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Dos de cada tres mujeres conviven con ella tras dar a luz, pero pocas saben ponerle nombre. La diástasis abdominal, la separación de los músculos rectos del abdomen, es "la gran desconocida de la recuperación posparto" afirma Rafael Vicetto, director de fisioterapia de la Agrupación Española de Diástasis Abdominal (AEDA) en Madrid, a Redacción Médica. Un problema que arrastra consecuencias físicas y emocionales y que, con frecuencia, ni se diagnostica bien ni se trata como debería.

A ese desconocimiento se suma una idea muy extendida de que la fisioterapia empieza a coger con pinzas: la de que los ejercicios hipopresivos son el mejor remedio para recuperar el abdomen. Tanto es así que la ecografía ha cambiado ese panorama; de hecho, "cuando hay una diástasis importante, la aumenta", advierte Vicetto. Su testimonio ayuda a separar lo que funciona de lo que se ha dado por bueno sin evidencia.

Qué es y por qué es importante la diástasis abdominal

La diástasis se produce cuando la línea alba, el tejido que une los músculos rectos, se distiende y los separa. "Cuando la distancia entre los rectos supera los 2,5 centímetros, hablamos de una diástasis que necesita tratamiento", precisa el fisioterapeuta. Las causas son varias: el embarazo, la obesidad, el aumento repetido de la presión intraabdominal —"como los abdominales clásicos"— y ciertas cirugías que seccionan esa línea para acceder al abdomen.

De este modo, el problema no es solo estético, sino que va mucho más allá. Al separarse los rectos, "el abdomen disminuye su capacidad de contención de las vísceras", explica el fisioterapeuta. No sujeta bien los órganos y aparece "lo que se denomina una mala transmisión de las cargas", origen de dolores lumbares, problemas de suelo pélvico —sobre todo pérdidas de orina— y trastornos digestivos con distensión y dolor. "No es que exista una enfermedad, sino que el abdomen no controla las vísceras", resume.

"Los fisioterapeutas nos hemos dado cuenta de que no mejora la diástasis".

En este sentido, durante años, el ejercicio hipopresivo se ha considerado un aliado del abdomen, pero la ecografía ha desmontado esa creencia cuando existe una diástasis relevante. "Consiste en abrir las costillas y quedarse en apnea con el abdomen metido hacia dentro; al abrirse las costillas, la línea alba se abre, y eso es justo lo contrario de lo que buscamos", detalla Vicetto. El objetivo del tratamiento es el opuesto: "Necesitamos que el abdomen se cierre y sea funcional".

Lo cierto es que los hipopresivos son un ejercicio muy bueno que "mejoran el suelo pélvico en temas de incontinencia y también la postura", pero solo es recomendable para diástasis leves "porque entonces ecográficamente vemos que no abre", además de en deportistas y personas con dolor lumbar.

Pero exigen técnica: "Un hipopresivo bien hecho exige quedarse en apnea un mínimo de 20 o 25 segundos", y muchas pacientes los ejecutan mal "porque se los ha enseñado una amiga o han visto un vídeo en YouTube". No están, además, exentos de riesgos, ya que están contraindicados en cardiopatías, arritmias importantes o insuficiencias cardíacas, "porque aumentan la presión intraabdominal y pueden ser peligrosos".

La ecografía es la que manda

Una de las herramientas más útiles para detectar el grado de una diástasis abdominal es la ecografía. Es lo que permite ver "la línea alba y qué ocurre al pedir un ejercicio, si abre o cierra la diástasis". Y es también lo que ha derribado viejas certezas: "Se creía que el hipopresivo era muy bueno porque no se valoraba con ecografía; ahora que la usamos, los fisioterapeutas nos hemos dado cuenta de que no mejora la diástasis". De este modo, el especialista plantea otra alternativa, lo que él denomina "Stop Diástasis".

Se trata de un tratamiento basado en el estudio ecográfico y en el trabajo de la musculatura profunda. "Activan mucho el transverso y los oblicuos en distintas posturas", explica. Y una diferencia esencial: "No son ejercicios en apnea, al contrario; pido a los pacientes que cuenten en alto para no quedarse en apnea y que mantengan el movimiento al menos 15 o 20 segundos".

"Hay un componente muy importante de no aceptación del cuerpo".

A su vez, es de carácter progresivo y con controles ecográficos "a las 3, las 6 y las 12 semanas", de menos a más complejidad, "igual que en el gimnasio se empieza por ejercicios básicos". Por eso, insiste, hay que trabajar "un mínimo de 12 semanas antes de dar el alta". A los ejercicios se suma, en ocasiones, "una faja que aproxime los rectos para mejorar la línea alba, aunque no todas las fajas sirven".

Mujer con diástasis / Imagen de Envato

Las situaciones que necesitan una cirugía

La fisioterapia es la primera línea, pero no siempre basta. A veces, tras las 12 semanas, "la diástasis ha mejorado, pero no del todo, y el paciente sigue con síntomas". Es en ese momento donde entra en juego la cirugía, sobre todo "siempre que hay una hernia, ya que hay un defecto de la pared que necesita cirugía". Aun así, hay que individualizar, sobre todo en mujeres que desean volver a ser madres: "Si tiene una hernia o una diástasis importante y quiere quedarse embarazada de nuevo, es mejor preparar un poco el abdomen para poder gestar".

En estos casos que necesitan pasar por quirófano, la coordinación con el cirujano es estrecha, antes y después. "Muchas veces preparamos el abdomen con un tratamiento preoperatorio para que la cirugía sea un éxito", con "un mínimo de seis u ocho semanas de antelación", y después se trabaja el drenaje, la inflamación y la musculatura "siempre en contacto con los cirujanos".

Un gran peso emocional

Por otro lado, la diástasis abdominal cuenta con un fuerte componente emocional y de salud mental, siendo una de las principales causas de depresión posparto. Muchas mujeres, "llegan a consulta diciendo que les condiciona hasta para socializar, para estar con su pareja o para bajar a la piscina, porque no quieren que nadie les vea el abdomen", cuenta el fisioterapeuta. Hay, "un componente muy importante de no aceptación del cuerpo", porque ven "que su abdomen no es normal incluso años después de la gestación".

Un malestar que los fisioterapeutas "debemos abordar y escuchar", y que muchas veces se alivia con el simple hecho de entender qué ocurre: "Cuando les diagnosticamos la diástasis, entienden qué les pasaba realmente". Tanto es así que, si la diástasis sigue siendo la gran olvidada del posparto, es, en parte, por un problema de diagnóstico. "Hay una falta de diagnóstico clínico, algo que ocurre en muchas especialidades: no todos los médicos saben de todo", señala Vicetto, que reclama "formar bien a los profesionales sanitarios y explicarles cómo diagnosticarla, porque es sencillo".

Tan sencillo que la propia mujer puede sospecharlo en casa. El fisioterapeuta describe una autoexploración orientativa: "Tumbarse boca arriba, colocar la mano en el abdomen, flexionarlo ligeramente y comprobar si le entran dos o tres dedos". No sustituye al diagnóstico, pero sirve de señal de alarma para consultar. Su objetivo, insiste, es que la diástasis se entienda por lo que es: "Un problema de salud y que, como tal, debe tratarse".