Aitana Díaz termina con la última sesión que tiene programada esta mañana. Lo hace de forma online, aunque también trabaja de forma presencial en las dos clínicas con las que colabora. "Los pacientes están de vacaciones y no están en la ciudad", explica a Redacción Médica. Aunque su camino dentro de la Psicología ahora está afianzado, no siempre lo tuvo claro. De hecho, su pasión comenzó hace años, cuando entendió en una sesión con un psicólogo cómo su discapacidad visual había afectado a su vida. Desde entonces, ha terminado la universidad y ha cursado tres másteres con un objetivo claro: ayudar a las personas a entender sus comportamientos y darles herramientas para saber gestionar sus problemas.
La discapacidad visual de Díaz es hereditaria. Su madre padecía distrofia macular y, cuando Aitana tenía dos años, fue ella misma quien detectó que su hija también la padecía. "Supo adelantarse a lo que me iba ocurriendo. Normalmente se tarda más tiempo en diagnosticarlo", subraya. Esta patología, considerada una enfermedad rara, afecta a la mácula del ojo y provoca problemas de visión. "La luz me molesta mucho", reconoce, y añade que actualmente tiene una discapacidad reconocida del 76 por ciento. "Soy muy fotofóbica. No veo bien de lejos y de cerca regular. De hecho, el filtro de mis gafas de sol vale para soldar. Es muy oscuro", detalla.
Aunque con obstáculos, no dejó que su enfermedad le impidiera cumplir sus sueños. Es cierto que siempre le había llamado todo lo relacionado con la salud mental, incluso se planteó convertirse en psiquiatra. Sin embargo, tras terminar Bachillerato, decidió ingresar en el doble grado de Matemáticas e Ingeniería Informática. Pero las Matemáticas se estudian con letras griegas y números, y su enfermedad le impedía seguir las clases con normalidad. "Era muy difícil", reconoce.
Renunciar a Matemáticas e Ingeniería Informática para entrar a Psicología
Fue durante este periodo de su vida cuando empezó su propia terapia individual con un psicólogo. Tras tres sesiones, le hizo lo que los profesionales llaman "devolución de información", y le ayudó a entender cómo había afectado la discapacidad a su vida. En ese momento, su percepción cambió y decidió que abandonaría el doble grado para comenzar su formación como psicóloga. "La Psicología te explica todos los procesos por los que pasa tu cabeza. Quise entender los comportamientos de las personas y ayudarles a entenderlos", ha incidido.
Durante la carrera, tuvo "la suerte" de encontrar compañeros empáticos y leales que le ayudaban a superar cualquier adversidad. "Me explicaban lo que se escribía en la pizarra si no lo leía", ha resaltado. La universidad también le adaptó los exámenes, por ejemplo, ampliando el tamaño de las preguntas para que pudiera leerlas sin problema. "También pedí que colocaran unas cintas antideslizantes en los escalones de la entrada de la facultad, porque no los veía bien", ha añadido, afirmando que la institución le ayudó en todo lo posible para que pudiera completar su formación.
Prácticas como psicóloga en un centro de desintoxicación
Durante las prácticas, estuvo formándose en un centro de desintoxicación. En él se organizaban terapias de grupo y, debido a su discapacidad visual, no reconocía las caras y tuvo que aprenderse las voces de los pacientes y dónde estaban colocados. "Esto también me ocurre hoy en día. En la sala de espera no veo a mis pacientes, les reconozco por la voz cuando me hablan", ha explicado, reconociendo que, por estos motivos, ha mejorado "mucho" su memoria.
Sin embargo, su discapacidad también le ha aportado beneficios positivos en su labor como psicóloga. Por ejemplo, está acostumbrada a detectar cómo se encuentra un paciente tan solo por su tono de voz. "También encuentro las palabras exactas que quieren transmitir, pero no lo consiguen. Por tanto, lo que unos compañeros detectan solo por la vista, yo lo percibo sin necesidad de ver", ha indicado.
La importancia de la educación sexual
Desde que comenzó su periplo dentro de la Psicología, Díaz ha terminado la carrera y ha cursado tres másteres: el general sanitario para ejercer, uno de sexología y terapia de parejas, y otro sobre población infantil. "Este último aporta sentido para entender el contexto de los padres", ha explicado. Y ahora está formándose en trauma psicológico. Aunque ahora esté colaborando con dos clínicas, una en Madrid y otra en Alcalá de Henares, de cara al futuro espera tener su propia consulta. "Como sexóloga creo que hay mucha información sobre salud sexual, pero falta sobre educación sexual", ha explicado.
Ella misma reconoce que vive de "apagar fuegos" que no se evitan por desconocimiento. Por eso, entre los proyectos a futuro que tiene pensados está crear una escuela para padres centrada en la educación sexual y en la gestión emocional. Además, en septiembre lanzará el pódcast 'Disciplina2' junto a un fisioterapeuta que también padece una discapacidad, y tratarán temas tan importantes como la salud, las finanzas y el crecimiento personal.
Díaz es consciente de que su historia puede servir de ejemplo para otras personas con discapacidad que consideran que no pueden cumplir sus sueños. Ante esta situación, recomienda hacerse una pregunta esencial: ¿qué es lo peor que puede pasar? "A veces nos quedamos en el '¿y si sale mal?'. ¿Y qué pasa? No se va a acabar el mundo. Las cosas que no intentes tú, no las va a intentar nadie por ti", ha concluido.
