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Las enfermedades raras son muchas veces olvidadas por su singularidad, incomprensión y, principalmente, por el pequeño porcentaje de personas que las sufren. En el caso del síndrome CTNNB1, 49 son los niños que en España viven con esta enfermedad, todos ellos a la espera de un tratamiento que existe, pero que es insuficiente y tarda en llegar.

Ya desde hace tiempo, las familias que cuentan con niños afectados por esta enfermedad piden la financiación de un tratamiento de terapia génica liderado en Eslovenia por Špela Mirosevic, fundadora y presidenta de la CTNNB1 Foundation y madre de Urban, un niño que padece este síndrome. La dosis ya ha sido repartida en dos ocasiones, en diciembre a Urban y en mayo a una niña portuguesa, Mafalda, mostrando en estos pacientes unos resultados muy positivos.

"El síndrome CTNNB1 es una enfermedad genética ultrarrara y grave. Puede afectar al desarrollo motor, el lenguaje, la comunicación y otras funciones neurológicas", así lo explican en la web oficial de divulgación de la enfermedad y apoyo al tratamiento, donde respaldan que "incurable es más un término económico que científico", ante un diagnóstico que, a día de hoy, cuenta con un tratamiento que existe, pero no llega.

"A nosotros nos dijeron que la enfermedad no tenía cura, pero fuimos descubriendo que, una vez que profundizas en esto, lo que ocurre es que el que no tenga cura a veces no es tanto un término médico sino económico. No tiene cura, digamos, porque no interesa económicamente investigar esta clase de enfermedades ya que son pocos pacientes la que la padecen", afirma Juan Luis, padre de Nora, una niña de dos años con síndrome CTNNB1.

Una terapia génica "muy esperanzadora"

Hasta ahora, los niños con síndrome CTNNB1 reciben principalmente tratamientos dirigidos a mejorar sus síntomas, terapias sintomáticas como la Fisioterapia y otras terapias de apoyo que, según indica Juan Luis, "calman los síntomas, pero no solucionan el problema". Sin embargo, la terapia génica en desarrollo pretende actuar directamente sobre la causa de la enfermedad, introduciendo una copia funcional del gen CTNNB1 para que las células puedan producir la proteína beta-catenina que, con su mal funcionamiento, es la causante de la aparición del síndrome. "Esta proteína influye mucho en comunicación de las células, en el desarrollo cerebral y en la comunicación entre ellas, en particular con la parte motora", puntualiza el entrevistado.

"La terapia génica sí que iría a solucionar este problema, sí que va a la raíz", explica Juan Luis. Para ilustrar la diferencia entre ambos abordajes, el padre de Nora recurre a una comparación: "Si tú tienes la rodilla rota y te dan calmantes, eso no te arregla la rodilla, la rodilla la sigues teniendo mal, aunque soportas mejor la situación".

El proyecto de investigación comenzó a impulsarse desde Eslovenia gracias a Špela Mirosevic, madre de Urban, uno de los niños afectados por el síndrome CTNNB1. Tras conocer el diagnóstico de su hijo, promovió la creación de una fundación y contactó con investigadores de diferentes países para desarrollar una terapia génica.

En aproximadamente cinco años y tras recaudar cinco millones de euros, la iniciativa consiguió avanzar hasta un ensayo clínico. Según relata Juan Luis, un millón de euros procedió del Gobierno esloveno, mientras que el resto se reunió mediante donaciones, iniciativas solidarias y aportaciones de las familias.

Aunque los primeros pasos del proyecto alimentan las esperanzas de las familias, el tratamiento continúa en fase de investigación. "Esto podría ser la cura de la enfermedad. No siempre tiene por qué implicarlo y, por supuesto, nuestro tratamiento se encuentra todavía en ensayo clínico, pero hay otras enfermedades en las que los resultados son espectaculares y ahora mismo, en la nuestra, la perspectiva está siendo muy esperanzadora", señala Juan Luis.

El ensayo clínico llegará a España en 2027

España es uno de los países que se prepara para incorporar este ensayo clínico. Según explica Juan Luis, la fundación impulsora del tratamiento ha alcanzado un acuerdo con el Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, para que los niños puedan recibir allí la terapia una vez que se obtengan las autorizaciones necesarias.

