El sueño de estudiar Medicina no siempre es innato. Tampoco el futuro profesional está definido ni cuando se está a punto de terminar la carrera. Clara Marín es un claro ejemplo de ello. Ella empezó sus estudios sin saber siquiera si llegaría a terminarlos. Hoy es la única profesional de su hospital que compagina la jefatura de dos servicios: el bloque quirúrgico y el de Anestesiología. Además, continúa ejerciendo como anestesista. "Estoy muy satisfecha. Siempre he tenido muchas inquietudes. Afronté la gestión como un nuevo reto y como un nuevo ámbito de aprendizaje. Intento hacer mi trabajo lo mejor posible y me siento valorada", explica en una entrevista con Redacción Médica.
Las altas capacidades como impulso para estudiar Medicina
Marín es superdotada. Ahora es miembro de Mensa, la asociación de personas de alto cociente intelectual. Cuando era niña, estuvieron a punto de adelantarle un curso, pero su familia se mudó a otra comunidad autónoma y volvió a incorporarse a la clase que le correspondía por edad. Finalmente, entró a Medicina en 2006. Ese fue el inicio de su trayectoria, pero fue un arranque lleno de dudas.
"No lo tenía nada claro", confiesa. Medicina era la carrera que más opciones le dejaba abiertas. "La verdad es que tenía la suerte de que se me daban bien los estudios y también me gustaban mucho las Humanidades. Dudaba con Ingeniería, pero al final estudié Medicina porque después podría hacer muchas otras carreras de segundo ciclo. Empecé la carrera sin saber siquiera si la iba a terminar", recuerda.
En su cabeza rondaba la posibilidad de cambiarse a Bioquímica, pero al final acabó terminando la carrera. "Me gustó. Como Medicina es tan amplia, creo que casi todo el mundo puede encontrar un hueco y un área de interés. Así que la terminé en 2012", explica.
Al acabar la carrera, se preparó el MIR y logró una nota bastante alta. Acabó escogiendo la especialidad de Anestesiología y Reanimación, una especialidad que reunía todo lo que a ella le gustaba. "Me atraía más la parte médica de la Medicina que la quirúrgica. Disfrutaba del razonamiento clínico que exigían las asignaturas de la rama médica", cuenta. Sin embargo, el ambiente del quirófano le atraía más, en parte por la inmediatez que exige el trabajo. "Además, la farmacología fue una de las materias que más disfruté durante la carrera. La Anestesiología reunía todo eso. Me ofrecía una visión global de muchas áreas de la Medicina", asegura.
Y aquí se detiene mucho. Explica que un anestesista debe dominar en profundidad la Fisiología y la Fisiopatología. Además, destaca que se trata de una especialidad muy inmediata, ya que utiliza fármacos muy potentes con efectos casi instantáneos. "Tienes que tomar decisiones de forma rápida y ágil", afirma. "Todo ese ambiente me gustaba y creo que no me equivoqué", reflexiona.
El camino de la gestión sanitaria
Esta mezcla de intereses marcó también el devenir de su carrera profesional. Desde los 30 años, con solo dos años de experiencia, le ofrecieron un puesto de gestión. Un año después, a los 31, ya era jefa de servicio. "Hice un máster oficial de gestión, que tiene mucha parte de legislación, de gestión económica, de recursos humanos, todo ello aplicado al campo médico. Me pareció un mundo apasionante. La verdad es que nunca dejo de aprender porque todo esto de la gestión es un campo amplísimo", asegura.
A día de hoy tiene 38 años y está a cargo de dos jefaturas. Trabaja en un hospital de una mutua de la Seguridad Social. Este es un modelo mixto, en el que los empleados son trabajadores públicos y está financiado por los Presupuestos Generales del Estado (PGE), pero la gestión es privada. “Dejé el sistema público en su momento porque, a nivel de gestión, me parecía que tenía muchas deficiencias”, advierte.
Sobre esto, matiza que el momento actual es muy complejo. "Soy un poco pesimista con lo que es la Medicina, con el Sistema Nacional de Salud. Creo que tiene retos muy importantes que se vienen presentando ya desde hace años. La salud se utiliza como un arma electoral más en la política y no se mira por la salud de los pacientes, que es lo que tiene que estar dentro, sin duda, de un sistema sanitario", sentencia.
Por otro lado, en lo que se refiere al papel de los gestores, ella habla en primera persona. Cuenta que en los hospitales de la mutua sí están muy implicados, tanto en la parte económica, de previsión de inversiones y de recursos humanos, como en la parte de cumplimiento normativo. "Muchas de las personas de mi alrededor sí que son conscientes de gran parte del trabajo que realizamos, pero luego, ya a niveles más superiores de gestión, como puede ser una dirección médica, las subdirecciones y las gerencias, creo que son muy desconocidas y me parece que no está suficientemente reconocido", advierte. Así, insiste en la necesidad de impulsar y valorar esta figura. Ahora, al preguntarle por la valoración de su recorrido profesional, lo tiene claro: "Me dieron una grandísima oportunidad. Creo que todos podemos imaginar que no es lo más habitual que una mujer de 30 años ocupe un puesto de confianza y de gestión en un hospital. Por eso estoy muy contenta", concluye.
