La irrupción de los medicamentos biosimilares en el Sistema Nacional de Salud (SNS) supuso una revolución financiera concebida, en sus inicios, casi de forma exclusiva para la contención del gasto. Hoy, la madurez de este mercado exige abandonar esa visión puramente cortoplacista. La Administración y los hospitales deben transitar hacia un modelo de compra pública estratégica que pondere el valor real aportado al paciente, garantice el suministro y permita reinvertir los ahorros. Así lo han dejado claro los ponentes de la mesa 'Más valor, más futuro. Cuando el valor de los biosimilares exige una nueva mirada', celebrada en el 71 Congreso de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) y moderada por Andrés Navarro Ruiz, jefe del Servicio de Farmacia del Hospital General Universitario de Elche.
El punto de partida del debate ha sido la presentación de uno de los proyectos impulsado por Celltrion Connecta, expuesto por Conrado Domínguez, economista y exdirector del Servicio Canario de Salud (SCS). Este foro multidisciplinar nace con el objetivo de generar un espacio de análisis para identificar buenas prácticas y alinear oportunidades. "Había la suerte de vivir el año 2018, cuando empezaron a entrar, y se veían únicamente como una manera de ahorro. Se tomaron esas decisiones muy basadas en la parte del ahorro, pero esto no es solo ahorro", ha explicado Domínguez.
El gestor ha desgranado un decálogo de acciones sustentado en cinco pilares, donde la compra pública basada en valor es la piedra angular. "El valor se puede medir. Hay que ir más allá del precio, hacer una compra orientada al valor y evaluar los compromisos ESG [ambientales, sociales y de gobernanza]", apuntó. Además, ha abordado uno de los grandes retos organizativos actuales: "Tenemos que ver cómo generamos un modelo de incentivos que permita reinvertir todo lo que podamos generar gracias a estos fármacos".
El coste global frente a la 'trampa' del precio de adquisición
Los especialistas en Farmacia Hospitalaria coincidieron en que el precio del vial, por ejemplo, es solo la punta del iceberg de un proceso mucho más complejo. Amparo Talens, jefa de Servicio de Farmacia Hospitalaria en el Hospital General Universitario Doctor Balmis de Alicante, ha sido clara: "Los biosimilares han permitido reducir costes y liberar recursos, pero un biosimilar nos puede resultar más costoso si aumenta las consultas del paciente o cambia los circuitos logísticos". La profesional sanitaria ha reclamado un cuadro de mandos integral para tomar decisiones clínicas: "Hay cosas que medimos de forma habitual, como el coste y el consumo, pero nos faltarían otros indicadores fundamentales como la experiencia del paciente, su calidad de vida y la eficiencia organizativa. No se trata de comprar al mejor precio siempre, hay que ir un paso más".
En esta misma línea, José Manuel Martínez Sesmero, farmacéutico del Complejo Hospitalario Universitario de Toledo, ha incidido en que la adopción de un biosimilar impacta de forma radicalmente distinta según el servicio médico implicado. "Esto genera tiempos que se pueden y se deben medir, y que tienen un correlato económico. No es solo lo que cuesta una caja de un medicamento, una pluma o un vial, sino los tiempos del profesional, de la estructura y la inversión", ha argumentado Sesmero. Para abordarlo, ha demandado establecer "lenguajes comunes y un benchmarking adecuado en el coste por proceso, lo que nos permitiría incluir los biosimilares de forma adecuada".
La crisis de los desabastecimientos de medicamentos
Los modelos de licitación actuales han sido uno de los ejes principales de la conversación. De hecho, Domínguez ha sido crítico con las dinámicas actuales de contratación: "¿De qué sirve que alguien te adjudique al descuento del descuento del descuento aprobado por la Comisión de Precios, si luego no tiene capacidad para suministrarte cien mil unidades? Si en el concurso no preveo que eso me lo tienen que asegurar, adjudico el precio y no tengo garantizado el suministro para los cuatro años del contrato". Asimismo, ha advertido del sobrecoste que esto genera: "Si tienes que comprar medicamentos saliendo del contrato, se va a adaptar al precio de mercado".
Por su parte, Josep Maria Guiu Segura, farmacéutico del Consorci de Salut i Social de Catalunya, ha profundizado en esta problemática y ha propuesto alternativas directas. "Comprar mejor nos supone innovar en la forma en que compramos. Son medicamentos consolidados y ya sabemos sus resultados. No se trata de comprar el producto más barato, sino el más eficiente", ha afirmado.
Conrado Domínguez, economista y exdirector del Servicio Canario de Salud (SCS
Guiu ha defendido los acuerdos con múltiples adjudicatarios como un 'salvavidas estratégico': "La fabricación de biosimilares requiere tiempo, y si tenemos más proveedores en el mercado podremos gestionar mejor los desabastecimientos". Sin embargo, reconoció que exigir reservas estratégicas de medicación a seis meses para evitar roturas es un arma de doble filo, ya que "la oferta, seguramente, no va a ser tan competitiva; el equilibrio es el que se encuentra entre los dos núcleos".
Ante esta realidad, Talens ha subrayado que la escasez "provoca deficiencias graves en nuestro día a día" y ha pedido priorizar a la industria más fiable en los pliegos: "No es lo mismo un proveedor que fabrica en España o fuera de España, o que tiene una planta o varias. Yo tendría muy en cuenta los planes de contingencia y el histórico de cumplimiento. Si sistematizáramos esta información, se le daría bastante valor".
