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El próximo 12 de agosto, gran parte de España se prepara para ver uno de los fenómenos astronómicos más impresionantes de los últimos años. El eclipse solar total se podrá observar desde numerosos puntos de nuestro país y ha despertado el interés de la mayoría de la población. Sin embargo, hay que tener en cuenta ciertos riesgos para la salud si no se contempla de la forma adecuada, ya que mirar al sol sin protección puede provocar una lesión permanente en la retina.

Lo que resulta menos conocido es por qué ese daño pasa completamente desapercibido mientras se está produciendo. De hecho, la persona afectada puede no darse cuenta de nada hasta horas —o incluso un día— después de haber mirado el fenómeno. En este sentido, Gonzalo Bernabéu, oftalmólogo y director médico de HM Eye Center (HM Hospitales), ha explicado a Redacción Médica en qué consiste exactamente esta lesión, conocida médicamente como retinopatía solar, y por qué su propia naturaleza la convierte en un riesgo especialmente traicionero de cara al eclipse del 12 de agosto.

¿Qué es exactamente la retinopatía solar?

La retinopatía solar es, según define Bernabéu, "una lesión de la retina causada por la luz del sol". El mecanismo del daño se centra en la zona más sensible del ojo: "La energía solar daña las células encargadas de la visión central, y ese daño puede afectar de forma permanente", explica el especialista. Es decir, no se trata de una simple molestia pasajera, sino de una agresión directa sobre el tejido responsable de la agudeza visual y de la capacidad de distinguir detalles finos, como los que se usan para leer o reconocer rostros.

Uno de los aspectos que más debería inquietar a quien piensa en observar el eclipse sin protección es la rapidez con la que puede producirse la lesión. "Basta con mirar unos segundos directamente al sol para producir una lesión", advierte Bernabéu, lo que deja un margen de reacción prácticamente nulo una vez que la mirada se ha dirigido al sol sin las gafas adecuadas. Pero uno de los aspectos más llamativos de esa patología es que no causa ningún tipo de dolor.

Esto se debe a la propia estructura biológica de la retina, la cual, "al igual que el cerebro, es en gran parte tejido nervioso, y carece de receptores para el dolor", detalla el oftalmólogo. Esta característica anatómica es la que explica que la persona "no note que se está dañando el ojo hasta que aparecen los problemas de visión". Esta ausencia de dolor es, precisamente, lo que convierte a la retinopatía solar en un riesgo tan peligroso. A diferencia de una quemadura en la piel, que provoca una reacción inmediata de retirada, el ojo no envía ninguna señal de alarma mientras la lesión se está formando. "Lo más peligroso es que no duele, con lo que no hay signos de que esa luz nos está dañando", detalla el oftalmólogo.

Un daño que puede ser irreversible

Esta particularidad se agrava, además, en el contexto específico de un eclipse. Al reducirse la luminosidad ambiente durante el fenómeno, la pupila se dilata de forma natural, lo que genera una sensación engañosa de que el sol "ya no hace daño". Sin embargo, como recuerda el especialista, "sus radiaciones siguen siendo capaces de quemar la retina", con independencia de que el entorno parezca más oscuro o de que mirar directamente al sol resulte, en ese momento, menos incómodo que en un día despejado normal.

Precisamente por la combinación de rapidez y ausencia de dolor, la retinopatía solar puede tener consecuencias duraderas. Según explica Bernabéu, "en algunos casos mejora con el tiempo, pero el daño puede ser permanente y dejar secuelas visuales". Y no existe, además, ningún tratamiento capaz de revertir la lesión una vez producida. "No hay un tratamiento que repare la retina. Por eso la prevención es la mejor y prácticamente la única protección eficaz", insiste el director médico de HM Eye Center.