La historia de Alberto Langtry comenzó lejos de un laboratorio. Cuando era niño imaginaba un futuro ligado al mundo natural y quería cuidar pingüinos, pero una pérdida familiar por cáncer marcó un antes y un después en su trayectoria. "Me lo tomé como una venganza personal", explica en Redacción Médica. Años después, este biólogo computacional español trabaja en Estados Unidos investigando cómo utilizar el sistema inmune para mejorar el diagnóstico y tratamiento del cáncer. Tras formarse en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y continuar su carrera al otro lado del Atlántico, mantiene una meta clara: regresar a España para dirigir su propio grupo de investigación.
"No quiero que más gente tenga que sufrir lo que sufrió mi familia y decidí que quería curar el cáncer sí o sí. Aquí sigo en mi cruzada personal", afirma. Langtry primero estudió Biología y posteriormente especializarse en áreas que hoy son fundamentales para la Medicina de Precisión: la bioinformática, la informática y la estadística. Su camino continuó con un doctorado en el CNIO, uno de los principales centros de investigación del cáncer en España, donde comenzó a trabajar en cáncer de páncreas.
Desarrollo profesional en inmuno-oncología
Actualmente desarrolla su carrera científica en Estados Unidos como investigador especializado en biología computacional e inmuno-oncología. Su trabajo busca entender cómo el sistema inmunitario puede convertirse en una herramienta para combatir los tumores.
“Lo que estoy haciendo es investigar la parte de inmuno-oncología. Básicamente es utilizar un poco el sistema inmune para mejorar tanto el pronóstico como el riesgo de cáncer”, explica.
La parte computacional de su trabajo consiste en analizar grandes cantidades de información procedente de pacientes. “Trabajamos con hospitales, pedimos muestras que luego se procesan, nos dan los datos y entonces ya con eso construimos nuestros modelos de riesgo y pronóstico en cáncer”, señala.
Su investigación actual se centra en estudiar cómo determinadas variaciones genéticas pueden influir en la evolución del cáncer de páncreas y en la respuesta de cada paciente a los tratamientos. En concreto, trabaja con el complejo mayor de histocompatibilidad, una región del sistema inmune encargada de distinguir entre lo propio y lo que debe ser eliminado.
“Básicamente es la que se encarga de decirle a tu organismo si algo es propio de ti, es bueno, o si algo no estaba ahí antes, es malo y hay que eliminarlo”, explica. El objetivo es comprender por qué algunas personas responden mejor a una terapia que otras y avanzar hacia tratamientos oncológicos más personalizados.
El modelo científico estadounidense frente al español
Su llegada a Estados Unidos fue fruto de una oportunidad surgida durante su etapa en el CNIO. Gracias a las colaboraciones internacionales del centro, pudo realizar una estancia en la universidad donde ahora trabaja. La experiencia fue decisiva.
“Les gustó mucho cómo trabajé, me gustó muchísimo el modelo que tenían aquí. Tienen bastantes recursos para poder conseguir más muestras, muchas colaboraciones, se invierte bastante en investigación”, recuerda.
Cuando terminó el doctorado recibió una propuesta para continuar allí como investigador postdoctoral. “No me lo pensé dos veces”, reconoce. Para él, la posibilidad de conocer otro modelo científico era demasiado atractiva para rechazarla.
“Venir aquí me permitía aprender otro estilo de ciencia, que es el modelo americano. No solo a la hora de trabajar, sino a la hora de cómo viven la ciencia, los seminarios, las oportunidades que tienes”.
A pesar de las diferencias, asegura que la calidad científica española no está lejos de la estadounidense. “Pensaba que iba a notar más diferencia, pero creo que se están haciendo también muy bien las cosas en España”, afirma. En su opinión, la principal distancia está en la financiación.
“Conseguir una financiación que te ayude a hacer un proyecto en España de uno o dos millones es un gran logro. Aquí es un poco el día a día”, explica. Sin embargo, destaca que los métodos de trabajo son similares: “El tipo de investigación es la misma. Cómo llevas un laboratorio, cómo se divide, qué parte tienen los que están empezando el doctorado, los postdocs, los lab meetings…”.
También señala que las condiciones laborales y salariales son una de las grandes diferencias. “Frente a las mismas horas, el mismo horario de trabajo, el salario es totalmente diferente. Es muchísimo más alto incluso en otros países europeos, como Suiza”, asegura.
Para Langtry, esta diferencia económica es uno de los motivos principales de la fuga de investigadores españoles al extranjero. “No es que tengan una forma de investigar aquí totalmente puntera y entonces no saquen años de ventaja. Es más la financiación y las condiciones de trabajo”.
El futuro de la inmunoterapia y el retorno a España
En el campo de la inmunoterapia, considera que todavía queda mucho camino por recorrer antes de que los pacientes puedan beneficiarse de todos los avances. “Realmente no tiene un acceso mucho más allá de lo que son ensayos clínicos en inmunoterapia”, explica. Los nuevos tratamientos deben superar numerosas fases antes de incorporarse a la práctica hospitalaria.
Aun así, cree firmemente en el potencial de esta estrategia. “La apuesta es muy grande. Se está invirtiendo mucho en inmunoterapia”, afirma. Vacunas de ARN y terapias de antígenos están abriendo caminos que podrían cambiar el futuro de la oncología.
Después de cinco años en el CNIO, Alberto asegura que una de las mayores enseñanzas que se llevó fue la importancia de hacer ciencia rigurosa. “Nunca estar conforme con un trabajo medio hecho”, resume. “El hecho de no estar 100% seguro hacía que yo no pudiese dormir tranquilo”.
También conserva el recuerdo de un ambiente de trabajo muy humano. “El laboratorio del CNIO era como una familia. Estábamos todos muy cómodos, había mucha confianza. Todo el mundo ayudaba a todo el mundo”.
Aunque ahora desarrolla su carrera en Estados Unidos, su mirada está puesta en España. Su objetivo científico a largo plazo es curar el cáncer. "No voy a descansar hasta que lo consiga", afirma. En el plano profesional, tiene claro dónde le gustaría estar: "Me encantaría poder tener mi propio laboratorio, por supuesto. Poder seguir en el tema de la inmuno-oncología porque es mi apuesta, creo que es el futuro". Así que su deseo es volver a Madrid y, si es posible, hacerlo en el CNIO. "Es el mejor centro de investigación de cáncer de España y uno de los más punteros en Europa", señala.
A los jóvenes investigadores que quieran desarrollar una carrera internacional les lanza un mensaje: "Que pierdan el miedo". Para él, muchos científicos jóvenes se infravaloran y no se atreven a contactar con investigadores de referencia. Su consejo final es aprovechar todas las oportunidades disponibles: "Que se muevan, que utilicen todas las oportunidades que tienen y que no tengan vergüenza, porque lo máximo que te puedes llevar es un no".
