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El caso de Maricarmen ha sido la gota que ha colmado el vaso en el problema de la vivienda. Convertida en símbolo de lucha, su historia ha hecho aflorar en la opinión pública otros casos similares de desahucios como el de Teresa, una paciente oncológica que, a sus 72 años, se ha visto obligada a dormir en la calle tras sufrir un desahucio.

Esta mujer tiene dos diagnósticos de cáncer. El primero, según cuenta en Redacción Médica, fue de mama en 2015 y permanece "todavía en revisión". El segundo fue un cáncer de colon que le diagnosticaron en 2017 y por el que tuvo que ser operada de urgencia. Actualmente, continúa tomando medicación, recibe además dos inyecciones y necesita controlar de forma habitual su nivel de oxígeno.

Para ello, dispone de un pulsioxímetro, pero es precisamente esta necesidad la que se convierte en uno de los mayores obstáculos de su vida diaria desde que fue desahuciada. Sin una vivienda estable, Teresa asegura que necesita a otras personas para poder utilizar el concentrador de oxígeno -que funciona enchufado a la luz-. "Dependo de los vecinos, que ya me conocen todos y me dejan entrar a su casa, y de una amiga", explica.

Acceso a fármacos y otros tratamientos

Si tener que lidiar con dos diagnósticos oncológicos ya ha supuesto todo un reto para esta paciente, recuperarse de sus secuelas sin tener un techo resulta todavía más desafiante. "Estamos ante un caso doblemente grave. Cuando tú tienes una enfermedad como es el cáncer, cuanto peor esté tu entorno en todos los sentidos, más desfavorable es", advierte Begoña Barragán como presidenta del Grupo Español de Pacientes Con Cáncer (Gepac). De hecho, es muy posible que una persona en la calle como Teresa "tenga menos recursos" para costear aquellos tratamientos de soporte que no están cubiertos por la Seguridad Social, como pueden ser fármacos "antidiarréicos o algún tipo de antibiótico". "Hay muchos tratamientos que en farmacia hay que consumir y que no están financiados al 100 por cien", expone.

El tratamiento no es lo único que zozobra en estos pacientes. Afrontar una situación de este tipo puede hacer que se retrasen "consultas o pruebas". "Si ya muchas veces está difícil por las propias listas de espera y por el propio sistema, cuántas más dificultades tengamos cada uno, más difícil va a ser y más problemas va a ocasionar", afirma. Barragán también alerta de que un estado emocional alterado, fruto del trance que supone enfrentarse a "problemas tan serios" como vivir en la calle y un desahucio, no es bueno para una paciente con cáncer. "Le está afectando a su salud emocional muchísimo y eso no hace que sea bueno absolutamente para nada en su calidad de vida", detalla.

Aunque es cierto que, en este caso, Teresa ha continuado con sus revisiones y tratamientos médicos pese a vivir sin una vivienda estable. Las inyecciones que necesita se las proporciona y financia el Hospital Regional Universitario de Málaga bajo un coste de "unos 500 euros" cada una. Sin embargo, sus problemas de salud no terminan ahí. Según cuenta, sufre episodios de hinchazón en las piernas y problemas respiratorios por acumulación de líquidos. "Se me pone la pierna muy mal", relata. Para tratarlo, asegura que toma furosemida, un medicamento que le ayuda a eliminar líquidos. En definitiva, asegura encontrarse "fatal" de salud.

La falta de un techo también condiciona algo tan básico como el descanso. Desde el desahucio, Teresa ha pasado noches en distintos espacios improvisados y explica que duerme "donde sea". En los últimos días, según relata, ha podido pasar alguna noche en un local donde le han colocado un colchón y un ventilador. Además, son muchos los vecinos que la invitan a comer a sus casas para que siga cuidando su alimentación.

La precariedad económica es el origen de buena parte de su reivindicación. Teresa asegura recibir una pensión de 968 euros y sostiene que podría asumir un alquiler de unos 400 euros, que es lo que pagaba anteriormente. También explica que su hijo trabajaba y contribuía económicamente al hogar, pero ha perdido su trabajo recientemente y ahora depende de otros empleos más temporales y espontáneos. Por eso, cuando se le pregunta qué solución ve para su situación, lo que reclama solo es un lugar donde poder vivir y continuar cuidándose.