Para Alba Díaz, la Medicina y el deporte siempre han sido dos caminos que han ido de la mano. Jugadora de la selección española de balonmano playa, y con varias medallas a sus espaldas, lleva años compaginando los entrenamientos, las competiciones y los viajes con sus aspiraciones para convertirse en médica. "Aprendes a estudiar en el autobús, en el avión, en el tren… donde sea, aprovechando los huecos que tienes", reconoce a Redacción Médica.
Un equilibrio que le ha exigido organización, constancia y, también, asumir que su recorrido académico sería diferente al de sus compañeros. "Los primeros años son más frustrantes porque ves que ellos avanzan mucho más y tú no puedes seguir el ritmo", afirma. Por este motivo, Alba ha decidido alargar dos años la carrera para poder seguir compitiendo al máximo nivel sin renunciar a su formación. Una decisión que, lejos de ser un freno, le ha permitido encontrar su propio ritmo y demostrar que el deporte de élite y los estudios también pueden convivir. "No pasa nada porque termines dos o tres años más tarde", resume.
Una vocación por la Medicina ligada al deporte
"Desde pequeña siempre me había gustado ser médico. No me veía haciendo otra cosa". Así recuerda Díaz una vocación que fue creciendo con ella y que, con el tiempo, el deporte terminó reforzando. El balonmano playa llegó algo después, casi de forma natural, cuando sus entrenadores del colegio les propusieron seguir jugando durante los meses de verano: "Nos decían: '¿Vosotros queréis seguir jugando en verano?'". Aquella propuesta acabaría convirtiéndose en una nueva pasión que la llevaría, años después, hasta la selección española.
Cuando llegó el momento de entrar en la universidad, el deporte de alto nivel le abrió una puerta que no todos los estudiantes tienen. Alba accedió a Medicina a través de su condición de deportista de alto nivel, una vía que permite adaptar el acceso universitario a quienes compaginan estudios y competición. "Es un gran premio que nos dan a los deportistas", señala. Para la futura médica, esta vía reconoce el esfuerzo adicional que supone compaginar ambas facetas: "Estoy gastando un tiempo que la gente aprovecha para estudiar en hacer deporte".
En ese camino, Alba reconoce que la universidad también ha ido adaptándose a su realidad como deportista de alto nivel, permitiéndole modificar las fechas de los exámenes cuando coinciden con concentraciones o competiciones y facilidades para completar las prácticas. "Creo que no todas las que debería de darte, pero bueno, la mayoría de las veces sí", admite. Un apoyo que, aunque no elimina del todo las dificultades, le ha permitido seguir avanzando sin tener que renunciar a sus dos pasiones.
"Desde pequeña siempre me había gustado ser médico. No me veía haciendo otra cosa"
Cómo estudia Medicina mientras compite con la selección española
Lo que más le ha costado asumir, según explica la futura médico, es que terminará la carrera más tarde que el resto de sus compañeros. En lugar de matricularse de todas las asignaturas, ha ido avanzando poco a poco, compaginando los estudios con sus compromisos deportivos. Una decisión que con el tiempo ha aprendido a aceptar: "Con los años creo que va todo a mejor, porque ya aprendes a tener esa organización al milímetro".
De esta forma, la organización se ha convertido en una pieza fundamental en su día a día. Entre entrenamientos, partidos, concentraciones y viajes, ha aprendido a aprovechar cualquier momento para avanzar con la carrera. "Aprendes a estudiar en el autobús, en el avión, en el tren… donde sea, aprovechando los huecos que tienes", detalla. De esta forma, los desplazamientos se convierten así en una extensión de la biblioteca y los apuntes viajan con ella allá donde vaya.
En este camino, el apoyo de sus compañeras también juega un papel importante. Alba comparte Medicina con Marina, una de sus compañeras de equipo, en la que se apoya cuando llegan los altibajos. La dinámica se repite también en la selección española, donde muchas jugadoras compaginan el deporte con sus estudios y buscan momentos para preparar juntas los exámenes. "Si estamos varias, decimos: 'Venga, a las cinco nos vemos abajo y hacemos sesión de biblioteca' y ya, por lo menos, algo haces", cuenta.
Alba durante una de las competiciones con la selección española.
Un futuro entre la Medicina y el deporte
Aunque Alba no quiere pensar todavía demasiado en el futuro, ya empieza a esbozar el camino que le gustaría recorrer cuando consiga enfundarse la bata blanca. Su intención es presentarse al MIR y, pese a que reconoce que le gustan muchas especialidades, la traumatología es la que más le atrae por su estrecha relación con el deporte. Su interés por la investigación también ha crecido con el paso de los años, especialmente en torno a las lesiones deportivas. "Me gustaría comprender por qué determinadas lesiones, como la del ligamento cruzado anterior, son cada vez más frecuentes y por qué afectan especialmente a las mujeres», señala.
Pero el futuro que imagina Alba no implica necesariamente tener que elegir entre una profesión y otra. Si las circunstancias se lo permiten, quiere seguir vinculada al deporte mientras desarrolla su carrera como médica. "Me vería en el hospital trabajando y, si Dios quiere, compaginándolo con el deporte", asegura. Una realidad que considera importante mostrar para que otras deportistas no descarten su formación por pensar que no hay tiempo para ella. "Mucha gente deja de jugar o de estudiar porque cree que no hay tiempo", añade.
Para la deportista, esa formación también es una forma de mirar más allá de la competición y prepararse para el día en que el deporte deje de ocupar el centro de su vida. "Para mí es fundamental ser un buen deportista y, aparte, tener un plan B", defiende. Un segundo camino que no entiende como una renuncia al deporte, sino como una oportunidad para seguir creciendo cuando llegue el momento de cambiar de etapa.
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