"El MIR no te define ni como persona ni como profesional", sentencia Lidia, que hace apenas unos meses terminó la carrera de Medicina. Su día a día ahora transcurre ahora entre los simulacros, los manuales y las pequeñas renuncias que ha tenido que ir haciendo. "La preparación del examen implica renunciar a parte de la vida social y del tiempo con los seres queridos para dedicar muchas horas al estudio", dice con un poco de resignación a Redacción Médica. Una renuncia que también ha llegado a su faceta más deportiva y que, desde que tiene uso de razón, le ha ayudado en los momentos de mayor estrés. "Cuando acabe estaré deseando pisar de nuevo el tatami", detalla la asturiana, que lleva desde pequeña compitiendo en kárate.
En este camino, Lidia asegura que aprender a organizarse, reservar momentos para desconectar y apoyarse en su entorno se ha vuelto fundamental para mantener el equilibrio y afrontar el estudio sin perderse a sí misma. "Tengo mucha suerte con mi círculo, con mi familia, con mis amigos, con mi pareja. Me apoyan muchísimo", agradece. En su caso, dice no sentir presión por sacar una nota concreta. Tal vez porque durante los rotatorios se enamoró de varias especialidades, con Medicina General a la cabeza. "Confío en que, cuando llegue el momento, encontraré mi lugar", asegura.
¿Cómo se prepara el MIR?
Lidia acaba de comenzar la tercera vuelta de preparación del MIR, una etapa que dice afrontar "con algo de miedo", pero también con la ilusión de ver cada vez más cerca el final del proceso. Para abrumarse por los meses que quedan para el examen, la estrategia de la médica pasa por fijarse objetivos semanales y avanzar poco a poco. "Creo que vivimos semana a semana. Cada semana se hace un mundo", subraya. En su caso, cada asignatura marca el ritmo de estudio y el domingo se convierte en el momento de hacer balance y preparar los siguientes días.
Su jornada, según relata, comienza antes de las ocho de la mañana y se prolonga hasta las nueve y media de la noche. Entre medias, reserva tiempo para comer y, cuando el cansancio se lo permite, hacer algo de deporte. Además, dedica dos horas diarias a las clases de la academia. Los simulacros también se vuelven fundamentales para aprender a controlar el tiempo, probar distintas estrategias y acostumbrarse a la presión propia del examen.
"No creo que sea el día más importante de nuestra vida", señala. Para ella, entender que se trata de una prueba que se repite cada año permite afrontar el proceso con "algo más de tranquilidad".
La importancia de cuidarse durante el MIR
Lidia ha encontrado en el deporte un salvavidas en momentos de mayor estrés. Durante años compitió en kárate, una disciplina que también la acercó al ámbito sanitario a raíz de las lesiones que sufrió. "Estaba todos los días en contacto con médicos y fisioterapeutas. Creo que un poco de ahí surgió mi interés por la Medicina". Hasta tal punto que la asturiana ya no se imaginaba en ninguna otra profesión. Sin embargo, las exigencias de bachillerato y conseguir la nota necesaria para entrar en la carrera le alejaron del tatami. Más adelante, durante la universidad, intentó mantener el vínculo con el kárate a través del arbitraje y la enseñanza, ya que su padre había sido su entrenador.
Ahora, la preparación del MIR apenas le deja tiempo para volver. "No soy capaz de sacar tiempo, pero estoy deseando terminar la preparación para poder pasarme por el tatami", reconoce. Por eso, intenta buscar otras formas de desconectar, como hacer deporte cuando puede, viajar o quedar con amigas a las que no ve tanto durante la oposición.
Lidia también agradece el apoyo de su entorno, que describe como "una pieza fundamental" para sobrellevar los momentos difíciles. "Tengo mucha suerte con mi círculo, con mi familia, con mis amigos, con mi pareja. Me apoyan muchísimo", dice agradecida. Aun así, admite que pasar tantas horas estudiando puede resultar solitario y que las primeras vacaciones fueron un punto de inflexión al tomar conciencia de todo lo que se estaba perdiendo. "No dejo de hacer cuando puedo pequeñas escapadas para recuperar energía antes de empezar otra semana de preparación", detalla.
"Estaba todos los días en contacto con médicos y fisioterapeutas. Creo que un poco de ahí surgió mi interés por la Medicina"
Consejos para afrontar el examen MIR
A quienes estén pensando en preparar el examen, Lidia les recomienda relativizar su importancia y no vivirlo como una prueba que determine su futuro por completo. A su juicio, la idea de que los estudiantes de Medicina no pueden fallar puede convertirse en "una presión añadida que dificulta el camino". Considera importante cambiar la perspectiva y entender el MIR como un paso más hacia el comienzo de la vida laboral. "Cuando comienzas a dejar de verlo como un proceso negativo, yo creo que lo empiezas a asociar más a una oportunidad", afirma.
También aconseja tener paciencia con uno mismo. "Va a haber días que se va a sentar en el escritorio y no va a tener ganas de estudiar", advierte al recordar qué le habría gustado saber cuando comenzó. En este sentido, la asturiana apunta a que los descansos y el trabajo constante permiten avanzar y empezar a ver resultados.
Su propia experiencia le ha permitido comprobar, además, cómo los conocimientos adquiridos durante la carrera cobran sentido fuera de los libros. En un vuelo de regreso de Granada a Asturias, ella y una amiga que también prepara el MIR ayudaron a atender a un pasajero indispuesto. "Es como decir: 'Guau, cuidado, que lo que estamos estudiando sirve para algo'", recuerda. "Es como decir: “Guau, cuidado, que lo que estamos estudiando sirve para algo", recuerda entre risas. Ahora, con el MIR como último paso antes de iniciar su vida laboral, Lidia prefiere no anticiparse al futuro. "Confío en que, cuando llegue el momento, encontraré mi lugar", concluye.
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