Las enfermedades vasculares son la segunda causa de muerte en España, con 113.620 fallecimientos en 2024. Además, suponen un coste para el sistema sanitario cercano al 0,7 % del PIB, equivalente a más de 11.000 millones de euros anuales entre gastos directos e indirectos. A pesar de este impacto, su presencia en la agenda de gestión sanitaria sigue siendo menor de la que le correspondería y así lo pone de manifiesto la Alianza Estratégica para la Salud Vascular (AESV), impulsada por Servier, en el documento ‘En Defensa de la Salud Vascular’.
La iniciativa ha reunido a la Sociedad Española de Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular (SEACVE); la Sociedad Española de Cardiología (SEC); la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA); la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI); la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN); el Foro Español de Pacientes (FEP); la Organización de Pacientes de la Fundación Española del Corazón (FEC); el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF); el Consejo General de Enfermería (CGE); y el Observatorio de la Adherencia Terapéutica (Grupo OAT).
La diversidad de entidades que integran la AESV refleja la necesidad de abordar la salud vascular desde una perspectiva multidisciplinar, que implique tanto a profesionales sanitarios y gestores como a pacientes. En este sentido, el doctor José Ramón March, presidente de la SEACVE, advierte: "Estamos ante una de las principales causas de muerte en nuestro país. La salud vascular debe dejar de ser invisible y convertirse en una prioridad real de las políticas sanitarias". Una prioridad que, insiste, no puede limitarse al ámbito clínico. Es necesario avanzar hacia modelos de atención coordinada entre especialidades que permitan abordar conjuntamente los factores de riesgo y reducir la inercia diagnóstica que retrasa la identificación y el tratamiento de estas patologías.
Para la AESV, esta visión integral no puede quedarse en el plano clínico: exige también analizar su impacto en la organización del sistema. Joaquín Estévez Lucas, Miembro de la Junta Directiva de SEDISA y Presidente de la Fundación SEDISA, defiende que la adherencia debe incorporarse como un indicador de calidad de las organizaciones sanitarias: "Cada hospitalización evitable, cada complicación que se podría haber prevenido con un buen seguimiento del tratamiento, es un gasto que ya se ha hecho sin obtener el resultado esperado. Por eso, defendemos que la adherencia se incorpore como un indicador más de calidad y eficiencia en la gestión de cualquier organización sanitaria, con la misma relevancia que otros indicadores clínicos o económicos que ya se monitorizan".
En este contexto, el papel de la adherencia también pasa por entender qué factores dificultan que los pacientes mantengan adecuadamente sus tratamientos. Para la Dra. Nieves Martell, vocal del Comité Científico del Grupo OAT, mejorarla requiere “identificar las barreras que dificultan el seguimiento de los tratamientos y acompañar al paciente a lo largo de todo el proceso asistencial. Integrarla de forma sistemática en la práctica clínica y en la gestión sanitaria puede contribuir a mejorar los resultados en salud y a avanzar hacia una atención más eficiente y centrada en el paciente”.
Ese impacto económico no es una hipótesis. Solo la insuficiencia cardíaca, una de las patologías vasculares más prevalentes, representa alrededor de 3.600 millones de euros anuales para el sistema, en torno al 4 % del gasto sanitario total en España. Son cifras que, según la Alianza, refuerzan la necesidad de que la adherencia terapéutica deje de entenderse como un asunto exclusivamente clínico y pase a formar parte de los cuadros de mando de cualquier gestor sanitario.
En esta línea, la planificación asistencial no puede construirse sin la participación de quienes viven la enfermedad en primera persona. Andoni Lorenzo, presidente del FEP, reclama que esa voz se incorpore desde el diseño de las políticas, no solo en su aplicación: "Los pacientes tenemos información muy valiosa sobre qué barreras hacen que un tratamiento se abandone o qué apoyos facilitan que se mantenga en el tiempo. Esa experiencia debería tenerse en cuenta cuando se diseñan los procesos asistenciales y los indicadores de gestión, y no incorporarse solo al final, cuando las decisiones ya están tomadas".
El documento de la AESV se cierra con un decálogo de principios que piden situar la salud vascular como prioridad de las políticas sanitarias, avanzar hacia modelos de atención multidisciplinar, erradicar la inercia diagnóstica y terapéutica, e integrar la adherencia como indicador de calidad asistencial vinculado a resultados en salud. Un compromiso, resumen sus impulsores, que solo será posible si clínicos, gestores, pacientes y administraciones avanzan de forma coordinada hacia un mismo objetivo: situar la salud vascular en el centro de las políticas públicas.
Ese enfoque colaborativo es también el que, según Servier, debe guiar el futuro de la salud vascular. En este sentido, Águeda Calderón, directora de Acceso al Mercado, Asuntos Regulatorios y Calidad, señala que el compromiso de la compañía va más allá del impulso de esta iniciativa: "Creemos firmemente que invertir en prevención, en continuidad asistencial y en adherencia terapéutica no es solo una prioridad clínica, sino una decisión de gestión que contribuye a la sostenibilidad del propio sistema sanitario".
