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La experiencia otorga ese ‘ojo clínico’ que hace a un buen profesional sanitario. La Veterinaria, por supuesto, no es una excepción. Pero para obtenerlo hace falta tiempo y conocimiento, y en ocasiones, el salto de lo académico a lo práctico supone un pequeño ‘shock’ para los recién graduados, sobre todo en las urgencias.

“La universidad proporciona una base científica muy sólida, pero enfrentarse a un paciente inestable, priorizar varios casos simultáneamente, comunicarse con una familia preocupada y tomar decisiones con rapidez requiere competencias que se adquieren fundamentalmente mediante la práctica supervisada”, recalca Pedro Mayoral, director médico de Iberia en IVC Evidensia, que abandera un proyecto de colaboración (Vetstarter) con diferentes universidades de España y Portugal para ‘acompañar’ a los recién egresados de Veterinaria en su primera etapa como profesionales.

La última en interesarse ha sido la facultad de Veterinaria de León. "Inicialmente queremos desarrollarlo con candidatos que provienen de acuerdos con universidades y centros de España y Portugal, empezando por aquellos con los que hemos tenido contacto previo por prácticas y estancias, aunque estamos recibiendo muchas solicitudes de veterinarios que están en activo pero quieren participar en el programa formativo", subraya.

Afirma el propio Mayoral que la iniciativa nace para paliar esa “distancia importante entre la formación universitaria y lo que un veterinario recién graduado encuentra durante sus primeros turnos de urgencias”. En este sentido, sostiene que el mayor ‘golpe de realidad’ que se dan los egresados es el de “descubrir que no siempre existe tiempo para alcanzar un diagnóstico definitivo antes de empezar a actuar”.

“En la universidad aprendemos a construir diagnósticos diferenciales muy completos, pero en una emergencia la primera pregunta no es necesariamente qué enfermedad tiene el animal, sino si está estable, qué puede comprometer su vida durante los próximos minutos y qué debemos hacer inmediatamente -detalla-. A esto se añaden otros factores como la presión de tomar decisiones, la responsabilidad, la comunicación con las familias, las limitaciones económicas y la necesidad de trabajar coordinadamente con todo el equipo. Ese conjunto suele representar el verdadero golpe de realidad”.

De ahí la importancia de que los primeros turnos “no se afronten en soledad, sino con protocolos, tutores y una estructura que permita consultar, aprender y asumir responsabilidades de manera progresiva”.

No depender exclusivamente de la intuición

Respecto a cómo se puede enseñar a un veterinario a desarrollar esa intuición, Mayoral argumenta que el ‘ojo clínico’ no es “algo mágico ni una cualidad con la que se nace, sino un “reconocimiento de patrones basado en conocimientos, experiencia y un método de valoración ordenado”.

“Al principio enseñamos al profesional a no depender exclusivamente de la intuición, sino a utilizar una sistemática muy clara: observar al paciente desde que entra, valorar el ABC —vía aérea, respiración y circulación—, revisar el estado neurológico, identificar signos de dolor y reconocer alteraciones que no pueden esperar”, apunta. Después se procede a “exponerlo progresivamente a casos reales, siempre con supervisión”. “Es muy útil revisar posteriormente qué signos se detectaron, cuáles pasaron inadvertidos y qué decisiones se tomaron. Esa combinación de método, práctica deliberada y retroalimentación es la que acaba generando el verdadero ojo clínico”, incide.

En definitiva, el objetivo “no es que el recién graduado lo sepa todo, sino que sea capaz de reconocer rápidamente qué paciente corre peligro, iniciar las primeras medidas y pedir ayuda en el momento adecuado”.

Preparar al veterinario para la “realidad emocional” del sector

El Vetstarter es un programa de cuatro meses que, en palabras de Mayoral, combina formación online semanal, sesiones presenciales, tutorización dentro del centro y trabajo clínico real.

“Además, los participantes cuentan con un contrato indefinido y con el acompañamiento de profesionales experimentados -señala-. No buscamos simplemente impartir conocimientos, sino facilitar una incorporación progresiva, segura y estructurada a la profesión”.

El director médico de Iberia en IVC Evidensia destaca que ello implica también “prepararlos para la realidad emocional de la veterinaria”. Es decir: a convivir con la enfermedad, el sufrimiento, las limitaciones económicas y, en ocasiones, la muerte. “Para ello necesitan herramientas de comunicación, capacidad para establecer límites, espacios donde comentar los casos difíciles y equipos en los que pedir ayuda no se interprete como una debilidad”, concluye.