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A Judith se le quiebra ligeramente la voz cuando piensa en su yo de hace un año cuando se presentaba por primera vez al examen EIR. Si pudiera hablar con ella, tiene claro lo que le diría: "No pasa nada si no lo consigues a la primera. Todo este trabajo, estas horas y estos sacrificios no van a delimitar lo que sabes, ni jamás van a definir si eres mejor o peor enfermera". Siempre ha sabido que su destino sería ser matrona, pero por circunstancias de la vida tardó un poco más en decidir que al final quería especializarse. Por el camino comenzó a trabajar en el área de Salud mental de un hospital y renunció a una plaza como residente en dicha especialidad enfermera. "Mi sueño pesaba más y quería especializarme en algo que me pudiera dar seguridad en el futuro", explica la enfermera, que señala cómo su vocación conecta con una tradición familiar.

Ahora compagina el estudio con una reducción de jornada en el trabajo, aunque asegura que el camino "ha sido muy duro" hasta llegar a ese equilibrio. Apoyada en su familia y en la comunidad que ha creado en redes sociales, Judith afronta esta etapa con la serenidad y la certeza absoluta de que, tarde o temprano, cumplirá su sueño.

Renunciar a una plaza EIR para convertirse en matrona

El vínculo que Judith tiene con la especialidad de matrona se remonta a mucho antes de su nacimiento. En su familia, de origen andaluz, siempre ha existido una tradición de mujeres parteras. Y, entre esas historias que su tío abuelo siempre le contaba, destacaba el caso de su tatarabuela, la última en serlo. "Cuando alguien se ponía de parto en el pueblo siempre la llamaban a ella, que solía ir con su burra", relata emocionada. Al no saber la mayoría leer, ella llevaba un libro a cuestas donde por medio de dibujos se guiaba sobre la anatomía femenina y el proceso del parto. "Creo todo viene un poco de ahí", asegura convencida.

Un interés que, sin embargo, no fue el primero que desarrolló cuando le tocó introducirse en el mercado laboral. "El último año de carrera pude probar la especialidad de Psiquiatría y me enamoré también de ella", recuerda, y más tarde comenzó a trabajar como enfermera en dicha área. Pero lo que tenía claro es que quería sacarse una especialidad "para tener cierta seguridad". "Sé que en Cataluña, por ejemplo, la especialidad de salud mental no está regulada, pero quién sabe si en un futuro lo estará. Quería asegurarme el futuro", afirma.

Decidió entonces presentarse por primera vez al EIR y, aunque consiguió una plaza para formarse como enfermera en Salud Mental, decidió renunciar a ella. Sentía que su sueño de ser matrona estaba por encima, aunque asegura que "no descartar" sacarse la especialidad de salud mental más adelante en su vida.

"El último año de carrera pude probar la especialidad de Psiquiatría y me enamoré también de ella"

Así es el día a día preparando el EIR

Para compaginar la oposición con su trabajo, Judith solicitó reducirse la jornada laboral en el Hospital de Mataró, un centro concertado donde, asegura, no le pusieron ningún impedimento. "Ellos adaptaron mi contrato a mis necesidades", detalla. Así ha podido construir una rutina diaria milimétrica. Entre semana, su jornada de estudio empieza a las 7:30 de la mañana. "Prefiero aprovechar las horas de luz del día; estudiar por la tarde cuando ya se hace oscuro me deprime", señala. También sigue a rajatabla el calendario de la academia y, al llegar las 18:00 horas, para "sin sentir remordimientos" para salir a pasear, quedar con amigas o ir a la piscina.

Es precisamente su pasado como nadadora profesional en aguas abiertas lo que se ha convertido en su principal vía de escape. "Meterme en el agua me ayuda a aliviar tensiones, a dormir mejor por la noche y a mantener la mente despejada", señala la sanitaria, que tuvo que alejarse de una de sus mayores aficiones durante la carrera, pero a la que quiere seguir vinculada "pase lo que pase". Señala también cómo "esa constancia, tenacidad y dedicación" con el deporte ha influido en la forma en la que se enfrenta al examen.

Los fines de semana el ritmo no frena, pero sí cambia de escenario. Trabaja los sábados y domingos en jornadas de 14 horas -de 7:30 a 21:00-. Pese a que en esos días trata de alejarse de los libros, sí que reconoce que, de vez en cuando, se lleva algún simulacro "para corregir o para mirar preguntas si surge algún hueco libre en el turno".

"Meterme en el agua me ayuda a aliviar tensiones, a dormir mejor por la noche y a mantener la mente despejada"

La importancia de cuidar la salud mental al preparar el examen EIR

Detrás de ese equilibrio, sin embargo, la catalana cuenta que reside un intenso trabajo personal. En su primera convocatoria, reconoce que desarrolló una relación "muy tóxica" con el estudio. "Me aislé mucho y acabé descuidando mi entorno", relata. Por eso, en esta segunda oportunidad, tuvo claro que debía de cambiar de enfoque. "Volver a terapia me ha ayudado muchísimo. No soy la misma persona a nivel de preparación de un año a otro; ahora me siento más organizada y respeto los descansos", afirma.

Aprender a gestionar la ansiedad y la culpa al no estar estudiando ha sido uno de sus mayores retos, un camino en el que su madre se ha convertido en un "salvavidas". También las redes sociales se han convertido en un pequeño refugio para la enfermera, donde ha tejido una red de apoyo con otras opositoras. "Creo que es lo más bonito que me voy a llevar de este proceso: la comunidad que estamos creando entre todas", reconoce emocionada.

A Judith se le quiebra ligeramente la voz al pensar en el camino que ha recorrido. Si pudiera hablar con esa versión del pasado, tiene claro lo que le diría: "No pasa nada si no lo consigue a la primera. Todo este trabajo, estas horas y estos sacrificios no van a delimitar lo que sabes", subraya la sanitaria. Y sentencia que un examen "jamás va a definirte como profesional". Siente que las raíces de su vocación son demasiado profundas para que una nota las rompa. "Si es tu sueño, nunca tires la toalla, porque vas a acabar siendo matrona", concluye.

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