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Empezar la residencia MIR implica asumir responsabilidades, enfrentarse a situaciones clínicas desconocidas y aprender a tomar decisiones en un entorno en el que las dudas forman parte del proceso. En ese contexto, contar con médicos adjuntos y tutores a los que recurrir puede marcar la diferencia durante los primeros años de formación. Así, un dermatólogo ha compartido en X una reflexión sobre la relación que mantiene con los residentes más jóvenes y la confianza que estos depositan en los especialistas con mayor experiencia.

"Es tremendamente bonito que los R1 vengan a consultarte sus problemas e inquietudes y pedirte consejo y que los R2 sean prudentes y pidan ayuda para valorar urgencias y acepten recomendaciones para su actividad asistencial", ha señalado. Su publicación pone el foco tanto en la actitud de los residentes como en el papel de los profesionales que los acompañan. Pedir ayuda, consultar una decisión o compartir una preocupación no se plantea como una muestra de inseguridad, sino como una parte esencial del aprendizaje y de la práctica asistencial.

Apoyo de adjuntos y tutores MIR

La reflexión ha recibido el respaldo de otros médicos, que han recordado que los actuales adjuntos también atravesaron una etapa marcada por las dudas y el temor a equivocarse, por lo que es importante que no se olviden de cómo empezaron. "Y que los médicos adjuntos y tutores recuerden cuando eran ellos los que tenían dudas y miedos... Hoy por ti, mañana por mí", ha respondido otro profesional. Un comentario que incide en la necesidad de conservar la perspectiva una vez superados los primeros años de ejercicio. La experiencia permite resolver situaciones con mayor seguridad, pero también puede servir para acompañar a quienes todavía están desarrollando esa autonomía. "Es maravilloso. Tienen como referente a un gran profesional", ha afirmado otro médico.

Esta necesidad de acompañamiento durante los primeros meses de residencia fue destacada recientemente por varios adjuntos consultados por Redacción Médica. Entre sus principales recomendaciones para los R1 figuraban dejarse guiar por los profesionales con más experiencia, mantener una actitud humilde, observar con atención y avanzar mediante un trabajo constante "de hormiguita". También reconocían que, cuando comenzaron su propia etapa MIR, compartían inquietudes similares: afrontar las primeras guardias, adaptarse a un entorno desconocido, trasladar los conocimientos teóricos a la práctica clínica o no cumplir con las expectativas del Servicio.