"Nadie deja su hogar a menos que su hogar sea la boca de un tiburón", recita Warsan Shire en Home. Unos versos que reflejan el drama tras el hecho de hacer una maleta y despedirse de la calidez del lar. Si bien es cierto que la obligación no siempre subyace en el acto de migrar y no todas las fauces son iguales, buena parte de las mudanzas internacionales responden a la búsqueda de una vida mejor. Este es el objetivo de los centenares de sanitarios que han dejado España en los últimos años. Las condiciones laborales del Sistema Nacional de Salud (SNS) o los centros de investigación son los dientes que cercenan las esperanzas de los profesionales. No es la mordedura de la guerra, pero tiene la suficiente fuerza como para que muchos hayan preferido modificar su código postal.
Médicos y enfermeras acostumbran a subirse a un avión para cambiar su suerte. Pero también los integrantes de otros gremios, como los titulados en Farmacia. Oportunidades científicas y puestos de mayor reconocimiento en la industria alientan a este perfil de Ciencias de la Salud a buscar un futuro más allá de las fronteras nacionales. Este es el caso de Adrián Puerta, Manuel Serrano y Miguel Quiralte. Tres historias de migración dentro de una la profesión que este viernes 25 de septiembre celebra el Día Mundial del Farmacéutico.
Más de 3.000 kilómetros por trabajar como investigador
Adrián Puerta es farmacéutico y canario. Es más, estudió el grado en la Universidad de La Laguna (Tenerife), donde también realizó el doctorado. Sin embargo, sentía que su archipiélago natal no le ofrecía el reconocimiento adecuado por trabajar de su pasión: la ciencia. "Decidí mudarme por una mezcla de necesidad de formación, una mejor situación laboral y un interés personal por conocer otras culturas", ha indicado a Redacción Médica. "Sabía que la única manera de dedicarme a la investigación farmacéutica en condiciones decentes", ha agregado.
Así, el joven cambió Canarias por Alemania. En concreto, recaló en Karlsruhe, una ciudad del sudoeste del país. Allí, enlaza contratos como investigador posdoctoral en el Karlsruher Institut für Technologie desde noviembre de 2024. Un centro en el que intenta estabilizarse, mientras trabaja en proyectos relacionados con el descubrimiento de fármacos a través de la Biofísica. Ni la urbe ni su ocupación fueron un impedimento. "Es cierto que no era de mis primeras opciones, pero me he adaptado bien", ha respondido.
Pese a no haber alcanzado un puesto fijo todavía, su situación laboral es mejor que la que dejó en España. "Nadie se mete en ciencia para hacerse millonario, pero ahora puedo vivir con unas condiciones materiales que no tenía antes", ha reconocido. La importancia dada por Alemania a la innovación farmacéutica se encuentra tras este cambio. "No hay color a nivel de inversión", ha afirmado. Para ello, compara la financiación recibida para un proyecto particular en el marco de la institución en la que labora, centrado en la evaluación de fármacos con el objetivo de comprobar si la resistencia a estos va unida a alteraciones físicas en las células tumorales en el páncreas. "Me dieron una cantidad de dinero que era lo que solicitaban mis supervisores en España a través de planes nacionales para un año entero", ha asegurado.
Cruzar el Atlántico para hacer ciencia
A Miguel Quiralte también le llama la investigación. Su camino fue el mismo que el de Puerta: grado y doctorado en España -en particular en la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad CEU-San Pablo, respectivamente-, seguido de un contrato posdoctoral en el extranjero. En su caso, optó por Norteamérica frente a Europa.
En concreto, Quiralte trabaja en el Wistar Institute de Filadelfia (Estados Unidos). Su labor se centra en la búsqueda de estrategias terapéuticas para hacer frente al glioblastoma, el tumor cerebral maligno más común y agresivo en adultos. "Tuve la oportunidad y no dudé, ya que siempre te recomiendan hacer alguna estancia en el extranjero al finalizar el doctorado", ha aseverado. De momento, lleva más de dos años en suelo estadounidense.
Quiralte ha compartido que los primeros meses fueron complicados. "Era la primera vez que me iba a vivir solo y encima a muchos kilómetros de distancia. No fue fácil dejar atrás a mi familia y a mi pareja, con la que llevo casi 11 años", ha recordado. Pero, poco a poco se adaptó a su vida en Filadelfia. "Este tipo de experiencias te ayudan a crecer como persona", ha admitido. Un país al que se ha amoldado y en el que reconoce una ventaja sobre su lugar de origen. Una vez más tiene que ver con la inversión. "Hay una gran cantidad de recursos y dinero para poder desarrollarte con total libertad. Se nota que hay diversas maneras de financiar tu proyecto mientras que en España no se incentiva el I+D, las becas son escasas y las cuantías que dan por ellas son ínfimas", ha explicado.