La previsión que maneja es que el primer paciente pueda ser tratado en España durante el primer trimestre de 2027. En este proceso también participa la Fundación Columbus, dedicada a facilitar el acceso de niños con enfermedades raras a terapias avanzadas y uno de los impulsores, junto con la 'Asociación CTNNB1 España', y la empresa biotecnológica 'Viralgen Vector Core', de la creación del tratamiento.

"Se espera que el primer niño pueda ser tratado en España en el primer trimestre del próximo año", indica el padre de Nora. No obstante, la incorporación del hospital no resuelve todas las dificultades: el número de dosis disponibles y los gastos asociados al tratamiento siguen siendo dos de las principales preocupaciones de las familias.

Cinco dosis para 49 niños

Una de las principales limitaciones es la disponibilidad del tratamiento. Según Juan Luis está previsto que España disponga inicialmente de cinco dosis para los 49 niños diagnosticados con síndrome CTNNB1 en el país.

Además, la administración es única, por lo que cada dosis permite tratar a un solo paciente. Esto significa que, si se mantiene la disponibilidad prevista, solo cinco niños podrán recibir la terapia en esta primera etapa, siempre que cumplan los criterios del ensayo clínico.

"Ahora mismo va a haber cinco dosis en España, por lo que estamos hablando de que se dejarían a 44 niños fuera del tratamiento". No hay más dosis, no se pueden fabricar más dosis", lamenta.

Ante esta situación, las familias reclaman que se impulse la fabricación para que el tratamiento pueda llegar a más menores. Sin embargo, la escasez de dosis no es el único obstáculo al que se enfrentan.

"Las administraciones no se quieren meter"

La administración de la terapia requiere recursos hospitalarios, como quirófano, monitorización y cuidados intensivos, que generan unos gastos adicionales. Según las estimaciones que maneja Juan Luis, estos costes pueden situarse en torno a los 150.000 euros por paciente.

El problema, explica, es que la fundación que impulsa el tratamiento tiene recursos insuficientes para asumirlos. Por ello, los gastos podrían recaer directamente en las familias cuyos hijos sean seleccionados para participar en el ensayo clínico.

"La fundación, sin ánimo de lucro, no tiene fondos. Los repercute, porque no tiene el capital, a la familia que sea seleccionada. Con lo cual, esos costes acaban asumiéndolos las familias", afirma.

Para el padre de Nora, esta situación refleja las dificultades de un sistema que, a su juicio, está diseñado principalmente para ensayos clínicos promovidos por compañías farmacéuticas, capaces de asumir los gastos de investigación y tratamiento.

"Las administraciones públicas no están acostumbradas a actuar en este tipo de situaciones y no se quieren meter", sostiene. Juan Luis considera que la escasa cantidad de pacientes afectados dificulta que estas enfermedades reciban la atención necesaria y reclama que las instituciones busquen mecanismos para financiar los costes.

Las familias piden más dosis y financiación pública

Las reivindicaciones de las familias se centran en dos cuestiones: aumentar la disponibilidad de la terapia génica y evitar que los gastos hospitalarios impidan a los niños seleccionados acceder al tratamiento.

En su caso, Juan Luis defiende que las administraciones públicas deberían estudiar vías de financiación para responder a las necesidades de estos pacientes, incluso cuando se trata de terapias que todavía están en fase de investigación.

En este sentido, considera que la falta de una obligación normativa específica no debería impedir que se busquen soluciones para cubrir los costes clínicos. "No es algo secundario, es o esto o nada", afirma, al referirse a una enfermedad para la que las familias no cuentan con un tratamiento dirigido a corregir su causa.

El padre de Nora también pone el foco en la importancia del tiempo. Según explica, el neurólogo de su hija les trasladó que podría ser preferible valorar el acceso temprano a una terapia en investigación, antes que esperar años a que se completen todas las fases del proceso de autorización.

"Es mejor tratar pronto con algo que todavía está en investigación, antes que esperar a confirmaciones mucho más adelante y tratarlo dentro de unos cuantos años", señala.

Es por esto que desde las familias se insiste en que el avance científico debe ir acompañado de medidas que permitan convertir esa investigación en una oportunidad real para los niños afectados. Para ellas, no basta con que exista una terapia prometedora, también es necesario que haya dosis suficientes y que la situación económica de cada familia no determine quién puede acceder a ella.