La investigación en enfermedades neurológicas infantiles y trastornos del neurodesarrollo avanza hacia diagnósticos más tempranos y tratamientos adaptados a las características de cada paciente. La genética, los biomarcadores y el conocimiento de la plasticidad cerebral están abriendo nuevas posibilidades, aunque su incorporación a la práctica clínica y educativa todavía encuentra importantes obstáculos. "Todavía existe una distancia considerable entre lo que conocemos en investigación y lo que podemos ofrecer en la práctica clínica", advierte Eugenia Arribas, responsable y coordinadora de proyectos de investigación científica de Fundación Querer. Estos desafíos centrarán parte del debate de las VII Jornadas Neurocientíficas y Educativas de Fundación Querer, que se celebran los días 17 y 18 de noviembre, y reunirán a investigadores, neurólogos, especialistas en genética, profesionales educativos y familias para abordar los avances en enfermedades neurológicas infantiles, epilepsias, trastornos del lenguaje y dificultades del aprendizaje.
Entre las principales líneas de investigación, Arribas destaca en esta entrevista con Redacción Médica la secuenciación genética, que permite identificar alteraciones responsables de enfermedades hasta ahora diagnosticadas fundamentalmente por sus manifestaciones clínicas, y el desarrollo de biomarcadores capaces de facilitar una detección más temprana. Sin embargo, recuerda que todavía no existen marcadores suficientemente validados para diagnosticar por sí solos la mayoría de los trastornos del neurodesarrollo. A estas limitaciones se suman las desigualdades en el acceso a estudios especializados, la dificultad para desarrollar tratamientos y la necesidad de contar con investigaciones que permitan seguir la evolución de los pacientes durante años.
La aplicación de los descubrimientos científicos al ámbito educativo constituye otro de los ejes del encuentro. Arribas defiende defiende la necesidad de conectar la investigación con el trabajo de docentes y terapeutas, y señala como ejemplo los proyectos desarrollados por la fundación sobre rehabilitación visual y entrenamiento musical en niños con trastornos del neurodesarrollo.
Las VII Jornadas Neurocientíficas y Educativas reunirán a especialistas de diferentes disciplinas para abordar los avances en enfermedades neurológicas infantiles y trastornos del neurodesarrollo. ¿Cuáles son los principales desafíos científicos y asistenciales que han marcado la elección de los temas de esta edición? ¿Qué cuestiones consideran especialmente urgentes?
Las ediciones de las Jornadas no tienen una temática única, al igual que no la tienen los retos que nuestros niños afrontan en el día a día. Nuestros niños no suelen tener un solo problema. Las consecuencias de sus trastornos neurológicos o enfermedades raras son múltiples y afectan al comportamiento, el lenguaje y los niveles fisiológico, neuronal y motor, entre otros. En Fundación Querer creemos que la intervención debe ser multidisciplinar y lo más personalizada posible. Uno de nuestros principales desafíos es la detección temprana de los trastornos y las enfermedades raras. Hoy en día, las estadísticas muestran que, a nivel mundial, entre un 10 y un 12 por ciento de los niños nacen con algún trastorno neurológico. Durante los últimos años, la detección temprana ha mejorado. Aun así, sigue siendo todo un desafío. Por ejemplo, a nivel genético, el cribado todavía no está homogeneizado en todo el territorio español.
Otro gran desafío es la educación. En Fundación Querer estamos especializados en trastornos que afectan al lenguaje y al aprendizaje. Para nosotros es vital que los niños tengan la posibilidad de aprender y desarrollar su máximo potencial. El cerebro de nuestros niños no funciona como el cerebro de las personas neurotípicas. Por ello, nos enfocamos en buscar la metodología que más ayude a cada niño neurodivergente. En el Colegio Querer hacemos programas educativos individualizados, basados en el nivel de desarrollo de cada niño. Esto nos lleva a uno de los desafíos más preocupantes para las familias: el futuro laboral de sus hijos. Apenas hay estadísticas, pero los datos de autismo a nivel mundial muestran que entre el 70 y el 95 por ciento de los adultos autistas no tienen trabajo. La brecha laboral es terrible. Por ello, es tan importante prepararles durante la edad escolar para maximizar sus posibilidades de inclusión real en la vida cotidiana. Y la famosa inclusión escolar no sirve para todos los niños.
