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Mari-Luz Martínez Mas, cardióloga del Hospital Clínico Universitario de Valencia y que llegó a ser una de las grandes investigadoras en el campo de la aplicación de técnicas diagnósticas y con el estudio de la electrofisiología cardiaca básica y las arritmias, ha muerto dejando una huella imborrable no solamente en su centro hospitalario, sino también dentro de la Cardiología española por su lucha constante a la hora de buscar mejorar con rigurosidad los protocolos diagnósticos y terapéuticos indicados en cada caso.

La especialista realizó sus años de residencia en el centro valenciano bajo las órdenes de Vicente López Merino, por aquel entonces jefe del Servicio de Cardiología. Durante su estancia como MIR, la residente logró mejorar sus habilidades y el conocimiento relacionados directamente con la atención clínica, además de avanzar en el interés por encontrar respuestas a las preguntas que surgían en relación con las causas, mecanismos y procesos implicados en el desarrollo de las enfermedades.

Tras la finalización del periodo de formación ejerció como especialista en el Hospital Clínico de Valencia y después en el Hospital Arnau de Vilanova de la misma ciudad, donde, a nivel de investigación, Martínez Mas también se especializó en el estudio de las repercusiones cardiovasculares de la actividad física. Durante su estancia en el Arnau de Vilanova, la facultativa formó parte del equipo de profesionales dirigido entonces por el cardiólogo José Francisco Sotillo y posteriormente volvió a incorporarse a la plantilla del Hospital Clínico.

Investigación y mejora de protocolos diagnósticos

Durante esta etapa de su vida profesional su actividad asistencial se centró en las aplicaciones de la ergometría en el diagnóstico y en la evaluación funcional, en la atención de los pacientes en el ámbito de las consultas externas y, en relación con ambas, en la participación en el desarrollo y aplicación de los programas de rehabilitación post-infarto.

Una de las facetas más desarrolladas por la cardióloga fue, a lo largo de su vida, su interés a la hora de atender adecuadamente a los pacientes, actualizando constantemente sus conocimientos y aplicando con rigurosidad todos los protocolos indicados en cada caso.

Una de las batallas que ganó la especialista fue, en materia sanitaria, conseguir la renovación del equipamiento empleado para la realización de las pruebas diagnósticas, circunstancia que le permitía ejercer más eficazmente su actividad profesional. La facultativa se involucró durante sus años en el Hospital Clínico en la mejora del ejercicio profesional del Servicio, participando en comisiones de trabajo específicas sobre cuestiones administrativas.