El ibuprofeno es uno de los fármacos más consumidos y, a menudo, más banalizados, pues se toma para infinidad de dolencias como la migraña, el dolor de cabeza o la regla, y en ocasiones sin mucho control. Este consumo no se reparte igual entre sexos, ya que las mujeres recurren a los antiinflamatorios con mucha más frecuencia que los hombres. Este patrón tiene consecuencias para la salud y esconde, de fondo, una cuestión sobre cómo se debe abordar el dolor femenino.
En este sentido, la médico Sara Marín ha publicado un vídeo en su cuenta de Instagram (@uncafecontudoctora) para tratar los riesgos del ibuprofeno con una crítica a la normalización del dolor de las mujeres. "En un estudio se vio que las mujeres teníamos casi un 60% más de posibilidades de haber tomado un antiinflamatorio que un hombre", señala la doctora.
El dato encaja con lo que reflejan diversas investigaciones sobre diferencias de sexo en el consumo de antiinflamatorios: algunos análisis con datos de grandes encuestas poblacionales, como la estadounidense NHANES, han cifrado en torno a un 58% esa mayor probabilidad de uso entre las mujeres. A partir de ahí, Marín lanza su advertencia y una pregunta que recorre toda la publicación: "¿Y por qué las mujeres tomamos más ibuprofeno que los hombres? ¿Somos más débiles o más lloricas?".
¿Por qué el ibuprofeno puede dañar el riñón?
Uno de los problemas del abuso del ibuprofeno es que este medicamento puede dañar el riñón. De hecho, la especialista cuenta en el texto que acompaña el vídeo cómo una paciente tomaba ibuprofeno "prácticamente todos los meses por un dolor de regla que tenía totalmente normalizado" y cuya función renal aparecía alterada, con el uso frecuente de antiinflamatorios como posible factor contribuyente. La clave de por qué afecta tanto al riñón está en unas sustancias llamadas prostaglandinas, que actúan como un arma de doble filo.
Por un lado, provocan inflamación y dolor; por otro, protegen al riñón. "Ayudan a que el riñón funcione bien", resume la médico, que compara el órgano con un filtro al que le tiene que llegar suficiente sangre para hacer su trabajo. El problema surge cuando el cuerpo pierde líquido.
En situaciones de deshidratación —por sudar mucho, diarrea, vómitos o beber poca agua—, llega menos sangre al riñón, y las prostaglandinas acuden al rescate dilatando los vasos para aumentar el flujo. Ahí es donde el ibuprofeno interfiere: "Llega el ibuprofeno, quita las prostaglandinas, disminuye su producción, al riñón no le llega suficiente sangre para filtrar, intenta esforzarse y esforzarse y al final se puede dañar", detalla.
Tres consejos antes de tomar ibuprofeno
La doctora insiste en que su mensaje no es demonizar el fármaco. "Con esto no quiero decir que no puedas tomar ibuprofeno, ni mucho menos", aclara. De hecho, en el texto que acompaña a la publicación matiza que está bien tomarlo puntualmente o como tratamiento indicado durante un tiempo concreto. La precaución es para el consumo crónico o semanal. Con esa premisa, ofrece tres recomendaciones:
- Atención a la deshidratación: Si hay "diarrea, vómitos o dolor de barriga", conviene evitar abusar del ibuprofeno para no forzar al riñón.
- Vigilar la frecuencia: "Una cosa es tomarse un ibuprofeno de vez en cuando y otra cosa es 'me tomo un ibuprofeno todas las semanas'".
- Cambiar la pregunta. "En vez de pensar qué me tomo para quitarme el dolor, tenemos que pensar: "¿Por qué tengo este dolor?".
Más allá del riñón, el vídeo apunta a un problema estructural. Para Marín, una de las razones de que las mujeres consuman tantos antiinflamatorios es que "no se ha estudiado el cuerpo de la mujer". "Nos dan el antiinflamatorio o analgésico como parche y nos dicen que nos conformemos con que es por estrés o que son las hormonas", denuncia, cuando muchos de esos dolores —regla, migraña, dolor pélvico, endometriosis— tienen un origen que merece investigarse.
Su conclusión enlaza el consejo clínico con la reivindicación: no se trata solo de vigilar el fármaco, sino de no resignarse al dolor. "A veces, además de apagar la alarma, hay que preguntarse por qué sigue sonando", resume en el texto que acompaña al vídeo. O, como zanja en el reel: "No normalicemos el dolor por ser mujeres. Las mujeres no somos quejicas o lloricas".