Otro desafío importante es la financiación para la investigación científica. Es muy difícil encontrar dinero para investigar y también es muy complicado encontrar equipos investigadores que se quieran centrar en estas enfermedades. Por ello, estamos infinitamente agradecidos a los investigadores que aceptan trabajar con nosotros a este nivel.
En los últimos años, la investigación en neurociencias ha permitido conocer mejor el funcionamiento del cerebro infantil. Desde su experiencia en investigación científica, ¿qué avances destacaría por su potencial para transformar el diagnóstico o el tratamiento de los niños con enfermedades neurológicas y trastornos del neurodesarrollo?
Creo que estamos viviendo un momento especialmente importante en la investigación de las enfermedades neurológicas infantiles y los trastornos del neurodesarrollo. En los últimos años hemos pasado, progresivamente, de estudiar el cerebro fundamentalmente desde una perspectiva descriptiva -observando sus estructuras y sus alteraciones- a intentar comprender los mecanismos biológicos que explican por qué se producen determinadas enfermedades y cómo podemos intervenir sobre ellos. Este cambio implica que cada vez estamos más cerca de una medicina neurológica pediátrica de precisión, capaz de identificar mecanismos de enfermedad, anticipar su evolución y seleccionar tratamientos adaptados a cada niño.
Destacaría tres grandes ámbitos de avance. La genética y la medicina de precisión, incluidas las terapias génicas es uno de los más importantes probablemente. La secuenciación del exoma y del genoma permite identificar alteraciones genéticas responsables de muchas enfermedades neurológicas que, hasta hace poco, se diagnosticaban únicamente a partir de sus manifestaciones clínicas. Esto tiene implicaciones muy importantes en niños con: discapacidad intelectual y retraso global del desarrollo; epilepsias de origen genético; trastornos del espectro autista asociados a síndromes genéticos; enfermedades neuromusculares y enfermedades metabólicas y neurodegenerativas poco frecuentes.
Además, estamos avanzando hacia una visión más amplia de la genética mediante la integración de información genómica, epigenómica, etc. No se trata solamente de conocer qué gen está alterado, sino de comprender cómo esa alteración modifica el funcionamiento de las células y los circuitos cerebrales.
Por otro lado, los biomarcadores y la detección precoz tienen un enorme potencial porque permitiría reconocer alteraciones del neurodesarrollo antes de que sus manifestaciones clínicas sean evidentes. Es uno de los desafíos de los que hablábamos antes.
Estamos investigando cómo combinar diferentes fuentes de información: neuroimagen estructural y funcional, para estudiar la organización y conectividad cerebral; electroencefalografía, para identificar patrones de actividad eléctrica cerebral; marcadores genéticos, moleculares y metabólicos; y parámetros del comportamiento y del desarrollo motor, cognitivo y comunicativo.
La integración de estos datos podría ayudarnos a identificar perfiles de riesgo, establecer pronósticos más individualizados y seleccionar intervenciones en momentos especialmente sensibles del desarrollo cerebral. Esto es particularmente relevante en trastornos como el autismo, la epilepsia y determinadas alteraciones del desarrollo cognitivo. El consenso general es que, cuanto antes comprendamos qué está ocurriendo en el cerebro de un niño, mayores serán nuestras posibilidades de intervenir de forma adecuada. No obstante, todavía no disponemos de biomarcadores suficientemente validados que permitan diagnosticar por sí solos la mayoría de los trastornos del neurodesarrollo. Pero debemos distinguir entre obtener resultados prometedores en un estudio y disponer de una herramienta diagnóstica validada para su utilización clínica. La inteligencia artificial debe complementar el criterio de los profesionales, no sustituir la evaluación clínica y del desarrollo.
