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Cada lunes, Pablo Plaza cruza la frontera. Sale de Pamplona, pasa el día entero en consulta en Burdeos, duerme allí y el martes combina consulta y quirófano antes de volver a casa. Son dos días de agenda apretada que concentran toda su actividad como oftalmólogo, ya que el resto de la semana vive en Navarra, con su familia.

Este pamplonés de 37 años es especialista en retina y tiene una plaza pública en Navarra, pero está en excedencia desde enero de 2025. No es que trabajar en España le hiciera infeliz, sino que desde que conoció el modelo francés, le cuesta aceptar el español. "En España soy muy poco eficiente para el tiempo que voy; podría hacer mucho más, pero no me dejan", resume en su conversación con Redacción Médica. Sin embargo, su salida no fue planeada, ya que estudió Medicina en la Universidad de Navarra, hizo la especialidad en Pamplona y llevaba dos años como adjunto cuando, el 13 de marzo de 2020, se le acabó el contrato: la vacante que ocupaba pasó a un traslado.

En ese momento, la alternativa que le quedaba era un hospital comarcal, el de Estella, donde apenas se operaba y a nivel profesional no le llenaba. De este modo, decidió dar el paso que ya llevaba pensando tiempo, casi desde niño, cuando había vivido ya dos años en Francia y uno en Irlanda. Además, la cultura francesa también le llegó desde pequeño, pues su madre es profesora de francés y él estudió en el Liceo Francés de Pamplona. "Siempre he sido muy movido", dice. Con el apoyo de su mujer, también médica, dermatóloga, decidió probar suerte al otro lado de los Pirineos y en noviembre de 2020 se instaló en Burdeos.

Una oposición que no estaba en los planes

Tras un año en Burdeos y otro en Biarritz, su historia dio un giro inesperado. Animado por la familia, sobre todo por sus suegros, se presentó a la oposición de especialistas en Navarra, y su mujer también. "No es el MIR: es el examen que haces cuando ya eres especialista, para tener una plaza en propiedad", detalla Plaza. Esto era algo que "no estaba en mis planes, pero sacamos los dos plaza". Para no perderlas, en 2022 volvieron a Pamplona, sin embargo, el oftalmólogo no quiso renunciar a Francia, donde tenía "unas condiciones muy buenas" y un buen equipo.

"Pongo mis horarios, mis pacientes, decido absolutamente todo"

De este modo, negoció repartir su tiempo y desde 2022 hasta enero de 2025 estuvo "combinando las dos cosas: mi plaza en Estella y mi trabajo en Francia, adonde iba lunes y martes". Para entonces estaba "un poco quemado" del hospital comarcal y la familia había crecido. Su mujer le animó a dar el paso: "Si quieres, cógete una excedencia en el público, si no te está aportando nada a nivel profesional". A día de hoy, Pablo está en excedencia en el hospital de Estella y viaja lunes y martes a Burdeos, donde ejerce de oftalmólogo, siguiendo las condiciones y el sistema sanitario francés.

Sin plaza, pero con libertad

Lo cierto es que en Francia no existe un sistema de oposiciones y de plazas como en España. "El modelo es muy diferente, no tienes una plaza en un hospital, tienes un contrato de trabajo, o puedes ponerte por tu cuenta, porque un gran porcentaje de la sanidad está liberalizada", señala Plaza. De hecho, el médico abre su propia consulta, se asocia con otros o trabaja para una empresa, y atiende a pacientes de la Seguridad Social, en un sistema que compara con los conciertos españoles.

"En Francia aceptas pacientes de la Seguridad Social, como si fuese un concierto aquí, es decir, los pacientes son públicos, pero tú te lo montas por tu cuenta a nivel privado. El paciente paga la consulta y el Estado le reembolsa lo que la Seguridad Social tiene pactado", destaca el especialista. De hecho, él trabaja ahora como asalariado de una empresa, pero la diferencia está en lo que puede decidir. "Pongo mis horarios, mis pacientes, decido absolutamente todo. El médico tiene muchísimo más poder", explica. "No vas a fichar ni hay un horario; el horario te lo pones tú".

