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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descartado recientemente el uso de inhibidores de GLP-1, como Ozempic, Mounjaro o Wegovy, y la aplicación de cirugías bariátricas en casos de obesidad detectados en menores de diez años. Así se desprende de las primeras directrices publicadas por el organismo que abordan el aumento de esta enfermedad en niños y adolescentes. Unas pautas que desde Endocrinología valoran "positivamente", aunque advierten de que no deben suponer "un rechazo general" al suministro de este tipo de tratamientos.

"Es un avance importante en el reconocimiento de la obesidad infantil y adolescente como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que requiere un abordaje integral y un seguimiento a largo plazo", dice al respecto la facultativa Montserrat Prados Pérez, miembro del Área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), en declaraciones a Redacción Médica.

Para Prados Pérez, las recomendaciones de la OMS "no deben interpretarse como un rechazo general" al uso de inhibidores de GLP-1 en menores, pues en el caso de España recuerda que "está comercializada la liraglutida (Saxenda), autorizada para su uso a partir de los seis años".

En este sentido, insiste en que "los tratamientos farmacológicos no deben sustituir a los cambios de hábitos ni considerarse una solución aislada", aunque reitera que tampoco se puede "negar su utilidad cuando existe una indicación clínica y evidencia científica que respalde su utilización".

Cuándo administrar este tipo de fármacos en adolescentes

El empleo de este tipo de tratamientos, según explica la profesional Prados Pérez, solo debe "considerarse" en adolescentes obesos en aquellos casos en los que "una intervención estructurada y supervisada sobre alimentación, actividad física y hábitos no haya conseguido los objetivos clínicos esperados", especialmente en casos de "complicaciones metabólicas o un deterioro significativo de la calidad de vida".

Aun así, recuerda que "siempre se deben utilizar siguiendo las indicaciones de las fichas técnicas", pues se basan en "estudios clínicos" que ya han demostrado su eficacia y seguridad. "Estos tratamientos deben ser prescritos por médicos con experiencia en el manejo de la obesidad durante la infancia y adolescencia".

Posibles efectos secundarios y seguimiento del paciente

Preguntada por posibles riesgos o efectos secundarios a largo plazo, Pérez Prados sitúa la falta de información sobre dichos efectos "durante etapas críticas de crecimiento y maduración" como una de las principales preocupaciones.

Según afirma, más allá de los síntomas gastrointestinales, es importante prestar atención al efecto que este tipo de tratamientos puede provocar en "la composición corporal y la salud ósea" del paciente. También hay que tener en cuenta "la relación del adolescente con la comida, su imagen corporal y la posible presencia de trastornos con la conducta alimentaria".

Es decir, no basta únicamente con hacer un seguimiento del peso del individuo, sino que ha de incluir "crecimiento, desarrollo puberal, composición corporal, estado nutricional y bienestar psicológico".

Mantenimiento o retirada de la medicación

Dado que la obesidad es una enfermedad crónica y recurrente, ha de tenerse en cuenta que "tras suspender el tratamiento farmacológico puede producirse una recuperación del peso perdido". Por ello, Pérez Prados insiste en que la estrategia de mantenimiento "debe establecerse desde el inicio, explicando al paciente que el objetivo es conseguir una mejoría sostenida de la salud y no solo una reducción temporal de peso".

Respecto a la aplicación de la cirugía bariátrica, esta puede ser "una opción terapéutica eficaz en adolescentes con obesidad grave", aunque deja claro que "no basta con cumplir criterios de IMC", sino que es imprescindible "realizar una evaluación completa de la situación clínica, nutricional, psicológica y familiar".

La obesidad es una enfermedad crónica y recurrente que si no se trata adecuadamente puede aumentar el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2 y patologías cardiovasculares. En 2024 se registraron unos 170 millones casos de obesidad en niños y adolescentes de 5 a 19 años y, desde 1990, su prevalencia en este grupo de edad ha alcanzado el ocho por ciento.