Finalmente, destacaría los avances en nuestra comprensión de la plasticidad cerebral: la capacidad del cerebro infantil para reorganizar sus conexiones y modificar su funcionamiento en respuesta a la experiencia y al aprendizaje. Cada vez entendemos mejor que el desarrollo cerebral no es un proceso uniforme, sino que existen periodos en los que determinadas redes neuronales presentan una especial sensibilidad a la estimulación y a la intervención terapéutica. Esto tiene consecuencias directas para la rehabilitación neurológica, la atención temprana, la fisioterapia, la logopedia y las intervenciones dirigidas al desarrollo cognitivo y socioemocional. También está impulsando la investigación en neuromodulación, aunque todavía necesitamos demostrar su eficacia y seguridad en población infantil. En mi opinión, una de las grandes oportunidades está precisamente en integrar los conocimientos de la neurobiología del desarrollo con intervenciones educativas, rehabilitadoras y terapéuticas cada vez más individualizadas. Por ello, también es tan importante ofrecer a nuestros niños el tipo de educación que necesitan lo más temprano posible. Ya sabemos que, cuanto menores son, más plasticidad cerebral tienen y más posibilidades de aprender.
¿En qué ámbitos persisten las mayores limitaciones?
A pesar de estos avances, creo que debemos reconocer que todavía existe una distancia considerable entre lo que conocemos en investigación y lo que podemos ofrecer en la práctica clínica. El cerebro infantil cambia continuamente. Una misma alteración genética o biológica puede producir manifestaciones muy diferentes dependiendo de la edad, el entorno y otros factores individuales. Esto dificulta establecer relaciones directas entre una alteración biológica y un determinado perfil clínico.
Respecto a los biomarcadores, seguimos dependiendo en gran medida de la observación clínica y de las evaluaciones del desarrollo para diagnosticar trastornos como el autismo, el TDAH o muchos trastornos del aprendizaje. Necesitamos herramientas objetivas que permitan identificar mejor los mecanismos implicados, anticipar la evolución y diferenciar perfiles clínicos.
Por otro lado, hay dificultad para trasladar los los descubrimientos al tratamiento. Encontrar una alteración molecular no significa necesariamente que sepamos corregirla. Además, intervenir sobre el cerebro infantil exige conocer muy bien los posibles efectos a largo plazo. La seguridad es especialmente importante cuando hablamos de terapias génicas, tratamientos experimentales o neuromodulación. Hay más de 7.000 enfermedades raras y solo un 5 por ciento tiene tratamiento.
También se necesita más investigación longitudinal y de grandes cohortes pediátricas. Necesitamos estudios que sigan a los niños durante años, desde las primeras etapas del desarrollo hasta la adolescencia y la edad adulta. Solo así podremos comprender mejor la evolución de las enfermedades, identificar factores pronósticos y conocer qué intervenciones producen beneficios duraderos.
A su vez, la desigualdad en el acceso a los avances. No todos los niños tienen las mismas posibilidades de acceder a estudios genéticos, pruebas especializadas, programas de atención temprana o tratamientos innovadores. La medicina de precisión solo tendrá un verdadero impacto si conseguimos incorporarla de forma equitativa a los sistemas sanitarios.
Si tuviera que resumir hacia dónde creo que se dirige la investigación, destacaría tres grandes objetivos:
- Diagnosticar antes: identificar las alteraciones biológicas y funcionales en las primeras etapas de la vida, incluso antes de que aparezcan manifestaciones clínicas importantes.
- Tratar mejor: desarrollar intervenciones dirigidas a los mecanismos específicos de cada enfermedad y adaptadas a las características de cada niño.
- Comprender a cada niño en su globalidad: integrar la información genética, cerebral, cognitiva, emocional y ambiental para diseñar estrategias terapéuticas verdaderamente individualizadas.
Y añadiría una consideración que me parece esencial: no debemos confundir la posibilidad de identificar una alteración cerebral con la capacidad de predecir completamente el desarrollo de un niño.