"El paciente te elige a ti, así que te sientes totalmente responsable de él"

El ejemplo más claro está en el quirófano. "Tengo un quirófano y quiero hacer diez cataratas, pero si tengo mucha lista de espera y a un paciente lo tengo que operar ya, hago doce. Y si en otro momento no tengo tanto volumen, hago ocho". En España, en cambio, se sentía atado a agendas y huecos de quirófano marcados por un gestor. "Todo eso lo pone un gestor político". A su vez, el sueldo va en función de lo que haga, y eso también le permite adaptar el ritmo a cada etapa de su vida: apretar más o aflojar, según el momento.

Pablo Plaza, el oftalmólogo que vive en Pamplona pero trabaja en Burdeos / Cedida

"Mis pacientes vienen porque les gusto yo"

El cambio no es solo para el médico. En Francia, subraya, es el paciente quien elige a quién acude. "Mis pacientes vienen porque les gusto yo, no porque les toque mi cupo", afirma. Aunque trabaja en Burdeos, atiende a pacientes que llegan desde Pau, Montauban o Limoges. Eso cambia la relación por completo. "El paciente te elige a ti, así que te sientes totalmente responsable de él". Y tiene consecuencias: "Si los tratas mal y eres mal médico, tendrás cada vez menos y te irá peor. Si eres mejor profesional, normalmente te irá mejor".

Sin embargo, para Pablo, el modelo francés se diferencia del español principalmente en tres pilares. La primera, la despolitización. "En España la sanidad está politizada: los políticos lo deciden todo, horarios, sueldo, condiciones, agendas". La segunda, la autonomía del médico, ligada a su responsabilidad. Y la tercera, la liberalización: frente a un modelo español que define como hospitalocentrista, en Francia "todo lo que puede estar fuera del hospital está fuera", y al hospital se va para lo grave.

Sin embargo, España cuenta con una ventaja clara frente al sistema francés. La capacidad de la Administración para cubrir zonas rurales o poco atractivas creando plazas allí. En Francia, el médico elige dónde trabajar, y cuando faltan profesionales, esas zonas lo notan. "Cuando faltan médicos, Francia sufre en las zonas rurales, y quizá España sufre menos".

Un sistema sostenido por la vocación

La fuga de médicos a otros países es, de hecho, el tema central del libro que acaba de publicar, La mejor sanidad del mundo. Su tesis es que España ha tenido una buena sanidad, pero a un precio que ya no se sostiene. "España ha sido un sistema muy eficiente porque ha pagado muy mal al médico", sostiene. "Nos hemos acostumbrado y se han servido de lo vocacional para paliarlo todo".

Con un mercado globalizado y menos miedo a marcharse, cree que la salida de profesionales irá a más y entiende a quienes se van. El médico joven, describe, mira a sus compañeros de 50 años peleando por peonadas para pagar la hipoteca o la universidad de sus hijos y no quiere eso para él. "No necesito ser millonario, pero quiero vivir bien", resume poniendo voz a esa generación. "Es normal que la gente se vaya. Me parece totalmente lícito".

El libro, que escribió en 2025 mientras cursaba un máster de gestión, compara el modelo español, de origen británico, con el francés, de inspiración alemana, y propone aprender de países como Alemania, Francia o Suiza. Va dirigido a la sociedad y, sobre todo, a los políticos. "El problema es que meten la mano en todo", critica. Lo que pide es que se deje al médico decidir su propio camino.

Es por ello que para Pablo, volver a trabajar en España no está en sus planes inmediatos. No porque le disguste el país: vive en Pamplona, prefiere "el modo de vida español" y reconoce que en Estella trabajaba a gusto. El problema es otro. "Cuando pruebas el modelo francés, es muy difícil volver a acostumbrarte", admite. "A corto plazo te diría que no me lo planteo. Pero no lo sé, la vida da muchas vueltas".