En menos de una semana, España podrá disfrutar en vivo y en directo de un fenómeno astronómico que no ocurría en la Península Ibérica desde 1912. El próximo 12 de agosto tendrá lugar un eclipse total de sol, y la Oftalmología española advierte de los peligros que conlleva para la visión disfrutar de este evento sin la protección adecuada: “En caso de que no se haga uso de unas gafas correctamente homologadas, los fotorreceptores y las células del epitelio pigmentario de la retina pueden dañarse, y en caso de que la exposición sea prolongada, el daño es irreversible, llegando a perder parcialmente la visión”.
En caso de que el ojo de una persona observe el eclipse sin la protección adecuada, Alejandro Verdú, oftalmólogo adjunto en el Departamento de Glaucoma del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, afirma en Redacción Médica que el daño provocado en dañar los fotorreceptores y las células del epitelio pigmentario de la retina “suele manifestarse unas horas después de la exposición con síntomas como pérdida de visión, visión borrosa, dificultad para leer, percepción de líneas torcidas, aparición de una mancha fija en el centro del campo visual y alteraciones en la percepción de los colores”. Pese a todas estas consecuencias a las que el ojo se expone, el facultativo afirma que la mayoría de los casos “son leves y suelen resolverse en cuestión de semanas, pero cuando la exposición es más prolongada el daño puede ser irreversibles”.
El principal daño que llega a provocar el hecho de observar de forma directa un eclipse de estas características es una afectación “a las células del epitelio pigmentario de la retina, especialmente en la mácula, que es la zona responsable de la visión central y de máxima precisión. Dependiendo del tiempo de exposición y de otros factores, esas lesiones pueden ser permanentes y dejar secuelas visuales”.
¿Cuándo aparecen los primeros síntomas?
Los síntomas nunca aparecen de forma inmediata debido a que, tal y como afirma el oftalmólogo, “la retina no tiene receptores del dolor. Una persona puede estar mirando al sol sin notar ninguna molestia mientras se está produciendo el daño. Es varias horas después cuando empiezan a aparecer síntomas como la visión borrosa o la pérdida de visión central”. Verdú asegura que el riesgo de sufrir una ceguera completa no existe “y es muy bajo porque el daño se produce únicamente en la zona central de la retina. Sin embargo, sí puede aparecer una pérdida parcial de visión en el centro del campo visual, que en algunos casos puede quedar de forma permanente”.
Además, todos los métodos que se utilicen y que no sean unas gafas homologadas por la Unión Europea, como gafas de sol o radiografías, no sirven para poder ver el eclipse con seguridad: “Esos métodos están totalmente desaconsejados porque no incorporan un filtro solar certificado conforme a la norma ISO 12312-2. No bloquean la radiación solar de forma adecuada y dejan pasar una cantidad de luz suficiente como para producir lesiones en la retina. Para observar un eclipse únicamente deben utilizarse gafas homologadas que cumplan esa normativa”.
La población vulnerable ante los efectos del eclipse
Con respecto a si existen grupos de población especialmente vulnerables, el facultativo explica que “los niños son el grupo de mayor riesgo porque, como mirar al sol no produce dolor, pueden quitarse las gafas por curiosidad sin ser conscientes del peligro. Por eso es fundamental vigilarlos en todo momento y enseñarles a observar el eclipse únicamente con las gafas homologadas”.
También los adultos jóvenes tienen un mayor riesgo, ya que “su cristalino es completamente transparente y deja pasar con mayor facilidad la radiación hasta la retina. En personas mayores que presentan cataratas, el cristalino puede bloquear parcialmente parte de esa radiación, aunque eso no significa que puedan mirar el eclipse sin protección”.
