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Han pasado dos días desde el trágico accidente ferroviario en Urda (Toledo) que ha causado, por el momento, 69 fallecidos. Una tragedia que no olvidarán ni las víctimas ni sus seres queridos, pero tampoco los profesionales sanitarios que estuvieron al pie del cañón durante más de 24 horas, en las que la atención sanitaria era crucial para salvar vidas. "Ojalá que no hubiera pasado para no haberlo vivido", reconoce Rafael Rubio, urgenciólogo, quien ejerció como jefe de guardia en el Hospital Universitario de Toledo, donde ingresaban los pacientes más críticos. Ahora, una vez pasada la tensión del momento, reflexiona sobre la labor de todo el equipo en un día que, indudablemente, quedará marcado en su recuerdo. "Tenemos la seguridad y la convicción de que el trabajo se hizo bien. Dimos todo lo que teníamos", ha enfatizado.

Cuando Rubio ha abierto los ojos este viernes, lo primero que le ha venido a la mente han sido las caras de las personas que atendieron y cómo estarán ahora. "Hablo de pacientes, familiares y compañeros", ha explicado a Redacción Médica. Este miércoles 28 de octubre, entró por la puerta del Hospital Universitario de Toledo a las 8:00 horas para empezar su guardia. Estaba en urgencias cuando se enteró de la noticia. "Empezamos a mover a pacientes para tener espacio para las personas que vinieran", ha relatado. Media hora después del accidente, se reunió con los responsables del centro, en calidad de jefe de guardia, como jefe de guardia para organizar la respuesta y establecer los protocolos junto a los distintos jefes de Servicio.

Una vez estuvo todo organizado, bajaron a Urgencias y se formaron los equipos multidisciplinares. "Todos sabían cuál era su función", ha detallado. Sin embargo, recuerda los momentos en los que esperaban a los pacientes y la "tensión" que se respiraba por la incertidumbre del momento.

Ser jefe de guardia durante el accidente ferroviario en Toledo

Era la primera vez que Rubio vivió una tragedia así como jefe de guardia. Al principio, sentía incertidumbre y "miedo" a fallar o a no saber cómo reaccionar. Sin embargo, cuando empezaron a llegar pacientes y todo el equipo se fue coordinando, se dio cuenta de la red de apoyo con la que contaba en el hospital. "Cuando la gente sabe qué hacer, el coordinar es muy fácil", ha reconocido. Es por eso que agradece a sus compañeros toda la ayuda que le brindaron. "Es una experiencia de la que he obtenido conocimiento, pero ojalá que no hubiera pasado para no tener que haberla vivido", ha enfatizado.

Su jornada se prolongó desde las 8:00 horas del miércoles, cuando llegó al hospital, hasta las 17:00 horas del día siguiente. Con la situación más controlada, ahora es cuando puede analizar todo lo ocurrido durante los últimos días. "Inicialmente, tienes la cabeza como abotargada. Intentas analizar lo ocurrido y te vas a casa repasando cada actuación. Tu cabeza está como en una nube. Pero, cuando pasa todo, es cuando aflora el estrés", ha explicado.

¿Cómo ha afectado emocionalmente a los profesionales sanitarios?

Vivir una experiencia tan impactante no es fácil. Rubio presenció situaciones que, emocionalmente, le "atravesaron entero". "No puedes dejar que te dominen al principio, pero, cuando todo se calma, te afectan", se ha sincerado. Por ese motivo, es fundamental cuidar la salud emocional de los profesionales y darse tiempo para recuperarse. "Tengo la seguridad y la convicción de que el trabajo se hizo bien. Eso me da mucha tranquilidad", ha reconocido.

En la actualidad, el Hospital Universitario de Toledo ha recuperado su actividad asistencial con normalidad, y los pacientes ingresados continúan recibiendo atención en los servicios de UCI y planta. Lo ocurrido el 28 de octubre no se olvidará, pero los profesionales sanitarios tienen la "seguridad y la convicción" de que el trabajo "se hizo bien". "Dimos todo lo que teníamos", ha concluido.