ciencia, está en pensar que si no hay anemia, no hay déficit. Y no es así.

Es por ello que Isabel Viña, médico especializada en suplementación, metabolismo y hormonas, ha explicado en una publicación en su cuenta de Instagram (@isabelvina) uno de los grandes malentendidos sobre el hierro. "Puedes tener falta de hierro (ferropenia) sin tener anemia", resume la especialista, que insiste en un matiz clave para entenderlo: "La anemia es el último escalón, no el primero". Es decir, cuando la hemoglobina baja y el problema aparece en un análisis convencional, el organismo lleva ya tiempo tirando de sus reservas.

Un proceso gradual, no un interruptor

Lo cierto es que "la falta de hierro no aparece 'de golpe' como casi nada en el cuerpo, es un continuo en el tiempo", cuenta la especialista. Por eso, "tu analítica puede estar perfecta" y a la vez encontrarte cansado todo el día, con caída del cabello o dificultad para concentrarte. Así, este deterioro se puede describir en tres fases sucesivas:

  • Bajan las reservas: la ferritina empieza a caer, pero la hemoglobina todavía está normal.
  • El hierro disponible disminuye: caen la ferritina y la saturación de transferrina, aunque la hemoglobina puede seguir en cifras normales.
  • Por último, llega la anemia ferropénica, cuando "finalmente baja la hemoglobina y lo 'ves' en un análisis rutinario".

Si el déficit se nota antes de la anemia, es porque el hierro interviene en muchos más procesos que el simple transporte de oxígeno. De hecho, forma parte de la hemoglobina, pero también de la mioglobina (que ayuda a almacenar y usar el oxígeno dentro del músculo, clave en el rendimiento deportivo), de las mitocondrias (donde se produce la energía) y de numerosas enzimas implicadas en las defensas antioxidantes, las hormonas tiroideas o el colágeno. "Por eso puedes notar una falta de hierro mucho antes de desarrollar anemia", concluye.

Qué mirar de verdad en la analítica

Uno de los mensajes más prácticos es que no basta con mirar el "hierro" a secas. ¿Qué tengo que mirar en una analítica? No solamente 'hierro'", plantea la médico, que enumera los parámetros que ella revisaría como mínimo:

  • Un hemograma completo con hemoglobina, VCM, HCM y, muy especialmente, el RDW, un valor que se altera de los primeros.
  • La ferritina, que orienta sobre las reservas "siempre que no haya inflamación".
  • La transferrina junto al índice de saturación de transferrina (IST), que indica cuánto hierro está realmente disponible para los tejidos y que, para ella, es "sin duda" el más importante.

La especialista advierte de que "una ferritina baja es muy orientativa de depósitos bajos. Una ferritina normal/alta no siempre descarta falta de hierro si existe inflamación", ya que este marcador se eleva en presencia de inflamación y puede enmascarar un déficit real. Por otro lado, los deportistas son uno de los perfiles que más tienen que tener en cuenta el hierro, ya que aquellos que "corren de manera habitual o hacen deportes de impacto repetido, pueden tener más riesgo de ferropenia incluso sin anemia", afirma Viña.

Además, se trata de una de las deficiencias "más comunes, menos reconocidas" y que más afecta al rendimiento. Entre las causas cita las pérdidas por sudor, la microhematuria, las pérdidas gastrointestinales, la hemólisis por el impacto del pie contra el suelo y el aumento transitorio de la hepcidina, la hormona que regula la absorción intestinal de hierro. Sin embargo, este déficit no siempre se percibe como un simple cansancio, ya que puede notarse en que "el mismo ritmo de carrera te cuesta más", en piernas pesadas, en tardar más en recuperarse entre sesiones o en una frecuencia cardiaca más alta de lo habitual. "Y muchas veces todo esto aparece antes de tener anemia", remarca.

Buscar la causa de la falta de hierro

Corregir este déficit no se limita a tomar hierro, ya que ese es "solo la mitad del trabajo", detalla. "Puedes tomar hierro durante meses, recuperar la ferritina y volver exactamente al mismo punto si no corriges la causa". Por eso reclama investigar el origen: reglas abundantes (y sus posibles causas ginecológicas, como miomas o pólipos), carga excesiva de entrenamiento, problemas digestivos de absorción como la celiaquía, o pérdidas de sangre gastrointestinales. En hombres o mujeres posmenopáusicas con ferropenia inexplicada, añade, cobra importancia descartar patología digestiva, incluida la colorrectal.

Por último, Viña matiza que, llegado el caso de suplementar, la elección importa. "No basta con que un suplemento 'lleve hierro'", advierte. Prioriza que se tolere y se absorba bien porque "el mejor hierro del mundo no sirve si te provoca estreñimiento, náuseas o molestias y terminas dejándolo". Y valora que incluya cofactores que ayuden a su absorción y aprovechamiento, como la vitamina C, el cobre o determinadas vitaminas del grupo B.