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Cremas, sérums, viales de vitamina C... El cuidado facial se ha convertido en un gasto recurrente para millones de personas dispuestas a pagar lo que haga falta por una piel más luminosa. Frente a esa carrera de productos, Sara Marín, médica y experta en microbiota, lanza en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram una propuesta mucho más sencilla y que cuesta bastante menos. "Antes de seguir gastando el dinero en sérum, compra esto que cuesta menos de un euro" detalla la especialista.

Estamos hablando del kiwi y para ello, la médico se ha apoyado en un estudio publicado en Journal of Investigative Dermatology y liderado por la profesora Margreet Vissers, del Centro de Biología Redox y Medicina de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda). En este sentido, Marín defiende que la alimentación es también una forma de cuidar la piel desde dentro, lo que ella bautiza como un "sérum comestible".

Dos kiwis al día durante ocho semanas

Para la realización del estudio, la investigación se repartió en dos sedes. En Christchurch (Nueva Zelanda) se analizaron biopsias de piel completa, y en Hamburgo (Alemania), en el Instituto Fresenius de SGS, se emplearon muestras obtenidas por succión para estudiar la epidermis y la función cutánea. En total participaron 24 adultos sanos, doce en cada centro, que siguieron un diseño de "antes y después".

Todos incorporaron a su dieta dos kiwis dorados (variedad SunGold) al día —unos 250 miligramos de vitamina C— durante ocho semanas, una cantidad suficiente para llevar los niveles de vitamina C en sangre hasta la práctica saturación en la mayoría de los participantes. Para medir los cambios, los investigadores combinaron biopsias, ecografía de alta resolución y análisis de la penetración de la vitamina antes y después de la intervención.

"La piel es un órgano conectado con todo tu cuerpo"

El resultado más llamativo al que se llegó tiene que ver con la relación entre sangre y piel. Al subir la vitamina C en el plasma, este aumentaba en paralelo en todas las capas de la piel, con una captación especialmente marcada en la epidermis. De hecho, el equipo destacó que esa correlación fue más estrecha que la observada en cualquier otro órgano estudiado hasta ahora.

Como resume Marín, "aumentó la vitamina C en la sangre, pero también en la piel". Traducido a cifras, la densidad cutánea —medida por ecografía— pasó de en torno a 0,15 a 0,23 unidades del escáner, y la médico lo sintetiza así: "Los investigadores encontraron un 48% más de densidad cutánea y alrededor de un 30% más de proliferación de células en la epidermis".

Los beneficios de la vitamina C en la piel

Pero, ¿por qué es tan importante la vitamina C para la piel? En primer lugar, actúa como antioxidante, "ayudando a frenar el envejecimiento de la piel", y además, es imprescindible para que trabajen las enzimas encargadas de fabricar colágeno, la proteína que "aporta la resistencia y soporte a nuestra piel", explica Marín. A su vez, participa en la renovación de las células de la epidermis, la capa más externa.

El estudio aporta contexto biológico a ese papel. La vitamina C está presente en las dos grandes capas de la piel —la dermis, rica en colágeno, y la epidermis, muy celular— y llega a ellas mediante un transporte activo desde la sangre. Sus niveles en la dermis son comparables a los de tejidos como las glándulas suprarrenales o el cerebro, donde la vitamina actúa como cofactor de enzimas clave, en este caso las que sostienen la síntesis de colágeno en los fibroblastos. Un déficit, por tanto, se refleja pronto en el aspecto y la función de la piel.

Más allá del dato llamativo, el verdadero mensaje de la divulgadora es de fondo. "La piel no es una capa de repente que está encima de tu cuerpo y que no tiene nada que ver con el resto de los órganos", afirma. Al contrario: "La piel es un órgano conectado con todo tu cuerpo. Necesita proteínas, grasas, vitaminas y otras sustancias que vienen de tu intestino a través de tu alimentación".

De esa lógica deriva una crítica directa a ciertos hábitos de consumo: "Lo que no sirve es gastarnos tanto dinero en skincare mientras vas estresada y no comes bien", pero eso tampoco significa dejar de lado el cuidado de la piel. "El kiwi no sustituye el sérum, la crema o el protector solar", por lo que no hay que olvidarse de usar "un sérum en la piel y un sérum comestible para que tu piel siempre brille", explica la médica.

La letra pequeña del estudio

Conviene, eso sí, poner el hallazgo en contexto. Se trata de un estudio pequeño, sin grupo placebo y de corta duración, como la propia divulgadora reconoce. Sus propios autores subrayan además que la mejora de la densidad se produjo a nivel celular, por lo que difícilmente sería apreciable a simple vista.

Y matizan otros resultados: junto al aumento de densidad y renovación celular, la elasticidad de la piel bajó ligeramente, la protección frente al daño oxidativo por radiación ultravioleta no mejoró y un marcador directo de síntesis de colágeno (el procolágeno tipo I) no se incrementó, lo que sugiere que el efecto sobre el colágeno podría ser sutil.

Hay un matiz más, ya que, dado que el organismo no almacena vitamina C, lo que cuenta es tomarla de forma regular y no en grandes dosis puntuales. Y el kiwi no es la única opción: el equipo apunta que otros alimentos ricos en esta vitamina —cítricos, frutos rojos, pimientos o brócoli— probablemente aporten beneficios similares. El kiwi, en definitiva, es una vía cómoda y barata de cuidar la piel desde el plato, no una crema milagrosa.