La creatina, uno de los suplementos más consumidos para el rendimiento deportivo y el ejercicio físico, acaba de entrar en el terreno de la inmunología oncológica. Un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ha demostrado que la creatina ralentiza de forma significativa el crecimiento tumoral en modelos de melanoma en ratón. Esto se debe a que la molécula alimenta a las células que dan la orden de ataque al sistema inmunitario.
El trabajo, firmado por Elliot Kang, James Elsten-Brown y Yu-Chen Wang como primeros autores y publicado en la revista iScience, se apoya en una línea que el mismo laboratorio abrió en 2019, cuando demostró que la creatina alimenta a los linfocitos T citotóxicos. La novedad es que también nutre a las células dendríticas, un tipo celular distinto que captura fragmentos tumorales y es el encargado de instruir y activar a esos linfocitos.
Un transportador que se dispara dentro del tumor
Los investigadores partieron de un cribado: qué genes metabólicos estaban más activos en las células dendríticas infiltradas en tumores de ratón. La respuesta apuntó a uno en concreto, el que codifica el transportador de creatina (CrT, gen Slc6a8), la proteína que introduce la molécula dentro de la célula. Su expresión estaba marcada al alza respecto a las células dendríticas del tejido sano.
Es un dato revelador, porque el microambiente tumoral es un medio pobre en nutrientes donde las células inmunitarias compiten por los recursos con células cancerosas de crecimiento rápido. Que las dendríticas refuercen justo ese transportador sugiere que dentro del tumor buscan creatina de forma activa para sostenerse.
Para comprobar si esa captación era realmente necesaria o solo un fenómeno acompañante, el equipo recurrió a ratones modificados genéticamente para carecer por completo del transportador. Sus células dendríticas mostraron una supervivencia deteriorada, una activación reducida y una capacidad debilitada para preparar a los linfocitos T frente al tumor. Cuando esas células deficientes se cultivaron junto a linfocitos, estos se dividieron menos y produjeron menos moléculas de señalización de las necesarias para combatir el cáncer.
Y después, la intervención inversa
Una vez confirmado que quitar la creatina empeora la respuesta, los investigadores probaron lo contrario: administrarla. Las inyecciones diarias de creatina en ratones con melanoma ralentizaron significativamente el crecimiento del tumor y aumentaron tanto la abundancia como el grado de activación de las células dendríticas infiltradas. Esas células tratadas produjeron además niveles más altos de señales químicas que atraen a otras células inmunitarias hacia el tumor.
El análisis metabolómico explicó el mecanismo. La suplementación elevó los niveles intracelulares de ATP, la moneda energética con la que la célula paga prácticamente cualquier función, y mantuvo activas las vías de señalización inflamatoria necesarias para que la célula dendrítica se active. La creatina funcionaría como una batería que almacena y libera energía a demanda, permitiendo a estas células sostener un nivel estable pese a competir por nutrientes con el tumor.
Médico investigando contra el cáncer
La prueba en células humanas
Hay una parte del trabajo que va más allá del modelo animal. El equipo probó el efecto de la creatina sobre células dendríticas humanas derivadas de monocitos, que son precisamente las que se emplean en la fabricación de vacunas antitumorales celulares. El tratamiento mejoró su activación y su capacidad de estimular linfocitos T humanos frente a una diana asociada al cáncer.
De ahí se desprenden dos aplicaciones posibles. "El potencial que vemos es que la creatina podría usarse de dos formas complementarias: como suplemento para reforzar la respuesta inmune de pacientes que ya reciben inmunoterapia, y como herramienta para mejorar la calidad de las vacunas basadas en células dendríticas", señala Elsten-Brown, coautor principal e investigador predoctoral del laboratorio.
El contexto clínico ayuda a entender el interés. Las inmunoterapias aprobadas actúan sobre los linfocitos T de forma directa, pero solo entre el 20 y el 40% de los pacientes responden a ellas. Reforzar a las células que entrenan y activan a esos linfocitos podría, en teoría, ampliar ese porcentaje.
"La creatina no solo ayuda a los linfocitos T que combaten el cáncer, también energiza toda la infraestructura que los sostiene y los guía", destaca Lili Yang, autora sénior del trabajo y catedrática de Microbiología, Inmunología y Genética Molecular en UCLA. Su coautor Elliot Kang añade que dar soporte metabólico a las células dendríticas consiste en sostener la respuesta antitumoral completa, y no únicamente a los linfocitos que ejecutan el ataque al final de la cadena.
Algunas limitaciones
Cabe destacar que el estudio se realizó en células y en ratones, no en pacientes, y no debe extraerse de él ninguna recomendación dietética o médica, tal y como señalan los propios investigadores. Cualquier persona en tratamiento oncológico, añaden, debe consultar con su médico antes de incorporar un suplemento.
A su vez, conviene subrayar además que no hay datos sobre prevención, ya que el estudio mide qué ocurre con tumores ya implantados. En ningún momento evalúa si la creatina reduce la probabilidad de desarrollar un cáncer, de modo que cualquier lectura preventiva excede lo que el trabajo sostiene. Igualmente, los ratones recibieron la creatina inyectada a diario, por lo que la equivalencia con la suplementación oral en humanos está por determinar, igual que la dosis y el momento adecuados.
Por último, hay un interés comercial declarado. La estrategia terapéutica descrita está cubierta por una solicitud de patente presentada por la Oficina de Transferencia Tecnológica de UCLA en nombre de la Universidad de California. Es información pública, no invalida los resultados, pero forma parte del contexto.
El equipo quiere ahora colaborar con clínicos para diseñar ensayos prospectivos que evalúen si la suplementación con creatina mejora los resultados en pacientes que reciben inmunoterapia. Hasta que existan, la nota institucional recuerda que las estrategias experimentales descritas no han sido probadas en humanos ni aprobadas por la FDA.
