Las condiciones laborales dentro de la Enfermería merman la vocación de muchas de sus profesionales. Gemma Martín terminó el EIR de Pediatría ilusionada; quería dedicar su vida a ayudar a los neonatos. Pero a los pocos meses descubrió una realidad que la desilusionó: la dificultad de conciliar. Necesitaba tiempo para ella y, cuando tuvo la oportunidad, renunció a su actividad asistencial en el hospital para ejercer como enfermera escolar. De esto han pasado más de dos años y cada vez es más consciente de la importancia de la salud mental entre los jóvenes. Ante la ausencia de psicólogos en su colegio, el año pasado se embarcó en un nuevo reto: compaginar su trabajo con la carrera de Psicología. "Necesito esa formación para aplicarla en mi día a día con los niños", ha reconocido.
Martín aterrizó en Enfermería de casualidad. Su primera opción tras la Selectividad fue Biología, pero no terminó de gustarle. Tras un periodo de reflexión, decidió abandonar el grado para centrarse en el sector sanitario. "Estaba entre Medicina o Enfermería", cuenta a Redacción Médica, y finalmente se decantó por la última debido a la cercanía con el paciente.
Prepararse para el EIR fue una decisión que tuvo clara desde que rotó en cuarto de Enfermería por la UCI pediátrica. Sabía que quería convertirse en enfermera especializada en Pediatría. Tras obtener una plaza y terminar su formación en dos años, consiguió un contrato en el servicio de neonatos; el área donde creía que se jubilaría.
La decepción de una EIR con la Enfermería
No obstante, su percepción sobre la Enfermería cambió. Los servicios de neonatos requieren "muchos cambios de turno" entre las profesionales, algo que le impedía conciliar. Fue precisamente ese motivo el que hizo que se desilusionara de la profesión.
Quería un cambio. No quería adaptar su vida a distintos horarios del hospital. Durante una de sus jornadas, una compañera le avisó de que el Ministerio de Sanidad había publicado varias ofertas para ejercer de enfermera en un colegio. Llamó al Hospital Ramón y Cajal para informarse y, tras terminar su contrato en el hospital, se incorporó directamente al centro educativo.
Ser enfermera escolar tras el EIR
Con su nuevo rol, por fin, se sentía realizada. Tenía todo lo que buscaba: conciliación y trato con los niños. Sin embargo, había un problema. "Mis jornadas eran reducidas, estaba al 40 o 50 por ciento, y eso me obligó a seguir trabajando en el hospital", ha explicado.
No obstante, terminó por conseguir un contrato indefinido con jornada completa, lo que le permitió abandonar el hospital y centrarse totalmente en su nueva faceta de enfermera escolar. Entre sus principales funciones está atender heridas y los golpes de los alumnos, así como las patologías que presentan, como la diabetes. Sin embargo, donde más importante es su labor es en la "escucha activa".
La salud mental en los colegios
Se ha dado cuenta de que cada vez hay más niños con problemas de salud mental, y su rol ha evolucionado. No solo cura heridas, sino que ayuda en todo lo que puede a los niños que padecen de depresión y ansiedad. Pero, aunque ella rotó durante un tiempo por Psiquiatría pediátrica, sus conocimientos no son suficientes para ayudarles más profundamente. Por eso, el año pasado tomó la decisión de estudiar la carrera de Psicología.
Actualmente está acabando segundo de carrera por la UNED. Se matricula de pocos créditos porque compagina sus estudios con el trabajo, y no tiene el tiempo que le gustaría para centrarse en los estudios. "Me da igual terminar más tarde porque lo estoy disfrutando", ha admitido. De momento, todas las materias que está cursando le ayudan en el abordaje de los niños con problemas de salud mental.
De cara al futuro, Martín no tiene claro en qué rama sanitaria se posará finalmente. La Enfermería siempre ha sido su vocación, pero asegura a este periódico que, si las condiciones siguen así, se decantará por la Psicología infantil.
