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La tecnología inmersiva no solo se abre paso en las facultades de todo el mundo, sino que ya se ha convertido en una revolución para la docencia universitaria. Las aulas ya son partícipes de estas herramientas que apuntan a sustituir y complementar las metodologías más tradicionales por unos entornos digitales hiperrealistas. Y las Ciencias de la Salud no se quedan atrás en este cambio. En el ámbito de la Enfermería, la realidad virtual apunta a ser un gran aliado, aunque un estudio impulsado en la Universidad de Barcelona muestra las luces y las sombras del uso de este tipo de tecnología. Una investigación que deja una lectura sobre estas herramientas tecnológicas y es que centra su discurso en el que en el uso de realidad virtual en la enseñanza de la Enfermería no todo es blanco o negro.

El propio título del análisis ya expone una idea sobre el texto: Efectividad de la realidad virtual inmersiva en estudiantes de Grado de Enfermería para el entrenamiento en reanimación cardiopulmonar: Un ensayo controlado aleatorizado. La investigación, publicada en la revista científica Nurse Education Today, estudia a 211 alumnos de la Universidad de Barcelona que se encuentran cursando estos estudios en el cuarto año de carrera.

En concreto, el ensayo evalúa si la incorporación de visores inmersivos, como las gafas de realidad virtual, mejoraba la autoconfianza y el rendimiento técnico en maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) en unas prácticas en las que se recurrió al uso de maniquíes.

Además, organizados en grupos reducidos de trabajo, los estudiantes del grupo experimental entrenaron el algoritmo de soporte vital a través de una experiencia inmersiva de 15 minutos en un entorno virtual de Atención Primaria, para posteriormente enfrentarse a la simulación presencial de alta fidelidad.

¿Cómo afecta la realidad virtual a la Enfermería?

Los resultados del estudio 'frenan' parte del entusiasmo tecnológico. En concreto, el estudio especifica que la realidad virtual no logró incrementar ni la autoconfianza de los alumnos ni su rendimiento técnico grupal en las maniobras de RCP al compararlos con quienes solo realizaron la simulación clásica. La realidad es que este hallazgo cuestiona la idea de que la inmersión tecnológica por sí sola se traduzca automáticamente un mejor desempeño asistencial o una mayor firmeza emocional en situaciones de crisis.

Junto a esta falta de impacto en el rendimiento clínico, la investigación desprende varias sombras relacionadas con el uso de esta tecnología, así como con la logística en el ámbito de la docencia. Para ser más concretos, más de un tercio de los estudiantes señaló que había tenido mareos ocasionales, a los que se sumaron dolores de cabeza, molestias en el cuello por la posición de la mirada y dificultades de adaptación en el caso de aquellos con gafas graduadas.

Asimismo, la imposibilidad de formular dudas en tiempo real dentro del software o corregir fallos sobre la marcha supuso una barrera en el aprendizaje.

Sin embargo, el ensayo también ha sacado a la luz varias luces en lo que a la pedagogía se refiere. Según explica el estudio, a través del cuestionario estandarizado USE, los futuros enfermeros puntuaron de manera sobresaliente la facilidad de aprendizaje, la utilidad percibida y la satisfacción general de la experiencia inmersiva. En esta línea, la realidad virtual fue valorada muy positivamente por permitir una práctica autónoma en la que el estudiante puede equivocarse sin la exposición o el temor al juicio de sus compañeros y profesores.

Una de las conclusiones más destacadas de esta investigación se centra en la tolerancia a la ambigüedad. Es decir, en la capacidad personal para gestionar e interactuar en entornos complejos con información incompleta. Este fue valorado como un signo de una mayor confianza.

Con estas luces y sombras, los autores del ensayo hacen varias propuestas. En el caso del plano más pedagógico, apuestan por reconsiderar la realidad virtual no como un sustituto a la hora de potenciar la habilidad técnica de los estudiantes, sino como una herramienta de simulación clínica que se debe sumar a los métodos tradicionales (especialmente a las RCP con maniquíes más comunes). Esto, según apunta la investigación, puede ayudar a los estudiantes de Enfermería a llegar a la simulación presencial con más conocimientos.

El trabajo se centra así en sacar a relucir las ventajas y desventajas de la realidad virtual en el Grado de Enfermería. Una tecnología que debe valorarse desde el enfoque del coste-efectividad, teniendo en cuenta no todos son luces. Y no todo es negro.