El cerebro infantil tiene una enorme capacidad de adaptación y el desarrollo está condicionado por múltiples factores. Por eso, los avances tecnológicos y moleculares deben ir siempre acompañados de una visión integral del niño, de su entorno familiar y de sus necesidades. El gran reto de las próximas décadas no será únicamente conocer mejor el cerebro infantil, sino conseguir que ese conocimiento se traduzca en más oportunidades de desarrollo, autonomía y calidad de vida para los niños y sus familias.
Uno de los grandes ejes de las Jornadas será la relación entre neuroplasticidad, emoción, atención y aprendizaje. ¿Hasta qué punto está cambiando el conocimiento del cerebro la manera de abordar las dificultades de aprendizaje y los trastornos del lenguaje? ¿Qué aplicaciones concretas de estos hallazgos están llegando ya a las aulas o a las intervenciones terapéuticas?
El conocimiento del cerebro es fundamental para poder atender las dificultades del lenguaje y del aprendizaje. Para que veas cuán importante es para nosotros, durante las Jornadas cerramos el colegio para que todos nuestros profesionales puedan asistir a aprender. Un docente de educación especial normalmente comprende que el cerebro de un niño neurodivergente ni funciona ni aprende por las mismas vías que un cerebro neurotípico. Quizás no conocen los sistemas neurológicos plenamente, pero sí saben que deben ser altamente creativos a la hora de enseñar con eficacia a uno de nuestros niños. Enseñar significa que deben aprender. No solo estar en clase y pasar el rato.
En nuestro caso, gran parte de los proyectos científicos que desarrollamos son precisamente de "investigación aplicada", es decir, que, una vez terminado el proyecto, si los resultados han sido positivos, lo podemos aplicar de forma práctica en las aulas al día siguiente. Un ejemplo fue el proyecto de optometría. En este proyecto participaron 20 niños, de los cuales 16 tenían problemas en la calidad de su visión (optometría). Esto afecta a cómo ves las letras, cómo coges el bolígrafo para escribir e incluso al equilibrio al andar. Junto con Cristina Sanjuan, hicimos pruebas evaluativas basales, se crearon programas de terapia visual para cada niño que se implementaron durante seis meses y luego hicimos las pruebas finales para determinar si había evolución. Se midieron 30 parámetros por niño. Casi 10 de ellos han tenido una mejora estadísticamente significativa.
Hemos probado que la mejora de las habilidades visuoespaciales, visuomotoras y de análisis visual repercute en elementos tan importantes como la postura, la estabilidad, el equilibrio, la coordinación oculomanual, la planificación, la atención, la concentración, etc., y, como consecuencia, se produce una mejora en la lectoescritura, el aprendizaje, los deportes y muchas actividades de la vida diaria. En mi opinión, debe considerarse la inclusión del optometrista en los equipos multidisciplinares para el abordaje de niños con trastornos del neurodesarrollo e incluso otras anomalías neurológicas, implementando programas de rehabilitación visual. Nuestros docentes han sido formados en la identificación de un posible problema visual y, además, ya saben hacer ejercicios de terapia visual básica.
Ahora, tanto padres como profesionales somos más conscientes de la importancia de la calidad de la visión de sus hijos y conocemos los beneficios de la optometría. Tenemos el artículo publicado en la Gaceta de Optometría. Otro ejemplo es el proyecto de música. Aquí investigamos si una intervención musical podría inducir plasticidad conductual y neural en niños con trastornos del neurodesarrollo moderados y graves caracterizados por un marcado deterioro del lenguaje. Veintitrés niños del Colegio Querer participaron en un programa estructurado de entrenamiento musical de cuatro u ocho meses. Se evaluaron las habilidades musicales, el lenguaje receptivo y las habilidades prosódicas antes y después del entrenamiento, y se adquirieron imágenes mediante resonancia magnética.
