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Los pulmones más sanos suelen encontrarse en zonas rurales. La mayor calidad del aire en el campo valida esta afirmación. Sin embargo, las mejores zonas para respirar no son las menos concurridas o vírgenes. Ni lagos ni montañas: la granja es el verdadero ‘neumólogo’ del espacio abierto. Esta es la conclusión a la que llegan investigadores del Hospital Clínico de la Universidad de Múnich y el Instituto para la Prevención del Asma y las Alergias de Helmholtz-Múnich tras descubrir que las bacterias presentes en los establos podrían ayudar a proteger contra afecciones respiratorias.

En concreto, el equipo científico se focalizó en el efecto que tienen en los niños. Así, evaluaron los datos de más de 1.000 menores de edad procedentes de áreas rurales. Los expertos disponían de dos muestras por infante: un hisopo nasal y polvo del colchón en el que dormían. Asimismo, se tomó el polvo de los establos de 47 participantes que vivían en granjas.

A continuación, los investigadores identificaron las bacterias y hongos presentes en las muestras, con la misión de descubrir si alguno de ellos era útil contra el asma. El hallazgo más relevante llegó cuando encontraron varias que protegían de la mencionada patología. Se trata de nueve microorganismos gram positivos habituales en entornos con ganado. Entre ellos, Romboutsia timonesis y Glutamicibacter arilaitensis.

El efecto de las vacas

Las mencionadas bacterias reducen el riesgo de desarrollar asma y rinitis alérgica, además de salvaguardar a la persona de la dermatitis atópica. Por lo tanto, su actuación se intuye importante para la prevención de determinadas afecciones respiratorias.

Una serie de bacterias que tienen su origen en el tracto digestivo de la vaca, donde producen y metabolizan sustancias como la quinurenina, la xantina, el ácido alfa-linolénico y el ácido estearidónico. Estas moléculas son inhaladas y reconocidas por las células respiratorias humanas. A su vez, activan receptores AhR y PPAR, que participan en el equilibrio inmunitario, el control de la inflamación o la tolerancia frente a sustancias ambientales. Motivo por el que resulta interesante la reproducción de estos mecanismos de producción de compuestos de forma artificial para lidiar con los mencionados problemas.

Fin del mito de la higiene

Por otro lado, la investigación, publicada en 'New England Journal of Medicine-Evidence', rompe la creencia popular de que los niños criados en espacios menos limpios son más resistentes a contraer cualquier patología. En particular, este mito, también conocido como efecto granja, incide en la necesidad de exponer a los menores a gérmenes ambientales, con el objetivo de fortalecer su sistema inmunitario.

Sin embargo, los expertos tras este artículo resaltan que los infantes que viven en un entorno ganadero no presentan una menor incidencia de asma y otros problemas respiratorios por el menor control higiénico, sino por la actuación química de determinadas bacterias. Así que el beneficio del ‘aire del establo’ reside en lo que contiene, más que en la ausencia de contaminantes.