La seguridad cardiovascular de las vacunas frente al covid ha estado cierto tiempo dentro del debate público. Ante ciertas dudas y reticencias, el análisis de la evidencia disponible realizado por el Comité de expertos en vacunas de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), resalta que los grandes estudios epidemiológicos no respaldan que la vacunación haya provocado una “epidemia” de acontecimientos cardiovasculares.
La Sociedad sí confirma que la farmacovigilancia ha identificado un efecto adverso cardiovascular concreto asociado a algunas vacunas de ARNm, la miocarditis, especialmente entre adolescentes y varones jóvenes. Pero esta señal no se ha traducido en un incremento generalizado de otras patologías cardiovasculares. “Los datos disponibles no respaldan la existencia de un aumento generalizado de infartos, ictus, insuficiencia cardíaca, arritmias ni de la mortalidad cardiovascular causados por las vacunas frente a la covid”, señala el experto.
En declaraciones a Redacción Médica, el miembro del Comité de la SEI Salvador Iborra señala que "los datos disponibles no respaldan la existencia de un aumento generalizado de infartos, ictus, insuficiencia cardíaca, arritmias ni de la mortalidad cardiovascular causados por las vacunas frente al covid”.
"Hay que saber comparar la vacuna frente a la infección"
La clave para valorar estas afirmaciones está en los estudios poblacionales y no en la mera aparición de acontecimientos cardiovasculares después de una vacunación. Como explica Iborra, cuando se administran "cientos de millones de dosis es inevitable que algunos infartos, ictus o arritmias coincidan temporalmente con una vacunación, ya que estas enfermedades también se producen de forma habitual en la población". “Que un infarto, una arritmia o un ictus se produzcan días, semanas o meses después de una vacunación no implica, por sí mismo, que hayan sido causados por ella”, advierte.
Uno de los trabajos que aporta Iborra para contextualizar el riesgo es un estudio publicado en Nature Communications que analizó los registros sanitarios de 45,7 millones de adultos en Inglaterra. La investigación estudió infarto agudo de miocardio, ictus isquémico, embolia pulmonar, trombosis venosa profunda y otros acontecimientos cardiovasculares después de las distintas dosis de las vacunas.
Los resultados no mostraron el patrón que cabría esperar de una supuesta epidemia cardiovascular provocada por la vacunación. La incidencia de los principales acontecimientos trombóticos arteriales, fundamentalmente infarto e ictus isquémico, así como de los eventos trombóticos venosos, fue en términos generales similar o menor después de la vacunación. El estudio sí confirmó señales ya conocidas, como el incremento de miocarditis/pericarditis después de vacunas de ARNm y el síndrome de trombosis con trombocitopenia asociado a determinadas vacunas de vectores adenovirales, pero no encontró “un nuevo patrón de complicaciones cardiovasculares generalizadas asociado a las dosis sucesivas”.
La evidencia tampoco apunta a un aumento consistente de las arritmias. En otro estudio autocontrolado realizado en 38,6 millones de vacunados en Inglaterra se confirmó la aparición de miocarditis y se observó de forma puntual una asociación con arritmias tras la segunda dosis de Moderna. Sin embargo, no apareció un patrón consistente de aumento de arritmias con las diferentes vacunas. Por el contrario, la infección por SARS-CoV-2 sí se asoció con un incremento tanto de pericarditis como de arritmias.
Las nuevas vacunas tampoco cambian el escenario
Los datos posteriores a las primeras campañas de vacunación tampoco han hecho aparecer una señal cardiovascular generalizada. Iborra cita un estudio nacional danés publicado en JAMA Network Open en 2025 que siguió a más de un millón de personas que recibieron vacunas de ARNm actualizadas frente a JN.1, principalmente mayores de 65 años y personas pertenecientes a grupos de riesgo.
Durante los 28 días posteriores a la vacunación, el trabajo no encontró incrementos estadísticamente significativos de ninguno de los 29 acontecimientos adversos graves analizados, entre ellos eventos cardiacos isquémicos y miocarditis.
Tampoco los datos de mortalidad ofrecen respaldo a la hipótesis de un exceso generalizado de muertes cardiovasculares o “muertes súbitas”. Un estudio francés con 22,7 millones de personas vacunadas con vacunas de ARNm y 5,9 millones no vacunadas, todos ellos de entre 18 y 59 años, no detectó un incremento de la mortalidad por cualquier causa durante un seguimiento de 45 meses. El propio Iborra matiza que, al tratarse de un estudio observacional, no puede descartarse completamente la existencia de factores de confusión. Pero considera que los resultados constituyen “una evidencia importante en contra de la hipótesis de un gran incremento tardío de la mortalidad asociado a estas vacunas”.
El otro lado del balance cardiovascular
La valoración de la seguridad de las vacunas no puede hacerse, además, sin tener en cuenta qué sucede cuando una persona contrae el covid. "La infección no afecta únicamente al sistema respiratorio ya que puede producir inflamación sistémica, daño vascular y endotelial y activación de la coagulación, y se ha relacionado con trombosis venosa, embolia pulmonar, infarto de miocardio, ictus, arritmias, insuficiencia cardiaca y miocarditis", señalan desde la SEI.
El estudio OpenSAFELY, que analizó hasta 18,2 millones de personas, encontró un incremento sustancial de los acontecimientos trombóticos arteriales y venosos y de otros eventos cardiovasculares durante las primeras cuatro semanas posteriores a la infección. El riesgo fue mayor entre las personas hospitalizadas y entre las cohortes no vacunadas y, en algunos acontecimientos, persistió durante periodos más prolongados.
El balance beneficio-riesgo tampoco puede formularse actualmente de la misma manera que en 2021. Iborra subraya que debe tenerse en cuenta la edad, el estado de salud, el riesgo cardiovascular basal y la probabilidad de desarrollar una covid grave. “No creemos que sea adecuado formular en 2026 el balance beneficio-riesgo como una afirmación idéntica para un varón sano de 20 años, para una persona de 80 años con cardiopatía o para una persona inmunodeprimida”, explica.
Esta individualización se refleja también en la estrategia española para la temporada 2026-2027. El Ministerio de Sanidad mantiene la recomendación de vacunación para la población diana, con especial atención a personas de 70 años o más, residentes en instituciones, personas inmunodeprimidas, determinados pacientes con enfermedades crónicas y embarazadas, entre otros colectivos.
La conclusión del análisis de la SEI busca precisamente alejarse tanto de la minimización como del alarmismo. Existe un efecto adverso cardiovascular concreto y conocido que debe vigilarse, pero los estudios realizados sobre decenas de millones de personas no respaldan que las vacunas estén provocando un incremento generalizado de la enfermedad cardiovascular.