El entrenamiento musical se asoció con mejoras significativas en múltiples ámbitos de la habilidad musical, particularmente en ritmo, altura, duración y procesamiento tonal. Las mejoras en las habilidades musicales se correlacionaron positivamente con cambios en el rendimiento del lenguaje receptivo. A nivel neural, el entrenamiento indujo cambios en los patrones de activación durante la percepción musical, especialmente en las regiones cerebelosa y occipital, mientras que los análisis de conectividad funcional revelaron reorganizaciones de las redes cerebrocerebelosas y corticales.
Aunque los cambios en la activación relacionados con el habla no fueron significativos a nivel grupal, las respuestas neuronales a la música y el lenguaje se volvieron cada vez más similares tras el entrenamiento, y esta convergencia se asoció con resultados lingüísticos más favorables. El aumento de la conectividad interhemisférica entre regiones temporales posteriores también se asoció con mejoras tanto en las habilidades del lenguaje como en las musicales. Estos hallazgos demuestran una plasticidad neural preservada a gran escala en niños con trastornos graves del lenguaje del neurodesarrollo y sugieren que el entrenamiento musical podría apoyar el desarrollo del lenguaje mediante la reorganización de sistemas neuronales distribuidos implicados en la predicción, la integración temporal y el procesamiento auditivo-lingüístico.
El programa dedica un espacio destacado a las encefalopatías epilépticas y del desarrollo, la enfermedad de Lafora y el síndrome de Lennox-Gastaut. ¿Qué obstáculos siguen encontrando los investigadores para avanzar en el tratamiento de estas enfermedades, especialmente cuando afectan a niños? ¿Qué líneas de investigación ofrecen actualmente perspectivas más prometedoras?
Uno de los grandes obstáculos en las enfermedades raras es precisamente lo raras que son y el pequeño número de individuos que las padecen. Se hace complicado entender el funcionamiento de algo cuando solo puedes contar con una muestra muy pequeña. El caso de la enfermedad de Lafora, bajo mi punto de vista, es muy interesante, porque es un tipo de epilepsia endémica del Mediterráneo. En España no creo que haya más de 30 casos. Y, en este caso, los enfermos están teniendo la "suerte" de que ya estén avanzadas algunas pruebas con medicamentos. Pero eso nos lo explicará mejor Serratosa, que sabe más.
Adicionalmente, muchas de estas enfermedades aparecen en niños muy pequeños y es muy complicado hacerles pruebas invasivas. Además, al ser tan pequeños, realmente los cerebros y los cuerpos están todavía en proceso de desarrollo, e investigar el funcionamiento de algo cuando todavía no está bien definido aún complica más la situación. Vemos muchos casos en los que la misma enfermedad se comporta de una forma en un niño y de otra en otro. El síndrome de Lennox-Gastaut, que es otro tipo de epilepsia infantil, tiene una prevalencia mayor. Ahora hay varias farmacéuticas muy activas en la búsqueda de medicamentos. Y de esto también nos van a hablar varios de los ponentes de este año.
Bajo nuestro punto de vista, hay y debe haber muchas líneas de investigación. Nuestros niños tienen problemáticas muy variadas e intentamos solventarlas a medida que las vamos identificando. Nosotros hemos estudiado de forma científica hasta la microbiota oral —artículo que en breve se publicará en BMC Oral Health—. Precisamente estamos intentando ampliar este proyecto científico para obtener biomarcadores predictivos del riesgo de tener un trastorno del neurodesarrollo con una simple muestra de saliva. Sin duda alguna, la medicina de precisión a través de las terapias génicas también es muy alentadora. Igual que los medicamentos que ayudan a reducir muchas de las consecuencias de las enfermedades, como los antiepilépticos. Y, por último, las terapias en general, ya sea neuromodulación, optometría, música, logopedia o terapia ocupacional, son intervenciones no invasivas e indoloras.
¿Conoces el Premio Nobel de Medicina 2026? Se trata de la optogenética, que es una técnica que permite estudiar qué células participan en la memoria, las emociones y el comportamiento. Esta técnica ha abierto nuevas vías de investigación sobre enfermedades neurológicas y psiquiátricas con un gran potencial terapéutico. ¿Quién iba a imaginar que, a través de una terapia de "luz", íbamos a poder mejorar la memoria, por ejemplo? La investigación debería ser multisectorial, lo más variada y completa posible.
