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¿Quién no se ha tumbado alguna que otra vez en la cama o el sofá con el portátil encima del torso? Probablemente, nadie que tenga algún ordenador de este tipo. Ya sea para trabajar o ver un capítulo de una serie, buena parte de la población elude, en ocasiones, el soporte de una mesa y emplea su propia anatomía como apoyo. Un gesto que parece inocente, pero no lo es. Es más, puede llegar a provocar daños cutáneos.

Así lo demuestra un caso recogido en la revista científica BMJ Case Reports, relatado por dos facultativos del Hospital Universitario de Leicester (Reino Unido). El protagonista es un menor de edad que desarrolló una lesión en la piel del abdomen debido al contacto prolongado con un portátil caliente. Un tipo de afección que se denomina eritema ab igne, conocida también como dermatitis por calor o síndrome de la piel tostada.

El caso comienza cuando un niño en edad escolar acude a Urgencias por la aparición de una mancha oscura en la parte superior derecha del abdomen. Esta fue interpretada por los sanitarios como un moretón, aunque el paciente no sentía dolor. Pese a todo, el equipo médico le realizó una tomografía abdominal en busca de lesiones, dado que el joven había sido empujado por su hermano contra una silla. No se hallaron signos de traumatismo.

No obstante, semanas después, este mismo niño acudió al servicio hospitalario con la mancha más extendida y con dolores. Los facultativos indagaron en la posibilidad de que el paciente estuviera expuesto a alguna fuente de calor. Entonces, respondió que utilizaba el portátil sobre el abdomen hasta ocho horas al día, a menudo mientras se cargaba. La contestación se transformó en diagnóstico: eritema ab igne.

¿Cómo se trata el eritema ab igne?

Esta alteración en la piel, provocada por la exposición repetida a calor de baja intensidad, tiene fácil solución. En primer lugar, retirar la fuente térmica y evitar el uso de los dispositivos electrónicos sobre el cuerpo. Ante un deterioro visible, aplicar tratamiento para la sanación cutánea y vigilar la evolución de la lesión. El seguimiento de estos pasos permitió al niño recuperarse.

La radiografía de este caso pone en alerta a los profesionales de la salud frente a la observación de manchas sobre la piel, dado que el eritema ab igne puede confundirse con otros problemas médicos. Por ejemplo, un traumatismo, vasculitis -por su apariencia- o un supuesto de livedo reticularis -la superficie cutánea afectada tenía un patrón en forma de red-. Una serie de posibilidades que pueden descartarse si el afectado confiesa que pasa periodos prolongados con dispositivos electrónicos sobre el cuerpo.

Así que, pese a la comodidad o la pereza, mejor no posar la tecnología sobre uno mismo. La consecuencia de ello puede dar más de un susto a alguno.