De Reino Unido a Australia
José Manuel Serrano hace décadas que dejó España. Nada más acabar la carrera en la Universidad de Salamanca se mudó al Reino Unido. "Cuando pude ver cual era la prosperidad para mí como farmacéutico en España decidí irme", ha señalado. El reconocimiento de la profesión, la seguridad laboral y financiera y las oportunidades de desarrollo, unidas a la experiencia de vivir en el extranjero, le llevaron a las Islas Británicas. Sin embargo, el archipiélago no fue su parada definitiva.
El farmacéutico vivió 12 años en Reino Unido. En concreto, en Norwich, donde trabajó en oficina de Farmacia, sistema penitenciario y universidad, además de en el Sistema Nacional de Salud (NHS). "Tenía una calidad de vida bastante buena", ha calificado Serrano. Sin embargo, él, acompañado por su mujer y su hija, decidió volver a montarse a un avión. El destino fue Australia. "Me incorporé en un puesto de profesor en la Universidad Tecnológica de Queensland, donde tenía que rediseñar y desarrollar el programa de Farmacia", ha expuesto. Oceanía le permitió explorar el mundo educativo, en el que se ha mantenido, actualmente como coordinador del programa científico del Instituto de Investigación Médica de Queensland.
Pese a la seguridad laboral ofrecida por Australia, Serrano reconoce que el Reino Unido cuenta con mayores posibilidades laborales. La complicada colegiación del país-continente, en pro de sus profesionales locales, impide el aprovechamiento del talento sanitario extranjero. "En cualquier caso, las oportunidades son mayores que en España", ha lamentado.
Volver a España con condiciones
La posibilidad de regresar siempre revolotea por la mente de todo aquel que migra. "No hay ningún lugar que pueda compararse a España", ha apuntado Quiralte. Es más, el farmacéutico en Filadelfia tiene la intención de volver a finales de este año, una vez haya concluido su proyecto. "Sé que la situación es complicada a nivel laboral, pero creo que mi perfil puede ser interesante para los laboratorios", ha continuado. "El problema es que la contratación parte de becas posdoctorales que son mínimas y muy competitivas", ha suspirado. Razón por la que no descarta un puesto en industria, ensayos clínicos u oficina de Farmacia.
Puerta tampoco se cierra al retorno, aunque a largo plazo y siempre que se den condiciones dignas. "Quiero trabajar en investigación y con seguridad laboral. Esto último es fundamental, pese a que pierda recursos", ha incidido. Más complicado lo ve Serrano, quien lleva 25 años en el extranjero. "España es un país fabuloso para estar en un puesto alto o jubilarse, pero es bastante difícil para empezar con una familia o en un ámbito profesional con el que no has estado en contacto", ha destacado.
Asimismo, los tres señalan que el sector nacional tiene que cambiar para resultar eficaz en la retención de talento. Puerta aboga por una Farmacia en la que no solo se priorice el ámbito comunitario. "El farmacéutico no debe estar centrado únicamente en la venta, ya que las personas empiezan a vernos como un profesional que solo vende medicamentos", ha reivindicado en pro de la figura del investigador. Quiralte insiste en la necesidad de subir los sueldos. "A nivel salarial, la diferencia entre España y Estados Unidos es abismal. Es cierto que la calidad de vida es distinta, pero el precio del alquiler es similar en Madrid y Filadelfia", ha comparado. Serrano advierte sobre la falta de peso de la esfera pública en el mundo farmacéutico, donde los ámbitos comunitario e industrial son de titularidad privada. "En el momento que se da prioridad al negocio sobre el servicio surgen muchos intereses", ha sostenido. A su vez, remarca el aislacionismo en el que trabajan algunos de los integrantes del colectivo y el menor número de competencias asistenciales de los citados profesionales. "Deben tener más autoridad a la hora de ejercer en salud, ya que están en primera línea del paciente. Su tratamiento tendría que ser más global y en colaboración con el hospital", ha sentenciado.
Una serie de ideas que comparten con las decenas de farmacéuticos que un día decidieron abandonar España. Propuestas con las que limitar los dientes que aceleraron la salida del hogar. Una boca con la que muchos todavía sueñan a kilómetros de distancia.
