Durante más de tres décadas, José María Villalón ha sido uno de los grandes referentes de la medicina deportiva en España. Especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte y con una amplia trayectoria asistencial, docente e investigadora, ha desarrollado buena parte de su carrera al frente de los servicios médicos del Atlético de Madrid, donde ha participado en la evolución de un modelo que ha convertido la prevención, la personalización de los tratamientos y el trabajo multidisciplinar en pilares fundamentales del alto rendimiento.
En esta entrevista con Redacción Médica, Villalón analiza cómo la especialidad ha pasado de reaccionar ante las lesiones a anticiparse a ellas gracias a la tecnología y al análisis de datos. También defiende que la medicina deportiva debe trascender el ámbito del deporte profesional para convertirse en un aliado estratégico de la salud pública, impulsando la prevención, la prescripción de ejercicio físico y unos hábitos saludables que contribuyan a garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud.
"El mayor cambio ha sido pasar de una medicina reactiva a una medicina predictiva y de gestión"
Después de décadas trabajando en el deporte profesional, ¿cómo ha evolucionado la medicina deportiva desde que comenzó hasta la actualidad y cuál diría que ha sido el mayor cambio?
El mayor cambio ha sido pasar de una medicina reactiva a una medicina predictiva y de gestión. Antes íbamos por detrás de la lesión. Hoy monitorizamos carga, sueño y fatiga para anticiparnos.
La tecnología nos ha dado herramientas: inteligencia artificial, sistemas GPS y análisis prácticamente en tiempo real. Pero el verdadero salto conceptual ha sido entender que el jugador es el principal activo del club y que nuestra obligación es mantenerlo disponible.
España se ha consolidado durante años como una potencia deportiva en disciplinas muy diferentes. ¿Hasta qué punto ese éxito también responde al desarrollo de la medicina deportiva y de los equipos multidisciplinares que rodean al deportista?
Sin duda. El talento gana partidos, pero los equipos multidisciplinares ganan temporadas.
España ha exportado un modelo basado en la colaboración entre médicos, fisioterapeutas, readaptadores, nutricionistas y psicólogos. Esa red de profesionales ha permitido alargar carreras deportivas y sostener el éxito competitivo. Sin ese equipo detrás sería imposible.
En la élite, el médico debe equilibrar la recuperación del deportista con la presión competitiva. ¿Cómo se gestiona esa responsabilidad cuando el calendario apenas concede margen para la recuperación?
Es el gran dilema ético. Nuestro juramento es con la salud del jugador.
La clave está en comunicar con datos. No decimos simplemente que un jugador no puede competir; explicamos cuál es el riesgo real. Si sabemos que jugar hoy implica un 60 por ciento de posibilidades de sufrir una lesión que le mantenga tres semanas de baja, esa información permite tomar decisiones compartidas.
A veces, el mayor acto de valentía médica consiste precisamente en decir que no.
"Hay que aprender a hablar el lenguaje del entrenador y del directivo"
La prevención de lesiones y la personalización de los entrenamientos son hoy prioridades. ¿Qué innovaciones cree que marcarán el futuro inmediato de la medicina deportiva?
Hay tres grandes líneas de desarrollo. La inteligencia artificial para predecir el riesgo de lesión; la personalización extrema del entrenamiento, la nutrición y la recuperación a partir del ADN y del perfil de cada deportista; y las terapias de recuperación, como la medicina hiperbárica, siempre utilizadas con criterios científicos.
El futuro de la medicina deportiva pasa por dejar de tratar al grupo y tratar a cada individuo.
Cada vez más médicos jóvenes muestran interés por desarrollar su carrera en el deporte profesional. ¿Qué cualidades considera imprescindibles para ejercer en este ámbito y qué consejo les daría?
Humildad, capacidad para trabajar en equipo y una buena gestión del estrés. En este ámbito no existen horarios.
Es fundamental tener una sólida formación clínica, pero también aprender a hablar el lenguaje del entrenador y del directivo. Si uno no sabe traducir la medicina a los objetivos del equipo, difícilmente podrá aportar todo su valor. Y, por supuesto, siempre conviene rodearse de profesionales mejores que uno mismo.
"El ejercicio físico es la medicina más barata y eficaz que existe"
La sanidad española afronta retos como el envejecimiento, la cronicidad y la falta de profesionales. ¿Cuál considera que debería ser la principal prioridad para garantizar su sostenibilidad en los próximos años?
La prioridad debe ser la prevención y la promoción de hábitos saludables. El sistema sanitario ya no puede sostener un modelo centrado únicamente en tratar la enfermedad.
El ejercicio físico es probablemente la medicina más barata y eficaz que existe. Si consiguiéramos que la población realizara al menos 150 minutos de actividad física a la semana, ahorraríamos miles de millones de euros en patologías como la diabetes, la hipertensión o los problemas de salud mental.
La prevención suele ocupar un segundo plano frente al tratamiento. Desde su experiencia, ¿qué peso debería tener la promoción de hábitos saludables y el ejercicio físico en las políticas sanitarias?
Debería tener un carácter estructural. El ejercicio físico tendría que poder prescribirse desde Atención Primaria.
"La medicina deportiva debe reconocerse como una disciplina estratégica para la salud pública"
En un club deportivo sabemos que invertir un euro en prevención puede ahorrar diez euros en bajas. En la sanidad pública ocurre exactamente lo mismo. Necesitamos médicos que prescriban deporte y administraciones que comprendan que un polideportivo puede prevenir más enfermedad que muchas camas hospitalarias.
En el deporte profesional se habla cada vez más de "disponibilidad del jugador" como un indicador de éxito médico. ¿Cómo se mide realmente el trabajo de un equipo médico de élite?
La principal métrica es el porcentaje de disponibilidad: cuántos entrenamientos y partidos puede disputar el jugador.
También analizamos los días de baja, las recaídas, el coste económico de las lesiones y el rendimiento una vez que el deportista regresa a la competición. Un buen departamento médico no es el que evita todas las lesiones, sino el que las gestiona de la mejor manera posible y consigue que el jugador vuelva incluso en mejores condiciones.
El gran reto es que se reconozca como una disciplina estratégica para la salud pública y no únicamente para el deporte de élite.
"Hay que defender un replanteamiento del modelo competitivo"
La presión física sobre los deportistas no deja de aumentar con calendarios más exigentes y competiciones más intensas. ¿Cree que la medicina deportiva está llegando a un punto en el que ya no puede compensar el incremento de la carga competitiva?
Somos muy buenos, pero no somos magos. Existe un límite fisiológico.
Cuando un deportista disputa cerca de 70 partidos por temporada, la lesión termina apareciendo. Desde la medicina debemos alzar la voz y defender un replanteamiento del modelo competitivo. Proteger al jugador también significa proteger el espectáculo y la inversión que representa.
Tras una carrera en la que ha combinado asistencia clínica, investigación y gestión sanitaria, ¿qué gran reto sigue pendiente para que la medicina deportiva ocupe el lugar que merece dentro del sistema sanitario?
Sabemos mucho sobre prevención, ejercicio físico y adherencia a los tratamientos. Ese conocimiento resulta igual de útil para un paciente de 70 años con diabetes que para un futbolista profesional.
Debemos sacar la medicina deportiva del vestuario y llevarla a los centros de salud. Ahí es donde puede realizar una de sus mayores contribuciones a la sociedad.
Un instante durante la entrevista.
