A los 12 años, Gabriela emprendió un viaje que cambiaría su vida para siempre. Dejó atrás a sus amigos, sus raíces y su país, Rumanía. Junto a su hermana, subió a un autobús con destino a España, con el objetivo de empezar una nueva vida. "Tuve que renunciar a todo lo que yo conocía hasta entonces para mudarme a un país donde no entendía nada", recuerda a Redacción Médica. Aquel viaje no solo significó cambiar de hogar, sino empezar de cero: aprender un idioma desconocido, adaptarse a una nueva cultura y afrontar una realidad para la que nadie te prepara.
Pero, con el tiempo, esa niña que llegó a un país tan extraño para ella acabaría convirtiendo cada obstáculo en un impulso. Se graduó en Enfermería con el mejor expediente de su promoción, trabajó mientras estudiaba Medicina para poder costearse la carrera y, tras un profundo proceso de reflexión personal, decidió apostar por la medicina estética. "Aunque haya muchos momentos muy difíciles en la vida, siempre hay que perseguir los sueños. Si tienes claro cuál es el tuyo, al final lo acabas consiguiendo", lo resume a Redacción Médica.
Gabriela emigró junto a su familia en busca de una vida mejor
En plena adolescencia, la vida de Gabriela dio un vuelco por completo. Sus padres habían emigrado a España años atrás en busca de mejores oportunidades laborales y, tiempo después, llegó el momento de que el resto de la familia se reuniera. "Para mí fue un cambio muy dramático. Me negaba en ese momento. Más tarde, entendí la decisión de mis padres", reconoce.
Gabriela relata cómo adaptarse a una nueva vida en España no fue una tarea sencilla. Comenzó primero de ESO sin entender prácticamente ninguna palabra y fueron sus propios compañeros quienes le ayudaron a dar los primeros pasos. "Recuerdo sentarme en clase y que mi compañero me dijera: "Mira, esto se llama anillo, esto se llama águila". Empecé así, poco a poco, aprendiendo cómo funcionaba el español", explica.
Pero el aprendizaje no terminaba al salir del instituto. "También salía a la calle y preguntaba a la gente dónde estaba la farmacia o algún sitio", rememora. Cada conversación y cada palabra aprendida se convirtieron en pequeños avances hacia una integración que, con el tiempo, acabaría marcando el inicio de una historia marcada por la superación.
"Para mí fue un cambio muy dramático. Me negaba en ese momento. Más tarde, entendí la decisión de mis padres"
Trabajar para cumplir el sueño de ser médica
A diferencia de otras personas, Gabriela descubrió con los años que quería estudiar Medicina, pero el camino no fue el que había planeado. Tras finalizar el instituto, no obtuvo la nota necesaria para acceder a la carrera durante la Selectividad y comenzó Enfermería como segunda opción. Lejos de renunciar a su objetivo, decidió aprovechar la oportunidad y continuar formándose. "Una vez dentro decidí acabar la carrera porque también me parecía muy bonita", señala.
Desde el principio, tuvo claro que, si quería cumplir su sueño, tendría que hacerlo con su propio esfuerzo. Así, comenzó a compaginar las clases con diferentes trabajos, al mismo tiempo que las becas estatales le ayudaban también a continuar estudiando. "Trabajaba limpiando y en un mercado vendiendo frutas, y con eso iba costeándome un poco mi vida", detalla la médica. Aquel sacrificio dio sus frutos cuando se graduó con el mejor expediente de su promoción.
Pero ese reconocimiento no solucionó el principal obstáculo: financiar la carrera de Medicina. Gabriela llegó incluso a trasladar su situación al entonces presidente de la Comunidad Valenciana, con la esperanza de encontrar alguna ayuda. "Le expliqué que quería seguir formándome en Medicina, pero al final el resultado fue que no había ninguna ayuda porque, a nivel estatal, no se contempla para una segunda carrera", lamenta. Sin otra alternativa, decidió trabajar como enfermera mientras estudiaba Medicina, convencida de que el esfuerzo acabaría acercándola a su meta final.
