Cuando un paciente tiene una dolencia o patología de cualquier tipo, el médico en consulta establece un tratamiento que plasma en una receta. Con esta indicación, el paciente acude a retirar o recibir la terapia indicada para mejorar y abordar sus síntomas. Con esta descripción, lo más natural es pensar en un fármaco, bien sea en una oficina de farmacia o en un hospital, pero, ¿y si aplicáramos este mismo modelo a la prescripción de actividad física?
En una sociedad donde el sedentarismo y la inactividad física se han convertido en una amenaza para una tercera parte de la población mundial, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ejercicio con fines terapéuticos se ha convertido en una parte indisociable de la práctica médica. Aunque la indicación de realizar actividad física lleva años siendo parte de la agenda en consulta de los facultativos, desde la profesión apuntan a un reto más ambicioso para hacerlo más efectivo: pasar de la recomendación general a la prescripción individualizada. Este es uno de los objetivos que se ha marcado la Organización Médica Colegial (OMC), a fin de reconocer la actividad física como “una herramienta terapéutica de primer orden”.
Para el especialista en Medicina de la Educación Física y del Deporte Manel González, el aterrizaje del modelo de prescripción farmacológica en la actividad física es completamente factible. “Si en lugar de fármaco, cambiamos por un programa de ejercicio físico; en lugar de receta, le llamamos informe médico de prescripción de ejercicio, y en lugar de farmacéutico tenemos un educador físico, tenemos el mismo modelo”, explica.
“Cuando vemos las características de un fármaco, tiene exactamente los mismos componentes que puede tener un programa de ejercicio físico: posología, duración, contraindicaciones, efectos adversos, poblaciones indicadas…”
Para hacer realidad esta traslación del modelo, son imprescindibles tres elementos: una receta, una infraestructura organizativa y un centro donde ejecutar estas prescripciones de ejercicio.
Las ‘farmacias de ejercicio’ como espacio para realizar actividad física de forma supervisada
En base al avance en el desarrollo de iniciativas y protocolos a nivel nacional, el especialista apunta que se han dado pasos decididos que permiten hacer viable este modelo. Sin embargo, la mayor barrera se plantea en la disponibilidad de un espacio físico para realizar esta actividad: “Tenemos los métodos y la evidencia para ajustar la prescripción, pero no tenemos las instalaciones. No tenemos ni gimnasios ni piscinas”.
Aquí es donde entra en juego lo que González denomina como la ‘farmacia de ejercicio’ o técnicamente denominada Unidad Activa de Ejercicio Físico (UAEF). “Serían centros donde se hace actividad física deportiva en el ámbito sanitario o comunitario en base a programas coordinados con el ámbito sanitario”, expone.
González concibe un modelo en el que al frente de estas ‘farmacias’ estuvieran educadores físico-deportivos, que actuaran en base a las recomendaciones del médico prescriptor. Es aquí donde el sistema entronca con otro de sus puntos clave: la receta. Este documento, el informe médico de prescripción de ejercicio, serviría como la piedra angular para establecer un programa adaptado al contexto y las necesidades del paciente.
Partiendo de la base de fijar al médico como responsable único de la prescripción, la introducción de estos educadores plantea un desafío legal para determinar qué información sobre el paciente se emite a estos profesionales fuera del ámbito sanitario. Además, emplaza a dirimir otras cuestiones sobre el reparto de responsabilidades y funciones, de manera que se establezcan circuitos colaborativos integrando a otros profesionales como fisioterapeutas o enfermeras.
Este enfoque no es completamente nuevo, pero sí busca su consolidación definitiva. Tras el desarrollo de la Estrategia NAOS en 2007, el plan PAFES en Cataluña y el posterior Plan AMASDE, el sector ha evolucionado desde el simple "consejo médico" (implementado en iniciativas como el curso Actívate de 2014) hacia la prescripción técnica formal. En la actualidad, los facultativos disponen de guías sanitarias y prospectos estandarizados para 75 patologías distintas, con algoritmos que permiten interconectar el ámbito sanitario con el deportivo-comunitario.
Cuantificar la capacidad física para personalizar la prescripción
El representante del Colegio de Médicos de Tarragona alude a la importancia de cuantificar la capacidad física del paciente para ajustar la prescripción. Para González, esta es una cuestión en la que resulta capital apostar por la formación médica, pues son cuestiones en las que no están puestos los facultativos, más aún en un contexto en el que en los próximos años se prevé un déficit de especialistas en medicina deportiva por la interrupción de su participación en la convocatoria MIR. “Tenemos que aprender a medirlo bien para introducirlo en la historia clínica. Hay que ajustar la prescripción y la intensidad de la actividad a la condición física”.
Un cometido para el que apunta que existen indicadores concretos para medir la capacidad cardiorrespiratoria o la fuerza, como los METS o los informes de condición física, una suerte de analítica sobre los parámetros de condición física. Los equivalentes metabólicos o METS (por sus siglas en inglés) son una unidad de medida para la capacidad física con una correlación demostrada sobre la supervivencia, de tal forma que “mantener una capacidad superior a 10 METS reduce a casi la mitad el riesgo de morbimortalidad en comparación con niveles de 6 para todas las patologías crónicas”, explica el doctor.
El especialista resalta que el impacto de la inactividad va mucho más allá de un problema de control de peso. Afecta directamente a la función pulmonar, cardíaca y vascular, provocando resistencia a la insulina, deterioro sistémico, dolor crónico, mayor fragilidad y una dependencia progresiva que retroalimenta un círculo vicioso. A ello se suman sus consecuencias en la salud mental, manifestadas en altas tasas de ansiedad y depresión, así como un incremento en la incidencia de cánceres y patologías cardiovasculares. Con un especial impacto en patologías crónicas, metabólicas y musculoesqueléticas, para González, con un modelo interdisciplinar y personalizado en base a recomendaciones clínicas, el deporte puede convertirse en “la mejor medicina”.
La clave del ejercicio reside en su respuesta bioquímica. Con el movimiento muscular se liberan "exerquinas", sustancias químicas que actúan sobre el tejido adiposo, el sistema nervioso, el hígado y el aparato cardiovascular.