Una de las mesas abordará la necesidad de una educación especial basada en la evidencia científica. ¿Considera que actualmente existe una distancia entre los conocimientos que genera la investigación y las herramientas de las que disponen los profesionales educativos? ¿Qué cambios serían necesarios para conseguir que los avances científicos se traduzcan en una mejor atención a estos alumnos?
Sí. Considero que un gran problema es que en la sociedad tratamos de especializarnos tanto que a veces nos olvidamos de que las personas somos un conjunto de cosas, es decir, ningún órgano funciona solo. El cuerpo humano es un conjunto de operaciones químicas y físicas que ocurren de forma interconectada y todas ellas, además, están conectadas con el cerebro. Esto se extrapola a las profesiones y vemos cómo los docentes están acostumbrados a enseñar solamente contenidos didácticos. Apenas saben del funcionamiento del cerebro de forma técnica y apenas se les motiva para investigar. Igualmente, los médicos van conociendo los entresijos neuronales, pero ahí se quedan. No buscan conexiones con la parte educativa, y fíjate que el colegio es donde los niños pasan la mayor parte del tiempo. Creo que es necesario que, al igual que las partes del cuerpo trabajan de forma interconectada, los profesionales de estos ámbitos también lo hagan.
Durante las Jornadas se presentará el Observatorio de la Neurodiversidad, impulsado por Fundación Querer y HM Hospitales. ¿Con qué objetivos nace esta iniciativa, qué líneas de trabajo desarrollará y qué conocimiento esperan generar sobre las neurodivergencias durante la infancia? ¿Cómo podría contribuir a mejorar la atención de los niños y el acompañamiento a sus familias?
Sí, el objetivo es conocer mejor las características y necesidades de los niños con neurodivergencias y proponer mejoras en su atención médica, educativa y social. Date cuenta de que cada vez más niños nacen o desarrollan estas enfermedades, desafortunadamente. Necesitamos abordar este problema de forma rápida y conocer el máximo de datos posible para poder tomar decisiones sobre cómo abordar estas problemáticas de forma eficaz y efectiva. El cuestionario es algo largo y es para las familias, pero merece la pena cumplimentarlo para tener datos robustos que justifiquen la mejora en la asistencia sanitaria, social y educativa.
Esta séptima edición coincide con el décimo aniversario de Fundación Querer. Después de una década trabajando para conectar investigación, educación y atención terapéutica, ¿qué necesidades de los niños con trastornos neurológicos y del neurodesarrollo siguen sin recibir una respuesta adecuada? ¿Qué avances le gustaría que pudieran hacerse realidad durante los próximos diez años?
Creo que la respuesta a las necesidades de este colectivo es la investigación. El cerebro es el órgano menos conocido, por su complejidad tanto en el funcionamiento como en el acceso a él. Si no entendemos cómo funciona el cerebro, será muy complicado que lleguemos a mejorarlo. A través de la investigación, hemos conseguido que muchas personas con discapacidad puedan mejorar su calidad de vida con desarrollos adaptados: aparatos auditivos, operaciones complicadas, gafas, sillas de ruedas o incluso el lenguaje de signos o la escritura braille. Pero las enfermedades del cerebro son algo más complicadas.
Hasta ahora no hemos conseguido adaptar un aparato cerebral ni un lenguaje específico para que nuestros niños nos entiendan. Se han conseguido muchas mejoras con medicamentos y terapias, que en algunos casos consiguen que el niño evolucione de forma completa y se pueda integrar en la sociedad normalmente. Sin embargo, todavía falta mucho por avanzar. Hay que conocer tanto el origen de estas enfermedades como la solución. No poder ver, oír o andar no tiene las mismas consecuencias en tu día a día que no poder pensar, comprender o comunicarte.
