La convocatoria electoral para el próximo 29 de noviembre ha provocado que cada sector, cada gremio, cada lobby, prepare su particular 'carta a los políticos magos' que gobernarán el país a priori durante los próximos cuatro años.

Es inherente al ser humano pensar que, cuando se hace borrón y cuenta nueva, es una buena ocasión para que las ilusiones, los anhelos y los deseos estén más cerca de fraguarse.

Fenin, que representa a un segmento empresarial acostumbrado a estar a la vanguardia, ha pedido algo que parece tan obvio como que la calidad tenga más peso en los contratos públicos. Pero, por desgracia, su petición no es para nada ingenua. Refleja una realidad que lleva años padeciéndose en el ámbito sanitario.

La asfixia económica del sistema público hace que se antepongan criterios economicistas a otros que deberían primar para elevar el nivel de la asistencia.

Es la misma problemática que encuentran los pacientes cuando ven que en otros países hay fármacos eficaces disponibles que aquí tardan más en llegar al Sistema Nacional de Salud (SNS). O cuando nos topamos con que la sanidad privada gana en digitalización u otros avances organizativos.

En un momento en que el debate pre-electoral incluso recoge abiertamente la necesidad de reformar el sistema de pensiones, invocando a la sostenibilidad financiera de las arcas del Estado, ¿qué podemos esperar del futuro de la sanidad pública?

Hace tiempo que expertos de diversas ideologías vienen reclamando cambios de calado que la hagan más eficiente, que aseguren no solo su sostenibilidad, sino que permitan que siga siendo un motivo de bienestar y orgullo social.

Hay que recordar que incluso varios partidos políticos como PSOE, PP, Podemos y Ciudadanos aprobaron en julio de 2020 en el Congreso una reforma sanitaria emanada de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, cuando se atravesaba la pandemia de covid-19. Pero aquello nunca se llevó a cabo y lo votado y aprobado duerme el sueño de los justos en algún cajón, como si no existiera.

El 29N será otra oportunidad para poner sobre la mesa propuestas, ideas, y seguro que alguna ocurrencia. Los partidos políticos, en campaña, se mostrarán receptivos a escuchar y a transmitir nuevos aires.

¿Quedará todo en una representación? ¿Hay posibilidades reales de cambio? ¿Hacia dónde llevarán otros cuatro años de declive del SNS?

Habrá que tener en cuenta, además, que las grandes y las pequeñas reformas mueven siempre el status quo, y que no dependen solo de la voluntad política, que a veces se topa y queda condicionada por la presión de intereses corporativistas.

Así que la reforma del sistema sanitario es una necesidad pendiente para todos, y es responsabilidad colectiva que los representantes que se elijan para gobernar sientan la presión de la sociedad en su conjunto para por fin materializarla.