La idea de que hacer un buen ejercicio puede compensar las noches en las que se duerme poco es una creencia muy extendida, pero ¿tiene algún respaldo científico? Dormir mal se ha asociado de forma repetitiva a un mayor riesgo de mortalidad, igual que el sedentarismo. Sin embargo, lo que no estaba tan claro es qué ocurre cuando se cruzan ambas situaciones, si el ejercicio puede contrarrestar, al menos en parte, el daño que provoca un descanso insuficiente.
A esta pregunta responde un estudio publicado en la revista European Journal of Preventive Cardiology, de la Sociedad Europea de Cardiología, que ha analizado datos de más de 92 000 adultos. Su conclusión, esperanzadora para los amantes del deporte, es que mantener buenos niveles de actividad física amortigua gran parte del exceso de riesgo asociado a dormir mal.
En este sentido, el cardiólogo José Abellán ha publicado un vídeo en su cuenta de Instagram en el que se muestra entusiasmado con los resultados: "A mí, por lo menos, los resultados de este estudio me han gustado", confiesa.
¿Cómo se hizo el estudio?
El trabajo se apoya en datos del Biobanco del Reino Unido (UK Biobank) y tiene una particularidad que lo hace más robusto que otros anteriores. Esta es que no se basó en cuestionarios, siempre sujetos a la memoria y a la subjetividad de quien responde, sino en mediciones objetivas. Como explica Abellán, "los investigadores lo que hicieron fue darle a más de 92 000 personas una pulsera de actividad para valorar las horas de sueño que dormían y cuánta actividad física realizaban".
Los participantes, de unos 62 años de media, llevaron ese acelerómetro en la muñeca durante una semana. Después se siguió su evolución durante una mediana de siete años, registrando la mortalidad total, la de origen cardiovascular y la debida a cáncer. En total se produjeron 3 080 fallecimientos.
Dormir bien y moverse protege
Dos personas haciendo deporte
La primera parte de los resultados confirmó lo que ya apuntaba la evidencia previa. Como resume el cardiólogo, "las personas que menor riesgo tenían eran aquellas que dormían" dentro de lo normal, así como las que hacían más ejercicio: "Cuanto más ejercicio, menor es el riesgo".
En este sentido, el estudio no habla de un número exacto de horas ideales, sino que agrupa el sueño en tres franjas: corto (menos de 6 horas), normal (entre 6 y 8) y largo (más de 8). Tanto dormir poco como dormir demasiado se asociaron a una mayor mortalidad, especialmente por causas cardiovasculares. En cuanto al ejercicio, quienes más se movían llegaron a reducir hasta cerca de un 50% el riesgo de muerte frente a los más sedentarios.
Lo interesante llegó al cruzar ambas variables. Ahí el estudio encontró que la actividad física actúa como un amortiguador del daño que provoca dormir mal. "El ejercicio físico fue como un atenuador ante los efectos perjudiciales que tiene dormir poco", destaca Abellán. Los datos son elocuentes. Entre las personas que no alcanzaban el nivel de ejercicio recomendado, dormir poco elevaba el riesgo de mortalidad casi un 90%, y dormir demasiado, en torno al 70%.
Pero cuando esas mismas personas hacían ejercicio muy por encima del umbral recomendado por la Organización Mundial de la Salud (150 minutos semanales de actividad moderada o vigorosa), ese exceso de riesgo prácticamente desaparecía. Dicho de otro modo, quienes dormían mal pero se ejercitaban mucho no tenían un riesgo significativamente mayor que quienes dormían lo recomendable.
Pero eso no significa que se pueda vivir sin dormir. "Nadie te salva de un peor pronóstico o un mayor riesgo al cabo de los años si duermes" en niveles extremos, advierte el cardiólogo. El ejercicio amortigua, pero no borra por completo el daño de un descanso muy deficiente.
Lo mejor es dormir y entrenar
La conclusión a la que se llega a través de esta investigación es que mantener un sueño saludable es importante, pero no suficiente, y combinarlo con ejercicio de forma sostenida ofrece los mayores beneficios para la longevidad. De esta forma, el deporte se presenta como una estrategia práctica para compensar en parte los efectos nocivos de un mal descanso cuando este resulta inevitable.
Es la misma idea con la que Abellán concluye su mensaje. "Por supuesto, lo mejor para tu salud siempre será dormir bien y hacer ejercicio físico". La buena noticia del estudio es que, si una noche —o muchas— el sueño falla, moverse sigue siendo una de las mejores inversiones en salud.
