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La hija de Carlos Vicario, cirujano y traumatólogo del Hospital Universitario de Toledo, toma con bastante frecuencia la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, pero este miércoles no ha sido el caso. "Lo que ha pasado te afecta, pero tienes que seguir hacia adelante", afirma a Redacción Médica el especialista, quien, no obstante, asegura que se "te remueve muchas cosas por dentro".

La tragedia ferroviaria cercana al municipio de Urda (Toledo), que ha dejado al menos 68 muertos y una larga lista de heridos, ha vuelto a despertar recuerdos difíciles entre los profesionales sanitarios que han vivido otras catástrofes en primera línea. Carlos todavía recuerda un grave accidente de autobús que vivió durante una guardia en su época en Talavera de la Reina: "No paraban de entrar heridos y al final ibas un poco de manera automática", relata. Pero en esta ocasión lo ha experimentado, según destaca, "casi como un observador". Dice que contemplando con orgullo la respuesta "de matrícula de honor" de sus compañeros, mientras él mismo ponía su experiencia a disposición del hospital desde el primer minuto.

Vocación médica por encima de todo: "Lo primero es lo primero"

En cuanto el aviso del accidente comenzó a circular por WhatsApp a primera hora de la mañana, Carlos no lo dudó un segundo. Aunque lleva cuatro años apartado de la asistencia directa por su labor sindical en el Hospital Universitario de Toledo, su instinto como cirujano reaccionó al instante. "Me puse en contacto con el servicio de Traumatología y les dije que si necesitaban una mano estaba perfectamente disponible para ello", relata. Operar, poner escayolas, hacer suturas.... Lo que hiciera falta. El facultativo explica que su situación actual "es peculiar" al estar liberado y no contar con autorización para la actividad asistencial ordinaria en la sanidad pública. Sin embargo, cuenta como la dimensión del suceso borró de un plumazo cualquier traba burocrática: "Ante una situación de estas características, de una emergencia de estas, creo que eso pasa a segundo plano y lo primero es lo primero".

La tragedia de este miércoles volvió a activar recuerdos a su memoria de escenarios pasados, como el grave accidente de autobús que le tocó gestionar cuando trabajaba en Talavera de la Reina. Recuerda como estaba de guardia cuando un goteo incesante de heridos comenzó a llegar a Urgencias. Entre ellos, recuerda especialmente el caso de un paciente que llegó con unas lesiones muy graves y que tuvo que intervenir de inmediato. "Me lo subí al quirófano y estuve toda la mañana operándolo; luego ya no me enteré muy bien de lo que pasó por la urgencia", relata.

Son en estos momentos, y tras décadas de profesión, en los que Vicario reflexiona sobre cómo la veteranía te enseña "en cierta forma" a guardar la calma. A su juicio, este tipo de templanza "no se aprende en los libros ni en ningún curso de formación". En casos de emergencia, señala que lo más importante es saber que "hay que ir paso a paso, no tratar de darlos todos a la vez".

"Me puse en contacto con el servicio de Traumatología y les dije que si necesitaban una mano estaba perfectamente disponible para ello"

"Dentro del caos, hay una organización perfecta"

Afortunadamente, la intervención directa de Carlos no fue necesaria. "En el propio Servicio había gente suficiente. Se movilizaron todos los recursos humanos y materiales para cubrir las urgencias", señala, precisando que mientras los casos leves se derivaban a otros centros, "los verdaderamente graves subieron a quirófano".

Esta posición de espectador, que incluso tacha "de privilegiada" le permitió contemplar un despliegue que califica "de matrícula de honor". El médico cuenta que solo puede tener palabras de agradecimiento por la entrega de todo el centro. "Desde el personal de limpieza, atento a cualquier cosa que cayera al suelo, hasta los auxiliares preparando sueros o escayolas", ejemplifica. Destaca además cómo se habilitaron salas en desuso para instalar camillas y cómo compañeros sindicales estuvieron "al pie del cañón echando una mano". Un esfuerzo al que suma incluso a los propios pacientes y sus familiares. "Aceptaban la situación con una normalidad impresionante. Dada la situación que estábamos viviendo, la respuesta ha sido muy bonita", remarca.

Desde el plano sanitario, insiste en que el gran reto es la incertidumbre de no saber a qué te vas a enfrentar en un margen de tiempo tan breve. Sin embargo, recalca que la imagen de desorden exterior puede resultar engañosa. "Se puede percibir como un caos espantoso, especialmente cuando hay pacientes politraumatizados, pero dentro hay una organización", apunta el médico, que subraya que cada profesional sabe exactamente lo que tiene que hacer y "simplemente lo hace".

La digestión de una tragedia cuando eres sanitario

Pero después de toda emergencia, llega la calma, aunque, según asegura este médico "es donde verdaderamente se paga la factura". Llegas a casa, baja tu adrenalina y comienzas a meditar sobre todo lo que ha ocurrido. "Te sientes como agotado. Es una descarga enorme de presión e intensidad", recuerda, tal vez de aquellas veces que le tocó actuar en primera línea. Le ha pasado lo mismo al llegar del Hospital de Toledo, aunque también señala que "ha visto muchas cosas que se han hecho bien".

Relata cómo en los momentos de mayor tensión se apoyan psicológicamente unos compañeros entre otros. "Había gente de la especialidad de Psiquiatría que comentaban que les estaba empezando a recordar a la pandemia", relata. El facultativo recuerda que, aunque desde fuera cuesta entenderlo, la prioridad médica en una catástrofe es tajante: "Lo primero es atender a los heridos y, en segundo lugar, informar a las familias. Sé que desde fuera es muy difícil de comprender, pero estando dentro piensas únicamente en los accidentados".

Carlos cree que es pronto para medir el impacto real que una tragedia así va a dejar en la población, ya que "dependerá mucho de la procedencia de las personas accidentadas". Sin embargo, él mismo se lo lleva al terreno personal tras el pellizco de saber que su propia hija recorre a menudo esa misma línea ferroviaria. "Hace el trayecto de Córdoba a Madrid con frecuencia y claro que te afecta. No puedes dejar de vivir, pero te hace pensar muchas cosas", confiesa. Por este motivo, el médico quiere terminar con una reflexión profunda sobre la vida y la propia profesión:

"La rutina del día a día a veces te quita perspectiva. Es en situaciones de estas características donde aprendes de golpe cuáles son las verdaderas prioridades", concluye.

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