"Trabajaba limpiando y en un mercado vendiendo frutas, y con eso iba costeándome un poco mi vida"
Compaginar Medicina con el trabajo y viajar para encontrarse
Compatibilizar Medicina con su trabajo como enfermera fue uno de los mayores retos de Gabriela. La médica encadenaba jornadas laborales con clases y horas de estudio, hasta el punto de apenas tener tiempo para descansar. "Llegaba a casa a las dos de la mañana y a las ocho ya estaba en clase. Lo pude aguantar dos o tres meses, pero llegó un momento en que estaba muy cansada y no podía seguir con ese ritmo", recuerda.
A la carga académica se sumó la falta de comprensión por parte de algunos profesores. Mientras la mayoría de sus compañeros solo tenían que centrarse en estudiar, ella necesitaba trabajar para pagar la carrera. "No pedía que me aprobaran un examen, solo que tuvieran en cuenta mi situación personal", explica. La presión fue tal que llegó a plantearse abandonar Medicina porque sentía que "todo eran piedras" en el camino. Pero no lo hizo.
Y, en medio de esa época de subidas y bajadas, encontró una forma de desconectar y reconectar consigo misma. Tras meses ahorrando, recorrió Asia como mochilera, una experiencia que repetiría años después junto a su pareja y que abrió sus horizontes. "Nunca había salido de las fronteras de Rumanía y de España. Me enseñó a espabilarme yo sola en un país donde nadie hablaba inglés y a salir de mi zona de confort", afirma. Hizo autostop por Taiwán, convivió con personas de otras culturas y cumplió uno de sus grandes retos: ascender una montaña de más de 6.000 metros. Aquellos viajes, asegura, reforzaron su confianza y le demostraron que era capaz de adaptarse a cualquier situación.
Imagen cedida de Gabriela durante su viaje por Taiwán.
MIR y la decisión que cambió su futuro
Tras terminar Medicina llegó el momento de preparar el MIR, una etapa que define como una de las más duras de su vida. Se presentó en dos ocasiones. La primera obtuvo una buena nota, pero cuando llegó el momento de elegir ya no quedaban plazas de Anestesiología en Girona, la ciudad donde quería quedarse.
Mientras preparaba el segundo examen comenzó a trabajar como médica. Sin embargo, la ilusión del primer contrato duró poco. "Me llevé una gran sorpresa al descubrir que cobraba menos como médica que como enfermera. Empecé a llorar porque sentía que no se estaba valorando todo el esfuerzo que había hecho", confiesa.
Finalmente, decidió renunciar a esa plaza y regresar temporalmente a la Enfermería. "Como enfermera tenía un mejor sueldo y más estabilidad, lo que me permitió parar, pensar y decidir qué quería hacer realmente", detalla Gabriela. Fue entonces cuando entendió que quizá el éxito no consistía en seguir el camino que todos esperaban, sino en elegir el que realmente encajaba con sus aspiraciones.
La medicina estética: una vocación por encima de los prejuicios
La médica asegura que, desde la primera clase en la carrera, la idea de dedicarse a la medicina estética siempre estuvo rondando en su cabeza. Durante años aparcó ese sueño porque sentía la presión de quienes le insistían en que debía escoger una especialidad vía MIR. "Todo el mundo me decía que, después de haber estudiado tanto, cómo iba a dedicarme a eso", recuerda.
Pero, con todos los años de sacrificio que cargaba a sus espaldas, decidió escuchar su propia voz y comenzó a formarse en esta disciplina. "La medicina estética no es hacer un curso y ya está. Tiene una base de anatomía brutal y requiere una formación continuada", defiende. Gabriela acaba de comenzar un máster y continúa invirtiendo en cursos y formación especializada.
Las críticas, lejos de hacerla cambiar de opinión, han acabado reforzando su decisión. Su objetivo pasa ahora por combinar la práctica clínica con la investigación y la docencia, sin perder de vista la filosofía que guía su forma de entender la profesión: la honestidad y la naturalidad.
Han pasado años desde que aquella niña de 12 años se subió a un autobús dejando atrás el mundo que conocía. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, Gabriela tiene claro el mensaje que le enviaría a esa versión de sí misma: "Aunque haya muchos momentos muy difíciles en la vida, siempre hay que perseguir los sueños. Si tienes claro cuál es el tuyo, al final lo acabas consiguiendo".
