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Esta es la segunda vez que Liliam se prepara para el MIR. "Creo que ahora voy mucho más preparada", asegura a Redacción Médica. Su primer intento lo recuerda como "un caos", marcado por las dificultades para conciliar la preparación del examen con la maternidad, la búsqueda de empleo y la incertidumbre sobre su futuro profesional. Por aquel entonces pensaba que la homologación de su título, al que llevaba tres años esperando, estaba a la vuelta de la esquina. "Pero no llegó", recuerda.

Aquella espera condicionó su primera preparación, aunque ahora considera que el esfuerzo de entonces le ha servido para afrontar esta nueva etapa "más tranquila". "Tengo todos los apuntes y puedo estudiar a mi propio ritmo", asegura la médica. Tras años de formación en su país natal y de trabajos precarios, ahora tiene la mirada puesta en un objetivo claro: conseguir plaza en la especialidad de Cardiología. "Aunque no me cierro a otras especialidades", sentencia.

De Cuba a Venezuela: los primeros pasos de Liliam en Medicina

Su historia, como la de muchos médicos extracomunitarios, comenzó en su país natal, Cuba, donde nació su vocación por la Medicina. "Allí existe un sistema que se llama Palacio de Pioneros, donde cada niño desde pequeño puede apuntarse a una actividad específica", relata. Ella se interesó por la ciencia y comenzó a familiarizarse con algunas técnicas de Enfermería en actividades organizadas por Cruz Roja.

Su interés por la terapia intensiva y las unidades de cuidados intensivos (UCI) surgió durante un diplomado en Cuidados Intensivos y Emergencias que realizó mientras terminaba el último año de carrera. "Allí aprendí sobre casos que no vi durante los primeros años de carrera", señala. Según la sanitaria, aquel diplomado "tenía un objetivo político", ya que, una vez finalizado, se mudaría a Venezuela como parte de una misión internacional en el marco de un convenio entre ambos países.

"Estuve casi cuatro años en Caracas, trabajando en una zona de difícil acceso y de mucha violencia", recuerda. Allí, explica, cada jornada estaba marcada por la incertidumbre: "No sabías lo que te podrías encontrar". Aunque reconoce que aquella experiencia le generó "algunos miedos", también afirma que aprendió de muchos profesionales.

Tras regresar a Cuba, Liliam se presentó a unas oposiciones y consiguió acceder a la especialidad de Endocrinología. Sin embargo, su trayectoria dio un giro cuando surgió la oportunidad de trasladarse a España. "La abandoné", explica sobre aquella especialización, que dejó atrás para emprender una nueva etapa en un país donde esperaba crecer laboralmente.

"Estuve casi cuatro años en Caracas, trabajando en una zona de difícil acceso y de mucha violencia"

Una homologación del título "terrible e interminable"

Sus primeros planes en España pasaban por prepararse el MIR o hacer algún máster. Pero pronto descubrió que el camino sería más complicado de lo que había imaginado. Liliam no había podido iniciar los trámites de homologación de su título desde Cuba. "Allí los médicos con especialidad están muy regulados por el Gobierno y yo me fui rápido en cuanto tuve la oportunidad", explica. Esta situación, según relata, retrasó "enormemente la legalización de su documentación" a más de cuatro años de espera.

"Fue terrible, pero me hizo aprender y crecer", afirma. Durante aquel periodo aprovechó para realizar cursos de actualización que le permitieron refrescar conocimientos médicos y adquirir nuevas competencias. "Me apunté a un voluntariado con Cruz Roja, donde hacía primeros auxilios y técnicas básicas", recuerda. Lo que compaginaba con trabajos temporales como camarera o cuidadora de personas mayores. "A veces me sentía frustrada por haber estudiado una carrera y no poder ejercer, pero al convertirme en madre miraba la vida con otra responsabilidad", reconoce.

Poco después del nacimiento de su primera hija en 2022, decidió comenzar a preparar el MIR por primera vez. Se apuntó a una academia con la intención de presentarse a la convocatoria de 2023, convencida de que la homologación de su título estaba a punto de resolverse. "Pero no llegó, aunque no lo veo como tiempo perdido", defiende. De aquella primera preparación conserva apuntes, resúmenes y conocimientos que ahora se han convertido en "una ventaja" para su segundo intento. No obstante, reconoce que las circunstancias familiares hacen que esta nueva etapa también resulte "especialmente exigente".

"A veces me sentía frustrada por haber estudiado una carrera y no poder ejercer, pero al convertirme en madre miraba la vida con otra responsabilidad"

¿Cómo se prepara el MIR con dos hijas?

Si antes podía aprovechar los momentos en los que dormía su primera hija para organizar sus jornadas de estudio, ahora debe adaptar su rutina a las necesidades de dos niñas. Por ello, ha decidido cambiar también su método de preparación. En lugar de matricularse en una academia tradicional, con horarios exigentes y largas jornadas de estudio, ha optado por una modalidad online que le permite organizarse con mayor libertad. "Tengo que ser realista porque sé que lo otro no lo voy a cumplir", explica

Su rutina comienza por la mañana, después de dejar a sus hijas en el colegio, cuando intenta dedicar un par de horas a repasar el temario. Sin embargo, es por la noche, cuando las obligaciones familiares disminuyen, cuando encuentra sus momentos de mayor concentración. "A veces me dan hasta las dos de la mañana estudiando", señala. Los test también forman "parte fundamental de su preparación", a las que suele dedicar entre 20 y 30 minutos.

Pese a las dificultades, tiene claro qué especialidad le gustaría elegir si consigue una buena posición en el examen. "Tengo una relación muy íntima con la Cardiología", reconoce. Aunque es consciente de la competitividad que existe en torno a esta especialidad, sí que está convencida de que tiene posibilidades. Pero también mantiene abiertas las puertas a otras posibilidades, entre ellas Medicina de Familia, Aparato Digestivo o Endocrinología.

Su experiencia también le ha permitido cambiar la manera de entender la preparación del MIR. Cuando se le pregunta qué consejo daría a quienes se encuentran en una situación similar, insiste en que "cada caso es único", pero tiene claro qué le habría gustado escuchar durante su primera preparación: "Hay que organizar el estudio de manera que no sea 100 por cien estudiar". Y pone como ejemplos dedicar tiempo a la familia y a los amigos, descansar o simplemente salir a dar un paseo como aspectos esenciales "para luchar contra la carga mental".

También advierte sobre uno de los errores que reconoce haber cometido durante su primer intento: compararse constantemente con otros aspirantes. Ahora, con una perspectiva diferente y más consciente de sus circunstancias, reivindica la importancia de respetar los ritmos personales durante la preparación. "Hay que descansar sin sentirse culpable", concluye.

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