Pocos productos de cosmética son tan reconocibles como la Nivea Creme de la lata azul. Barata, presente en casi cualquier botiquín y con más de un siglo a sus espaldas, se ha convertido en un imprescindible en los hogares. Tanto es así que se le atribuyen usos casi milagrosos, del cuidado facial a la prevención de arrugas. Pero cada cosmético tiene una función para la que está formulado, y aplicarlo fuera de ella puede ir de lo inútil a lo contraproducente. Por eso conviene escuchar a quienes conocen la piel y las fórmulas por dentro. Y ahí, el veredicto no es unánime.
En este sentido, el enfermero Jorge Ángel señala a través de sus redes sociales que esta crema es un fijo doméstico con usos muy concretos. "Muchas veces me preguntáis por una crema que suelo tener en casa. Es esta de Nivea, la lata azul de toda la vida", introduce. Su principal recomendación tiene que ver con la piel castigada por el frío o por el uso repetido de desinfectantes: "Va muy bien, por ejemplo, para las manos secas por el frío, por el gel hidroalcohólico".
Pero no solo eso, pues también la recomienda a los ancianos "para la prevención de úlceras por presión" y a las embarazadas "para prevenir estrías durante el embarazo". Pero más allá de estas recomendaciones, la crema guarda en su fórmula elementos a tener en cuenta. "En las primeras posiciones lo único que vienen son ingredientes supergrasos", destaca la farmacéutica Helena Rodero en un vídeo publicado también en sus redes sociales.
Esta composición hace que sea "una crema que te produzca granos si te la aplicas en la cara y miliums si te la aplicas en el contorno de ojos". Pero no solo lleva componentes grasos, pues cuenta con "ingredientes interesantes como el pantenol y la glicerina"—, pero considera que "no compensan el global de la fórmula". A esto se le suman también elementos perfumados que "pueden producir problemas de alergias".
Dónde coinciden (y dónde no): la clave está en la zona
Lejos de ser opuestos irreconciliables, los dos análisis pueden convivir si se atiende a un detalle: dónde se aplica la crema. Ninguno de los dos la sitúa como tratamiento facial. De hecho, la propia Rodero admite un uso posible en zonas gruesas y poco propensas al acné. "Esta crema a lo mejor la podría utilizar para codos, rodillas y pies". Es por ello que, para otras zonas, la especialista recomienda utilizar "vaselina sin perfume porque no me daría ningún problema de alergia y probablemente me sea más eficaz".
La explicación de fondo es sencilla. La Nivea de lata es una crema marcadamente oclusiva, ya que forma una barrera que frena la pérdida de agua y protege la piel, algo útil en manos agrietadas o en pieles muy secas, el terreno que reivindica Jorge Ángel. Sin embargo, es problemático en zonas finas y con tendencia a obstruirse, como el rostro o el contorno de ojos, que es donde Rodero pone el foco de sus advertencias.
¿Qué conviene tener en cuenta?
Más allá del debate, hay un par de cautelas útiles para cualquiera que utilice esta crema. La primera afecta al uso más repetido en redes, el facial. En pieles grasas o con tendencia acneica, un producto tan oclusivo puede favorecer la aparición de imperfecciones. La segunda tiene que ver con las estrías del embarazo, que, aunque hidratar la piel es recomendable y puede aliviar el picor de la distensión, la evidencia científica sobre la capacidad de cualquier crema para prevenir su aparición es limitada, ya que en su formación pesan mucho la genética y los cambios hormonales.
Y una tercera. Los perfumes son una causa frecuente de dermatitis de contacto, por lo que quienes tengan piel sensible o antecedentes de alergias deberían elegir versiones sin fragancia. La conclusión no es que la lata azul sea un producto milagroso ni un veneno, sino un cosmético con un fin concreto. Bien usada para hidratar y proteger manos, codos o piel muy seca, cumple; mal usada como crema facial universal o como promesa antiedad, puede decepcionar o dar problemas.
