El Gobierno ha aprobado este martes la limitación de ultraprocesados en hospitales, residencias y escuelas infantiles de 0 a 3 años, tanto de titularidad pública como privada, así como en bibliotecas, universidades y museos públicos. La norma busca establecer una mayor presencia de alimentos nutritivos y sostenibles, lo que podría "contribuir a prevenir enfermedades relacionadas con la alimentación poco saludable si se acompaña de educación nutricional en niños y jóvenes", advierte a Redacción Médica Katherine García Malpartida, miembro del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). "Hasta disponer del texto publicado en el BOE no conviene hacer una valoración completa de la medida, pero puede suponer un avance en el camino hacia una alimentación saludable", matiza al respecto.
La norma, además de limitar determinados productos, "incorpora supervisión nutricional, adaptación de los menús y cribados para detectar desnutrición en hospitales y residencias". Este aspecto "es un avance relevante", asegura, aunque advierte que "su impacto dependerá de los recursos y del cumplimiento efectivo".
Menos sal, azúcares y grasas saturadas
En cualquier caso, limitar la presencia de este tipo de alimentos, basados en "una formulación industrial elaborada a partir de sustancias extraídas o derivadas de alimentos", ayuda a reducir el alto contenido en grasas saturadas, azúcares o sal: "Reducir el exceso de sal ayuda a controlar la presión arterial; limitar los azúcares libres facilita evitar un exceso de energía, y sustituir las grasas saturadas por grasas insaturadas mejora el perfil cardiovascular", detalla la profesional.
El consumo de productos ultraprocesados de manera excesiva o habitual "favorece una dieta con exceso de energía, sal, azúcares y escasa fibra". Según García Malpartida, ya hay estudios epidemiológicos que establecen asociaciones entre un mayor consumo de estos productos y "un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares". Incluso existe evidencia de que "el consumo de carne procesada aumenta el riesgo de cáncer colorrectal".
Por esta razón resulta tan importante asegurar una buena alimentación durante todas las etapas de la vida, pero especialmente en los más pequeños. "Una alimentación inadecuada puede provocar déficits, alterar el crecimiento o favorecer un exceso de peso". Por ello, "ofrecer alimentos y no acostumbrar al niño a sabores excesivamente dulces o salados tiene valor preventivo a largo plazo".
Una alimentación adaptada a cada paciente
La medida también importa en hospitales, donde la alimentación de los pacientes requiere aplicar una serie de criterios diferentes. "El menú ha de aportar suficiente energía y proteínas". Debe, asimismo, "adaptarse al diagnóstico, el estado nutricional, la capacidad para masticar o tragar y las necesidades clínicas de cada paciente". De hecho, conviene destacar que "una dieta saludable para la población general puede requerir modificaciones durante una enfermedad".
Para garantizar el cumplimiento de estos requisitos es necesario realizar "un cribado nutricional" en el momento del ingreso del paciente, "una valoración individual cuando exista riesgo y hacer un seguimiento de la ingesta". Aun así, advierte la profesional, se deben "evitar restricciones innecesarias que reduzcan la ingesta y aumenten el riesgo de desnutrición". En aquellos casos en los que la alimentación habitual no sea suficiente, "habrá que valorar enriquecimiento de los platos o soporte nutricional específico".
En el caso de las personas mayores y dependientes, García Malpartida detalla que "una alimentación insuficiente o desequilibrada puede favorecer desnutrición, pérdida de masa y fuerza muscular", por lo que la ingesta de proteínas, vitaminas y minerales son necesarias. "El aporte debe individualizarse según las enfermedades y la situación funcional", apunta.
Retos y posibles dificultades
Preguntada por los principales retos de aplicación de la norma aprobada por el Gobierno, la especialista señala como "principales dificultades previsibles disponer de financiación suficiente, profesionales cualificados, cocinas y personal adecuados, proveedores capaces de atender la demanda y contratos de restauración que valoren la calidad además del precio". También resulta importante "evaluar la composición de los menús, la ingesta real, la satisfacción y el estado nutricional".
A su juicio, la regulación impulsada este martes por el Consejo de Ministros debería incluir otras medidas esenciales para "mantener una alimentación saludable fuera de los centros". En este punto menciona la mejora del "acceso a nivel económico de alimentos de buena calidad nutricional, reforzar la educación alimentaria, proteger a la infancia y la adolescencia frente a la publicidad de productos de baja calidad, ampliar la atención nutricional sanitaria, facilitar la actividad física cotidiana y reducir el sedentarismo".
